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OpiniónEnfoque diferencial

No somos nadie

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JUN 2016

El viernes acabó la campaña electoral en España, y como todo lo que acaba bien (básicamente porque acaba, no porque haya sido un éxito), los integrantes de los partidos gustan de inmortalizar ese momento con una foto de familia para la posteridad.

En estas generales he visto unas cuantas fotos de esas tomadas por los periodistas que han acompañado a los diversos líderes políticos en su periplo nacional. Muchos redactores, algún escolta, jefes de prensa y personal vario del partido. Como mucho algún cámara y un fotógrafo (por no decir ninguno). Qué paradójico resulta que, cuanta más importancia tiene la imagen, menos la tiene el que sabe hacerla. Y el otro día uno se extrañaba de que en una foto de grupo todos los retratados salieran bien. ¿A lo mejor es porque la ha hecho un fotógrafo?

En estas elecciones los fotógrafos han estado ahí, por supuesto. Algunos de forma más voluntariosa que otros, pero al final han estado allí donde eran necesarios, allí donde dicen que se iba a hacer historia, allí donde había un momento que inmortalizar. Y así ha ocurrido, que a fuerza de estar fotógrafos en todas partes tenemos esas icónicas imágenes de campaña que pasarán a los libros de histo… un momento: ¿de verdad ha habido fotos históricas esta campaña? Pues no.

Los fotógrafos ya se sabe que nos alimentamos de las historias que contamos y pagamos la luz con las experiencias vividas

Siempre se han tenido las elecciones como una fecha histórica. Son días o semanas donde los líderes políticos bajan a la arena a tocar a los mortales, y lejos de las alfombras y los despachos se prestan a grandes imágenes del todo irrepetibles. Pero en España no ha sido así.

La televisión tiene todas las preferencias -cosa que entiendo- para los partidos, y cuando los fotógrafos piden algo hay que sudar, luchar, rogar, suplicar y confiar en la suerte para sacar adelante la idea que uno tiene en la cabeza para esa foto “refrescante y diferente” que le ha pedido el jefe.

Un repaso rápido a las imágenes de esta campaña nos deja sin duda un regusto televisivo. Los candidatos han preferido las televisiones (incluso los canales de YouTube) a los actos para el papel. Y es lógico. La televisión sigue teniendo muchísimo tirón, y solo en campaña se atreven a hacer el ganso en programas de corte humorístico. Tú dile a un político que se ponga a hablar con hormigas de trapo o que imite a una ardilla (o lo que sea que fuera aquello que hizo Pablo Iglesias) delante de una cámara de televisión, que lo hará. Dile que haga lo mismo delante de una cámara de fotos.

Es ese no sé qué que tiene la fotografía, que como no se le pueden poner audímetros pues se piensa que es lo de menos. Tal vez sea porque los fotógrafos no contamos con la figura del productor, ese tipo que tiene los números de teléfono adecuados, que no llama al político sino a su gente. Ese tipo que le dice a un tercero: “Eh, mira qué idea tengo.” Y se la vende. Y el otro va y la compra. Tal vez ese sea el problema.

Porque que un fotógrafo tenga que esperar a un pianista en el hall de un hotel con un piano de juguete comprado en un chino literalmente tres minutos antes porque le han llamado hace diez para decirle que tiene una entrevista con ese tipo y que será portada al día siguiente, eso pasa más a menudo de lo que uno se piensa.

Miremos simplemente a San Sebastián y la exposición "La milla de la paz", con una organización que escupe a la cara a los profesionales que se dejan la vida -por desgracia literalmente- fotografiando las miserias del mundo. Cuando por fin alguien se da cuenta de que el trabajo que hacen estas personas es absolutamente increíble y que quieren utilizarlo, resulta –oh, sorpresa- que no hay dinero para ellos. Para todos los demás, sí, por supuesto, porque aquí a nadie se le ocurre dejar de pagar al electricista o decirle al que imprime los carteles que esto es altruista. Pero los fotógrafos ya se sabe: nos alimentamos de las historias que contamos y pagamos la luz con las experiencias vividas.

Sí, otra vez hablando de lo mismo de siempre. De lo mal que va todo, de lo triste que es ser fotógrafo y de por qué no me habré dedicado a otra cosa. No soy yo: es la maldita realidad que se esfuerza en recordarnos una y otra vez lo poco que valemos. O mejor dicho, lo poco que nos valoran.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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