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OpiniónContando píxeles

Mucho clic, poca foto

 
21
FEB 2011

Dicen los expertos en la materia que uno de los pilares de la desinformación es, paradójicamente, el exceso de información. Recibimos tantos datos a lo largo del día que la frontera entre lo sustancial y los detalles más absurdos y prescindibles se desvanece. Creemos saber tanto que en realidad no nos enteramos de nada.

Leía el otro día en los siempre interesantes flashazos que en Facebook ya hay colgados unos 60.000 millones de fotografías. Nada menos. Algo así como 1.666 millones de carretes de 36, para aquellos que con las grandes cifras se pierden con los euros y prefieren las pesetas.

Nos hemos convertido en recolectores de imágenes condenadas a ser olvidadas un segundo después de que suene el clic

Y esa estratosférica cifra es en realidad sólo un dato más. Habría que sumarle todas las imágenes almacenadas en Flickr y galerías similares, los cientos de instantáneas que comparten por minuto los viciosos de Twitter y las olvidadas en tarjetas y discos duros de aquellas vacaciones de 2003 en Benidorm.

Ruedan por el mundo más cámaras -en cualquiera de sus modalidades- que nunca, y jamás a lo largo de la historia se había producido tal cantidad de imágenes como ahora. Pero, más allá de los bonitos lemas altisonantes que siempre se mencionan al hablar de estos números (democratización de la fotografía y la información), ¿realmente somos mejores fotógrafos ahora que apretamos tanto el disparador?

Aunque las leyes de la probabilidad apunten en esa dirección, no estoy muy convencido. De hecho, a veces recuerdo aquel "no pienses, dispara" de Sony, y ese lema publicitario de hace más de cinco años resuena ahora como una especie de advertencia de hacia donde nos encaminábamos. Cuesta abajo y sin frenos, además.

Lo explicaba mucho mejor hace unas cuantas semanas el siempre delicado Arturo Pérez-Reverte: "Luego nos preguntan por lo que fotografiamos y se nos pone cara de escuchar una gilipollez. ¿Pues qué va a ser? El motorista que se ha partido el espinazo, la señora desmayada en la calle, el manifestante que rompe escaparates, la mancha de sangre en la acera. Lo de menos es averiguar las causas y las consecuencias."

Nos hemos convertido en recolectores de imágenes condenadas a ser olvidadas un segundo después de que suene el clic. Contagiados por ese estilo fresco, dinámico y tan cansino ya de "Callejeros", retratamos lo evidente para llevarnos la postal sin interesarnos por nada más.

Convertidos en enfermos crónicos de esta especie se síndrome de Diógenes fotográfico, acumulamos toneladas de archivos que encima luego seremos incapaces de situar o tal vez ni siquiera encontrar.

Sin el contexto que dan los periodistas y reporteros, esos miles de millones de fotos no son absolutamente nada

Decía el fotógrafo Michael Wolf -después de ganar una mención de honor en la última edición de los World Press Photo con su conceptual idea de fotografiar una pantalla con imágenes de Google Street View- que dentro de unos años existirá el oficio de mineros del disco duro: personas dedicadas exclusivamente a escarbar y buscar algo interesante que merezca ser rescatado de esa montaña de petabytes que vamos creando día a día.

Somos la generación que más profusamente está documentando su paso por la historia, y curiosamente nadie tiene muy clara la fórmula para asegurarse de que todo esto perdure y pueda ser rescatado dentro de un tiempo.

Es como esa instantánea que estamos seguros de haber hecho pero no tenemos ni idea de dónde puede estar, o ese DVD repleto de fotografías que no hay manera de leer. Pero a lo bestia.

Precisamente por eso, en estos tiempos de bombardeo constante de información e imágenes la figura del periodista y el reportero es más esencial que nunca. El contexto es lo que importa, resume el maestro Gabilondo. Sin él, esos miles de millones de fotos no son absolutamente nada.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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