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OpiniónContando píxeles

Pequeña guía de modernez fotográfica

 
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MAY 2013

Basta un paseo por Brick Lane -una zona de lo más "cool" en el este de Londres- para comprender que uno jamás conseguirá el carné de "hipster" por mucha camisa de cuadros, gafas de pasta e intento de barba que le eche al asunto.

Así que de regreso a la cruda realidad y a este lugar con ínfulas de modernez chancletera que es Barcelona, nada mejor para superar el síndrome de la boina calada que perfeccionar algunos de los rasgos que definen a esta tribu de modernos. Que no seamos modernos no significa que no podamos intentar parecerlo, ¿no?

Y en esta misión estamos de suerte porque la fotografía está de moda. O mejor dicho, lucir cámara, porque las fotos son lo de menos. Mucho mejor así. No hace falta que seamos buenos fotógrafos: bastará con elegir el modelo correcto para poder mantener un poco mejor la pose.

Aunque hasta hace poco bastaba con llenar nuestra cuenta de Instagram con fotos de hamburguesas y "gin-tonics", hace ya tiempo que esto también se ha convertido en una vulgaridad al alcance de cualquiera. Incluso de los que tienen un teléfono con Android. Auténtico "mainstream", que es como se dice en plan bien eso de que "tú antes molabas" o "ese grupo se ha vuelto muy comercial". Y no, EyeEm tampoco funciona, por mucho que ellos se crean más especiales.

Así que nada de conformarse con el móvil. Para pasar por modernos en versión fotográfica necesitaremos una cámara. Pero... ¿hay cámaras para modernos? Por supuesto. De hecho en estos tiempos de crisis y caídas en picado no está de más descubrir que existe esta categoría y que, además, está en auge.

"Para parecer modernos no hace falta que seamos buenos fotógrafos: bastará con elegir la cámara correcta para poder mantener un poco mejor la pose"

La clave es llamar la atención. Por exceso o por defecto, da igual. Con el modelo más discreto y elegante del mercado o con una "lomo" de colorines, pero el caso es centrar todas las miradas en esa cámara que, por supuesto, llevaremos colgada al cuello. A ser posible con una funda y correa de piel, que eso siempre puntúa doble.

Cuidado, eso sí, con las cámaras "lomo", porque desde que las venden en todas partes corremos el riesgo de confiarnos y quedar como unos pardillos cualesquiera. "¿Una 'lomo'? Ah, sí... esto se llevaba hace unos años." Seguro que algo así resonará unas cuantas veces este verano en los Primavera Sound de turno para humillación de quienes pensaron que con una Diana o una Sardina bastaba para ser los más guays de la fiesta.

De todos modos, la apuesta por una cámara de carrete de hace unos cuantos años es siempre una buena idea. Se encuentran a buen precio y en realidad da igual si funciona o no. Seamos sinceros: no la llevas ahí colgada para hacer fotos, ni tienes la mínima intención de acercarte a una tienda a revelar el carrete.

Además, así evitaremos ese incómodo momento en el que alguien nos pide ver las fotos que hemos sacado y descubre que o no existen o son un churro. La media sonrisa y el gesto condescendiente al decir "no, es que esto es una cámara analógica" es el orgasmo de la modernez fotográfica.

Pero vamos a suponer que no todo es pose y queremos tirar alguna foto. Y que no estamos dispuestos a pagar una pequeña fortuna por una Polaroid y uno de nuestros riñones por las cargas de The Impossible Project. Una lástima querer ser moderno y ser pobre, amigo.

En digital la idea es la misma: ir a los extremos. O una cámara negra y sin virguerías o algo que a Agatha Ruiz de la Prada le parezca excesivo. O algo Lo-Fi (cámaras de juguete, pésima calidad pero acabados y formas divertidas) o algo que al mismísimo Fontcuberta le animara a dejarse de tonterías posfotográficas y ponerse a disparar.

O la ya mítica Harinezumi o una de las Fujifilm X, por ir a lo fácil. Y es que el visor de esta gama de aspecto retro de Fujifilm facilita- -nunca mejor dicho- el perfecto "postureo" fotográfico.

En realidad cualquier compacta un poco cuadriculada, no demasiado pequeña -se tiene que ver, recuerda- negra y de apariencia austera nos sirve. Las Canon G, las Nikon P, una Panasonic Lumix LX... sí, están bien, pero hay que tener en cuenta que si además se trata de un modelo y una marca un tanto desconocidas, el éxito será mayor. Sigma DP, Ricoh GR o Pentax Q nos garantizan un índice de modernez fotográfica que ronda el 90%.

Sea cual sea nuestra elección final, cualquiera de ellas será el complemento ideal para colarnos en el concierto del grupo "indi" del momento. Al menos hasta que aparezcan en el anuncio cervecero del verano y dejen de molar, claro.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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