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OpiniónContando píxeles

Camaradicción

 
15
JUL 2013

Necesito esa cámara. Que levante la mano el que nunca haya conjugado este verbo para convencer a alguien o a sí mismo de que su futuro como fotógrafo o incluso el devenir de este arte dependían exclusivamente de tener entre las manos una cámara concreta. No es que la quiera. No es un capricho. No es una más para la colección ni algo que me vendría bien. Simplemente es que la necesito. Así, con todas las letras.

Es una situación bastante habitual entre los aficionados a la fotografía -y supongo que entre los aficionados a cualquier cosa- y que puede acabar con la VISA hecha unos zorros encima del mostrador. Aunque normalmente lo que pasa es que, tras recordar que somos pobres, acabamos poniendo cara de desprecio y preguntando en voz alta quién demonios necesita una Leica M o una Sony RX1. O una RX1R, mejor.

Pero, como ocurre con muchas otras manías y pasiones, la cosa tiene cierta gracia hasta que descubres que se la ha bautizado con un nombre que no suena demasiado simpático: síndrome de adquisición de aparatos (GAS, del inglés Gear Acquisition Syndrome).

Un concepto del que se habla desde hace años tanto en el mundo de la fotografía como en otros sectores, pero que ha resurgido de la mano de Olivier Duong, un fotógrafo que lleva unos días de catarsis pública sobre su adicción a comprarse cámaras y que ha vuelto a poner el tema en los titulares y los foros.

"No recuerdo cuántas cámaras tengo, lo único que sé es que no las necesito todas", confiesa el fotógrafo Olivier Duong como resumen de su singular adicción

"No recuerdo cuántas cámaras tengo, lo único que sé es que no las necesito todas", confiesa Duong como resumen de esta singular adicción. No es una forma de hablar, porque realmente la lista de modelos por los que confiesa haber pasado este fotógrafo es como para hacérselo mirar. Desde una Nikon D80, a una Samsung NX -sí, fue él el que se compró una de esas- pasando por una Pen de Olympus por aquello de lo retro. La lista sigue con las Fujifilm X100 y X-Pro1, un montón de compactas de película, una Fujifilm de 6 x 9, cámaras técnicas... y como prueba definitiva de su enfermedad, agárrense: una Sigma DP1.

Todo ello -explica Duong- con el consiguiente baile de compras y ventas de equipo y dejándose por el camino miles de dólares y una colección de material que apenas llegaba a usar. Porque nada más tener la cámara descubría que no era exactamente lo que buscaba, que se le había quedado pequeña y que con otro modelo sería mucho mejor fotógrafo. Seguro que a todos nos suena de un modo u otro familiar.

Aunque el tono y la gravedad que le da al tema tratándolo como una adicción podría ser discutible, lo cierto es que la argumentación es bastante incuestionable. Sobre todo cuando se habla de esa especie de voz interior que nos va dando razones que justifican fundirse otros 500 o 1.000 euros en una cámara. En otra cámara.

Lo nuevo es mejor. Voy a ser más feliz. Todo el mundo usa esa nueva cámara. Conseguiré ser mejor fotógrafo. Me sienta muy bien. Mentiras de esas que todos nos hemos dicho y creído alguna vez y que Duong considera un síntoma inequívoco de los yonquis de las cámaras.

Pero que no cunda el pánico, hipocondriacos. La buena noticia es que, en su relato, el bueno de Olivier también da algunos consejos para salir de esta espiral.

Suena un poco grave, pero, efectivamente, lo primero es reconocerlo y después algo tan sencillo como ponerle un poco de sentido común al asunto. Cuanto más equipo se tiene, menos te preocupas por aprender a explotar las posibilidades de cada una de las cámaras y sobre todo por hacer fotos. No hay mejor manera de no sacar una puñetera buena foto que ir con tres cámaras encima. Menos es más, en plan Coco Chanel fotográfica. Nada que no supiéramos, ¿verdad?

Así que no desesperen si se reconocen entre los enfermos de este síndrome tan del Primer Mundo y tan de "mira qué aburridos estamos". Es un paso. Mientras esperamos que en una de esas macabras maniobras del "marketing" Duong acabe protagonizando la campaña de alguna firma fotográfica, sólo tienen que buscar su club local más cercano de GAS Anónimos y apuntarse a la próxima reunión.

Hola, soy Iker y hace años que no me compro una cámara porque me dedico a probarlas. A veces lloro al devolverlas, pero por lo demás estoy bien. Lo puedo dejar cuando quiera. De verdad.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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