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OpiniónContando píxeles

Siempre nos quedará Colonia

 
24
SEP 2012

La niebla se arrastraba sobre el puente de hierro que cruza el Rin. Un tren lo atravesaba en aquel momento, rumbo a la estación central de Colonia. Sonaba -o eso parecía desde allí- como las hélices de un avión a punto de despegar en una película en blanco y negro. Los cientos de candados que tantas parejas habían ido dejando allí a lo largo de los años interpretaban la improvisada banda sonora de la escena.

La noche era cerrada y la niebla tan densa que apenas se distinguía nada. Pero cuenta la leyenda que, apoyadas sobre la barandilla del puente, justo a medio camino entre las dos orillas, una Leica M9 se abotonaba la gabardina y con voz grave le decía a una preciosa compacta: "Si ese segmento despega y no estás en él, lo lamentarás. Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana. Pero más tarde, toda la vida."

Pero yo te quiero, intentó responder ella. La luz de otro tren la iluminó. Estaba realmente hermosa con aquel vestido de color negro mate y un pañuelo anudado en su pequeño objetivo. Si las cámaras llorasen, se podría decir que de su flash estaba a punto de escurrirse una lágrima.

Vendrán otras M, olvidarán que una vez perdimos guerras con Capa y Taro y que no tuvimos pantalla ni vídeo

Él la abrazó entre su correa (de genuina piel, por supuesto) antes de continuar. Tu sitio está al lado de él, de ese teléfono y su sistema operativo, su Instagram y su GPS. Le costó, pero finalmente se contuvo y omitió lo de "maldito" antes de mencionar al dichoso móvil.

El futuro es vuestro, continuó. Ya no hay sitio para mí en este mundo. Vendrán otras M, sin apellido ni memoria. Olvidarán que una vez perdimos guerras junto a Capa y Taro. Y no tuvimos pantalla. Ni vídeo (se estremeció al pensar en esa posibilidad). Olvidarán incluso que sus abuelos usaban una palanca para arrastrar la película.

La película, repitió intentando poner su mejor media sonrisa de tipo seductor. De cámara seductora de la vieja escuela, mejor dicho. Recordó las Polaroid que se habían hecho juntos y tuvo que subirse el cuello de la gabardina y apartar un poco la mirada para aguantar el tipo. Las Leica M no lloran, maldita sea. Eso es cosa de las Lomo.

Siempre nos quedará Colonia, dijo volviendo al guión. Da igual lo que ocurra. Esta ciudad y su Photokina siempre serán nuestras. Sólo aquí es posible encontrar una tienda de fotografía incrustada en los muros de una catedral. Y una exposición del World Press Photo en la estación de tren. Y los adoquines de una plaza cubiertos de un mosaico de instantáneas. Y mujeres en bicicleta con una preciosa SX70 colgada al cuello... Carraspeó al notar el gesto serio de ella cuando mencionó aquella belleza.

Una barcaza repleta de carbón surcaba el río bajo el puente en aquel momento. Tal vez sea que siempre me gustaron las ciudades partidas por un río, prosiguió, pero si hay un lugar en el mundo que huele a fotografía, es éste. Seguían besándose cuando las campanas de la catedral les recordaron que era demasiado tarde, que la feria había terminado. Se alejaron cada uno hacia su orilla.

Se juró que no miraría hacia atrás, pero lo hizo justo cuando ella también volvía su objetivo. Maldijo en aquel momento no tener un zoom. Ella siguió caminando hacia aquel tren que no podía perder. Él, rumbo a la barra de algún bar.

Al piano Sam(sung) tocaba otra vez una vieja melodía. Tampoco había sido una buena noche para la Hasselblad Lunar, que bebía sola en aquel mismo garito. Unos payasos han estado riéndose de ella, le explicó el barman, y lleva horas repitiendo que nadie la entiende.

Iba a acercarse y decir aquello del principio de una gran amistad cuando vio cómo la miraba el camarero. Sin duda tenían un plan mejor que aguantar sus penas. Recordó entonces que nunca le había gustado el final de "Casablanca" y -mientras corría hacia la estación- que Rick era un idiota por dejarla ir. Y que Ilsa en realidad no se apellidaba Laszlo.

Después de todo tampoco me quedaría mal eso del Wi-Fi, pensó al verla al final de uno de los andenes. Un tren se perdía en el horizonte.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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