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OpiniónEnfoque diferencial

Miedo a lo desconocido

 
13
DIC 2010

Tomábamos café hace unos días varios fotógrafos de prensa tras un interesantísimo -ejem- pleno del Congreso. Entre cafés y tostadas, quien más quien menos esgrimía su PDA, su smartphone o su portátil para, mientras intentábamos mantener una conversación y desayunar a gusto, comenzar a transmitir las fotografías recién tomadas para subirlas a las redacciones lo más pronto posible.

Y como siempre ocurre, cada vez que un fotógrafo tiene un chisme con pantalla y conexión a Internet cerca, los vaciles varios y pavoneos de web propia saltaron a la primera. Sin embargo, aquel día ocurrió algo inaudito: nadie enseño sus fotografías; todos enseñaron sus vídeos.

Yo, que siempre había dicho que el desembarco del vídeo en las SLR era un error, me pregunto ahora si no me había cerrado demasiado en banda

Eran vídeos sencillos. Una sesión de maquillaje, un "making off" de unas fotos, un simple paseo. Pero tenían su encanto. Los desenfoques, la nitidez, el "bokeh"... esos pequeños detalles que, hasta ahora, no podíamos obtener con una cámara de vídeo doméstica empezaron a seducirme.

Así que, ahí estaba yo, quien siempre dijo que fotógrafo es el que hace fotos, quien aseguró que el desembarco del vídeo en las SLR era un error. Ahí estaba pensando si realmente me había cerrado tanto en banda que no apreciaba las ventajas de una nueva herramienta para los fotógrafos. Durante unos minutos tuve la sensación de estar viviendo a principios del siglo pasado, cuando la gente continuaba viajando en tren porque volar era cosa de pájaros.

No albergo duda de que la llegada del vídeo a las cámaras réflex es -en el plano estrictamente profesional- una gran bofetada a los fotógrafos de prensa: carga con doble trabajo a estos últimos y quita parte de trabajo a los operadores de vídeo. Sin embargo, empiezo a pensar que no es tan mala idea.

El problema es el de siempre: que algo bueno se utiliza para fines -digamos- no tan buenos, y la gente le coge ojeriza. Cuando veo a algunos de mis compañeros cargar a todas horas con la cámara, tres objetivos, un flash, el portátil, un pequeño trípode y micros, e incluso con una pequeña luz continua, veo a gente explotada, enormes profesionales que no pueden decir que no a una información. Con la que está cayendo, no estamos como para ir rechazando encargos.

Veo a compañeros cargando a todas horas con la cámara, tres objetivos, el portátil, micros, una pequeña luz continua... y veo a gente explotada

Ahora mismo, la situación es confusa. Por un lado, tenemos a fotógrafos que aprenden a ser operadores de cámara a base del prueba-y-error, y por otro, a jefes que siguen pensando que grabar un vídeo es como sacar una foto, y se olvidan de que el tiempo de posproducción no es el mismo para una imagen fija que para unos cuantos minutos de imagen en movimiento.

Tal vez todo esto se haya complicado porque los de marketing no han sabido vendernos el producto. Quien sabe si nos hemos puesto la venda antes de sufrir la herida. O quizás simplemente hemos reaccionado como toda criatura ante lo desconocido: rechazando la novedad. Sea cual sea la razón, lo evidente es que el vídeo, mal que nos pese a muchos fotógrafos, no va a ser flor de un día.

Y aunque soy el primero en sufrir ese pesar y ese temor a la consolidación del vídeo en las SLR, me doy cuenta de que al final no va a ser para tanto. Cuando, dentro de unos meses, algunos -léase los jefes- tomen conciencia de que hacer fotos no es lo mismo que grabar vídeo, que editar fotos no es lo mismo que editar vídeo, que el lenguaje visual de una fotografía no es igual que el lenguaje visual de un vídeo, que los conocimientos necesarios para grabar fotos no son necesariamente los mismos que hacen falta para grabar vídeo... ese día igual hasta cogemos nuestra máquina réflex, esa que graba vídeo, y con la misma sonrisa que ponemos cuando disparamos un fotograma, dispararemos 24.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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