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OpiniónEnfoque diferencial

Y del burro se bajó

 
24
AGO 2009

A la espera de recibir la carta de prestaciones de las nuevas SLR de Canon de inminente -suponemos- presentación, reconozco que la recién nacida Canon PowerShot G11 me ha llamado poderosamente la atención. Y no precisamente por lo que incluye, sino por lo que deja de incluir.

No soy el único, desde luego: somos muchos los que abrimos los ojos como platos cuando repasábamos las especificaciones detalladas. ¿Un sensor de resolución menor que el incorporado en el modelo anterior?

Con la Canon G11 nos llegan indicios de que el departamento técnico puede ganarle el pulso al de marketing

Los primeros pasos los habían dado ya compañías como Nikon, quien despacito y en silencio metió "sólo" 12 megapíxeles en el captor de fotograma completo de la D3 (la D2X, colocaba esos mismos megapíxeles en un sensor de tamaño APS-C) y Panasonic, que puso frenazo puntualmente a la imparable cuenta ascendente de megapíxeles en su Lumix DMC-LX3.

Aunque los más adictos a esto de la fotografía llevamos clamando por una reducción de píxeles durante años, desde Canon nos vuelven a llegar indicios -confiemos en que no sea flor de un día- de que el departamento técnico puede ganarle el pulso al de marketing.

Si repasamos someramente la línea evolutiva del mercado fotográfico digital, constataremos que más o menos todos los atributos de los equipos han ido evolucionando en beneficio del usuario: pantallas más grandes, teles más largos, angulares más cortos, baterías más duraderas... Son éstos detalles que el usuario pedía (y necesitaba).

Sin embargo, la resolución ha seguido un camino diferente: llegó un momento en que el usuario no pedía más (y tampoco lo necesitaba), pero no importó: las firmas prosiguieron con su hemorragia de píxeles. Según parece, una magnitud cuantificable con un número alto vende mejor.

Lo paradójico del aumento de la resolución es que ofrecía más problemas reales que beneficios -más ruido electrónico en la imagen y, en no pocas ocasiones, menor detalle-, pero el usuario novel casi siempre se dejaba embaucar por las campañas publicitarias y el socorrido "más es mejor" que nos han machacado a fuego en el subconsciente.

El ruido, ese incómodo invitado a la fiesta, ha sido el gran tema tabú para las firmas fotográficas

El ruido, ese incómodo invitado a la fiesta, ha sido el gran tema tabú para las firmas fotográficas. No se puede cuantificar así como así, y su ausencia no es una virtud de la que puedan sacarse réditos comerciales fácilmente. Había que elegir: brindar imágenes más limpias (léase con menos ruido) a costa de un menor impacto publicitario u ofrecer más megapíxeles (y más ruido) a cambio de poder poner un 10 bien grande (o un 12 o un 14) a doble página en las publicaciones del sector. Imaginen la respuesta.

Pero, como decíamos al principio, la G11 aparece ahora como una llamada a la cordura fotográfica en un mundo consumista dominado por el índice de ventas y cuyos apologistas no sabían salir del "más nuevo y más grande" que proclamaban algunos viejos anuncios del siglo pasado.

Dicho todo esto sin haber aún probado la cámara. ¿Saben qué temo? Que al final el nivel de ruido no sea tan contenido como deseamos y el resto de marcas nos den una paternal colleja diciendo "te lo advertí". Al menos alguien parece que se ha bajado del burro. Esperemos que no lo haya hecho sólo para cambiar la silla.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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