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OpiniónEnfoque diferencial

La parte contratante

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ENE 2014

Si alguien se ha dejado caer estos días por una tienda fotográfica o gran superficie que venda estos productos tal vez haya tenido una sensación de déjà vu. Un recuerdo fabricado que asocia lo que vemos con algo que ya conocimos, un diálogo de besugos entre un dependiente y un cliente que cambia la parte contratante de la primera parte por el objetivo intercambiable de la cámara compacta sin espejo.

Será la edad, pero ya me cuesta tener un esquema ordenado en mi cabeza con los cuerpos, objetivos y sistemas que hoy día inundan el mercado. Qué tiempos aquellos cuando nuestra máxima preocupación era asegurarnos de que ese objetivo que tanto nos gustaba serviría para nuestra cámara de sensor pequeño, o si aquella compacta que nos quitaba el sueño podría arrejuntarse con nuestro viejo flash.

Ahora tenemos cámaras réflex con una montura, cuerpos sin espejo con otra, nuevos sistemas que nacen como setas, acoples para el móvil e incluso objetivos-cámara. Incluso quien sabe lo que quiere puede sentirse abrumado por tanta variedad. Y para quien lo único que sabe es que quiere una cámara, adentrarse en el mundo fotográfico puede convertirse en su particular infierno. Porque ya no basta con que una óptica sea de la misma marca que la cámara para garantizar que sean totalmente compatibles entre sí.

Lejos de la estandarización, el mercado fotográfico ha desembocado en un enorme galimatías donde cada uno apunta para un lugar distinto

Me río –por no llorar- cuando me piden consejo para una cámara y al preguntar que para que la quieren contestan que “para hacer fotos”. En parte es comprensible. Cuando pido consejo por un teléfono yo también soy de los que dice “para llamar”. Pero la inmensa mayoría de la gente no diferencia -ni le interesa lo más mínimo- una SLR de una bridge, y mucho menos de una cámara sin espejo.

Las tarjetas SmartMedia cayeron en el camino, no triunfó como algunos vaticinaron el sensor Foveon, el sistema Cuatro Tercios parece relegado al olvido, las compactas de gama baja tienen un futuro –y un presente- muy negro, y los sensores de tamaño APS-H empiezan a convertirse en el tipo feo del baile en la fiesta de las SLR.

Que la universalización de sistemas es lo mejor lo demuestra algo tan simple como el cargador de un teléfono móvil. Pero parece que hay quienes no quieren darse por enterados. Lejos de la estandarización, el mercado fotográfico ha desembocado en un enorme galimatías donde cada uno apunta hacia un lugar distinto. El intento -ya lejano- de Kodak y Olympus por “promover la uniformidad entre las monturas […] de las cámaras SLR digitales para profesionales” suena casi a mal chiste. A duras penas se está logrando que algo tan básico como el cargador de un teléfono móvil se estandarice como para unificar todo un sistema fotográfico.

Hace unos años nos habría parecido inconcebible este boom de sistemas. Acostumbrados a que Nikon y Canon dominasen prácticamente por completo el mercado de ópticas intercambiables, resulta curioso ver cómo hemos aceptado que, ahora, sean tantas las marcas que ofrecen su propio sistema -o sistemas- de objetivos para cámaras sin o con espejo.

Y no es que esta abundancia de opciones sea algo negativo per se. Seguramente todo lo contrario, pero uno está ya tan escaldado de ver grandes lanzamientos cargados de promesas que con el tiempo acaban en el fondo del cubo de la basura, que si tuviera que lanzarme a esta nueva ola digital difícilmente me atrevería a apostar nada por una montura recién nacida a la que aún le faltan unos cuantos metros por llegar a la orilla del mar. Un mar, el fotográfico, con corrientes cambiantes y depredadores al acecho.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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