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OpiniónEnfoque diferencial

¿Lo haría?

 
25
ABR 2011

Siempre que paso por alguna tienda de fotografía recolecto folletos publicitarios. Tantos como puedo. Antaño era casi como un deporte. En las "quedadas" con fotógrafos hacíamos intercambios y presumíamos de nuestras adquisiciones. Por un lado estábamos los pobres, que presumíamos de panfletos en los que se anunciaban flamantes cámaras para bolsillos holgados. Por el otro estábamos -sí, yo estaba en ambos bandos- los más "frikis", que habíamos amasado publicidad de cámaras -digámoslo así- raritas.

La mayoría de esos catálogos son ahora mismo papel reciclado. Alguno guardo, eso sí. Me gusta ver de vez en cuando cómo era la fotografía de los noventa, y aún sonrío cuando redescubro en cada folleto (y en el del año siguiente y el otro y el otro) que siempre se habla de máximas calidades, máximas nitideces y demás magnitudes, todas ellas en grado máximo. Es como los detergentes, que todos lavan más blanco que el resto.

De un tiempo a esta parte, en esto de la publicidad fotográfica se ha ido popularizando el tirar de "famosos" fotógrafos para vender un producto. Y no necesariamente de Salgados, sino simplemente de buenos fotógrafos, aunque carezcan de la fama interplanetaria de aquél. Esos anuncios son un poco de risa, y lo son todavía más cuando uno conoce al protagonista del publirreportaje.

Hay profesionales que cubren de honores a cámaras que han tocado durante apenas media hora

No se me tiren al cuello aún. Me parece genial que un tipo que sabe de lo que habla hable de lo que sabe, pero hay veces que el marketing, mezclado tal vez con el dinero, hace extraños compañeros de cama que pronuncian no menos que extraños monólogos acerca de las calidades fotográficas de tal producto. Monólogos, muchas veces, del todo increíbles.

No voy a decir ni nombres ni marcas, desde luego, pero he visto profesionales cubriendo de honores a cámaras que han tocado durante apenas media hora o que ni siquiera han tocado. Que venga el famosillo de tres al cuarto a decir que tal bebida es la releche, de acuerdo; ya estamos acostumbrados y sabemos que no es verdad. Pero que un profesional de la imagen lance piropos a discreción para alabar ciertos productos... eso ya es otra cosa.

A diferencia del futbolista que ensalza el aroma de un perfume, en el tema fotográfico no hablamos exclusivamente de gustos subjetivos, sino de cualidades mesurables que tarde o temprano alguien plasmará en un análisis técnico. Cuando un gurú fotográfico dice que tal modelo es la panacea del disparo sin ruido y luego resulta que no es así, no es la marca quien sufre las consecuencias de la mentirijilla (a fin de cuentas, nadie espera que los tipos de marketing conspiren contra sí mismos), sino la reputación del fotógrafo, que es quien pone su experiencia y reputación como avales de la calidad del producto.

Pero que no cunda la histeria, que servidor es proclive a ponerse del lado de los tremendistas "conspiranoicos" y seguramente nada de esto es tan grave. En realidad, el planteamiento de los publicistas debe ser tan simple como preguntarse: "Por cierto, ¿qué fotógrafo usa nuestras cámaras? Fulanito. Pues pregúntale a Fulanito que si quiere salir en un anuncio."

Y en el fondo, la razón última de toda esta letanía es que a mí no me han llamado para esto. Puede que sea porque no me caso con nadie o porque he lanzado exabruptos contra todas las marcas fotográficas que se han dignado a invitarme a sus presentaciones (gracias una vez más, por cierto). O simplemente sea porque, contrariamente a lo que mi ego dice, no soy nadie.

Pero, ¿saben qué? En el fondo me alegro, porque si como fotógrafo -que no como periodista técnico de este medio- me plantaran un enorme fajo de euros delante de las narices para salir en un anuncio proclamando las virtudes de un producto... ¿lo haría?

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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