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OpiniónEnfoque diferencial

Desconocidos hasta la muerte

 
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MAY 2011

Manu Brabo sigue preso. Detenido. Secuestrado. Hospedado. Da igual como lo llamemos. La situación es la misma: este fotoperiodista asturiano está sin libertad de movimiento desde que la policía de Muamar el Gadafi lo detuviera hace poco más de un mes en Libia, donde permanece retenido en una prisión militar de Trípoli. Brabo no puede trabajar, no puede contar al mundo lo que está pasando. ¿A alguien le sonaba el nombre de Manu Brabo antes de su secuestro?

Excepto la Asociación de Fotoperiodistas Asturianos y a última hora la Asociación Española de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión, las voces que han pedido que se ponga fin a esta detención ilegal apenas si han tenido eco más allá de las redacciones de los medios de comunicación. Como mucho, algún diputado se lo ha recordado al gobierno español.

Los fotoperiodistas nos convertimos en imprescindibles personas humanas sólo cuando nos secuestran, nos hieren o nos matan

Pero no nos engañemos: no es que a la oposición le importe Manu Brabo, no. Es sólo un cartucho más en la escopeta preparada para atizar al que tiene la sartén por el mango. Y que no se me ofenda nadie, que si el color político de la oposición fuera otro, harían exactamente lo mismo.

Me molesta el uso torticero que se hace de los fotoperiodistas en apuros. Nosotros, los fotógrafos, que aparentemente sólo somos un intermediario etéreo entre un lugar de conflicto y el papel de periódico durante el día a día, nos convertimos en imprescindibles personas humanas cuando nos secuestran, nos hieren o nos matan. Sólo en esas ocasiones.

En las tertulias se comentan las columnas de opinión de tal o cual diario, se exponen los reportajes de tal o cual redactor... pero cuando se comenta una foto, ¿se cita a su autor? Pocas veces, muy pocas. Como si esa imagen se hubiera materializado espontáneamente en la portada. El hecho de que los propios periódicos no firmen las fotografías con el nombre de los fotógrafos -cosa que ha estado haciendo El País durante años con los fotógrafos que no eran de plantilla- es un síntoma inequívoco de lo mal que nos va.

Hace poco, también en Libia, murieron dos grandes fotoperiodistas: Tim Hetherington y Chris Hondros. Seguro que casi todos hemos visto sus fotos, pero pocos sabían el más mínimo detalle de su dilatada trayectoria detrás de la cámara hasta el día que se dejaron la vida mientras trabajaban.

Cuando un soldado, un policía o un bombero muere en un acto de servicio se le rinden honores y realizan actos -normalmente merecidos- de homenaje. Cuando un fotoperiodista muere en zona de guerra no faltan los que aseguran que "sabía a lo que iba" o que "nadie le obligaba a estar allí".

Una fuerza hostil le impide a Manu Brabo trabajar, y hay poca gente que esté dispuesta a mover un dedo para que eso cambie

Aunque hoy día las redes sociales, YouTube y Twitter están cambiando el concepto de información, los fotoperiodistas siguen siendo necesarios. Es absolutamente imprescindible que en todo conflicto bélico haya un par de ojos imparciales que den testimonio gráfico de lo que allí ocurre, un testimonio despojado de matices ideológicos, de consideraciones previas e incluso de sentimientos. Los reporteros gráficos van, ven y callan. O así deberían -en mi opinión- hacerlo.

Y en el fondo ese es el problema: que vamos, volvemos y callamos. Decimos con fotografías y vídeos lo que tenemos que decir y no vamos de tertulia en tertulia lanzando soflamas partidistas ni a los periódicos a escribir columnas de opinión sesgando información en pro de nuestros intereses. Tal vez por eso -e insisto en lo de tal vez- somos los grandes ignorados: porque realizamos nuestro trabajo, y punto.

A Manu Brabo no le conozco personalmente. Tenemos amigos comunes y sabía de su trabajo por comentarios de colegas de profesión. Pero más allá de esto, lo realmente importante es que Brabo es un fotoperiodista que se fue a miles de kilómetros de su casa a trabajar, que una fuerza hostil le impide hacerlo y que hay poca gente que esté dispuesta a mover un dedo para que eso cambie.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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