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OpiniónEnfoque diferencial

Mi futuro en sus manos

 
8
JUL 2013

Una semana más -debe ser la maldita crisis- los círculos fotográficos se han llenado de comentarios sobre lo mal que estamos. La columna que firmé hace quince días algo tuvo que ver en eso de espolear a los que se enervan cuando asisten como espectadores a casos de trabajo regalado y constatan que el amiguismo -ya ni siquiera enchufe- permite a "personas con cámara" hacer de fotógrafo.

Una de estas discusiones tenía como eje central a una joven fotógrafa que se ofertaba con sesiones de fotos a 20 euros. Edición y originales incluidos. Y lo que no sé si es peor pero sí más triste: las fotos no estaban nada mal. No se trataba de un caso de "persona con cámara" que malvende fotos porque su trabajo no vale más, sino de una fotógrafa de verdad con aparentemente poca consideración por su trabajo.

Recibió muchas críticas. Me alegra decir que la mayoría constructivas, pero en el fondo había poca ayuda. Decirle a alguien que está malvendiendo su trabajo es algo que nunca está de más si es cierto, pero repetirlo machaconamente cien veces no ayuda. Y eso, ayuda, es lo que esta fotógrafa necesitaba.

No me refiero a darle lecciones gratis de diafragmas y obturación. Necesitaba orientación profesional, que alguien le hablase de fotógrafo a fotógrafo y le hiciese entender que sacarse 200 o 300 euros puede funcionar cuando tienes 20 años, pero que no mucho después hay que empezar a pensar en las cuatro cifras o cambiar de profesión, porque en esto de las cámaras los gastos se miden en miles, no en cientos.

En los fotógrafos veteranos está la responsabilidad de servir de faro a los que empiezan en el extenso páramo que es el mundo laboral en tiempos de crisis

Pero no. Como en muchas otras cosas, en Internet uno se crece y puede criticar todo lo criticable (¡llegando incluso a escribir columnas y todo!), pero a la hora de arrimar el hombro todos nos volvemos sordos. Es cierto que desgraciadamente la mayoría no dispone de tiempo que invertir en enseñar a las nuevas ovejas descarriadas por dónde continúa el camino de baldosas amarillas, pero si no ponemos un cauce lo normal es que el agua vaya por donde mejor le parezca.

Hace algún tiempo tuve un trabajo de los de una vez en la vida. Eran tres intensas jornadas con un muy buen sueldo. Tres jornadas muy intensas. Sopesé avisar a otro fotógrafo para que me ayudase, pero al final no lo hice.

Me dije a mí mismo que no era necesario, que yo solo podía con todo. Y al final pude, en efecto, pero si completé el trabajo con éxito fue porque la suerte tuvo mucho que ver. En mi fuero interno sabía que si no había llamado a alguien era por dos razones: quería todo el dinero y no quería que nadie más conociese al cliente.

El tiempo y la estabilidad económica -sí, soy de esos suertudos que cobran puntualmente un par de días después de firmar la factura- me han enseñado que en los fotógrafos que ya podemos llamarnos veteranos está la responsabilidad de servir de faro a los que empiezan en este extenso páramo que es el mundo laboral en tiempos de crisis.

Del mismo modo que un padre se esfuerza por encauzar a sus hijos, los veteranos -fotógrafos o de otra profesión- deberíamos abrirnos un poco más. En lugar de decir aquello de "eh, novato, a mí nadie me regaló nada", es momento de decir "eh, novato, voy a regalarte lo que no me regalaron a mí para que tus comienzos no sean tan duros como los míos".

Cuando empecé como profesional mis compañeros nunca me negaron una ayuda. Recuerdo con especial satisfacción cómo los ya jubilados me cogían -a veces literalmente de la mano- para explicarme cómo se hacían las cosas y porque a veces la teoría poco tenía que ver con la verdad.

Los que ya llevamos tiempo en esto miramos con rencor a los que empiezan porque tememos que nos quiten el puesto. Ya va siendo hora de que los miremos como los que nos pagarán la pensión. Los nuevos fotógrafos tienen en sus manos el futuro de los viejos.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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