Opinión

Fotos gratis

 
21
JUN 2010

Tal vez a estas alturas ya no debería sorprendernos. Internet se ha convertido en un interminable archivo de imágenes que algunos -directores de periódicos y agencias de publicidad, entre otros- consideran su particular bufé libre y gratuito.

En los últimos años las polémicas suscitadas en torno a este delicado asunto se cuentan por docenas. Algunas, sin embargo, adquieren especial relevancia no sólo porque están implicadas instituciones de cierta envergadura, sino por la poca vergüenza e ineptitud demostrada por sus responsables.

Sin ir más lejos, esta misma semana hemos tenido dos ejemplos de manual. Para empezar, Correos decide tomar prestada la fotografía de una mariposa para estampar un nuevo sello, para sorpresa e indignación del autor de la foto, que ni había autorizado nada ni había visto un duro. Revuelo mediático y negociación mediante seguro que finalmente el error no le sale barato a esta empresa pública.

Internet se ha convertido en un interminable archivo de imágenes que algunos consideran su particular bufé libre y gratuito

Pocas horas después, otra fotógrafa asegura que el Instituto Cervantes ha usado una fotografía suya para un anuncio on-line publicado en 2007 por su sede de Londres.

Para añadir un poco más de morbo al asunto, esta institución depende del Ministerio de Cultura, y por extensión, Ángeles González Sinde, la ministra más querida en Internet tras la conocida ley sobre derechos de autor, es su máxima responsable.

Aunque el asunto con la ministra en medio tiene su gracia, mejor dejemos para otro día el polémico tema de las descargas ilegales, el todo gratis y demás, que ya hay demasiado listo subiéndose a este carro para, aprovechando los odios que despierta la SGAE, autoproclamarse líder libertario de la cosa internáutica.

Pero la situación de la fotografía es bastante menos glamurosa; no da para reuniones en las altas esferas ni para grandes manifiestos. Salvo los autores de más renombre, cualquier profesional o aficionado que muestre sus obras parece expuesto a que algún listo decida ahorrarse la factura del fotógrafo o del banco de imágenes.

Y claro, no es lo mismo que alguien se haga un fondo de escritorio con el paisaje que fulanito hizo en vacaciones y que colgó en Flickr, que se use una foto tuya para un sello de Correos. Por la cara y sin dar ni las gracias.

Tampoco es nada nuevo el miedo a colgar fotografías en la red por si acaban siendo utilizadas para fines comerciales. Por eso algunos optan por ponerlas a resoluciones minúsculas, colocar marcas de agua por todas partes o, sencillamente, no exponerlas.

Recuerdo que hace tiempo se solía bromear con el tema. "Tranquilo -se decían unos a otros-, que nadie va a robarte una foto. Qué más quisieras tú." Pero está claro que, o mucho han cambiado las cosas, o sencillamente ahora trascienden casos de los que antes ni siquiera nos enterábamos.

Puede que algunos consideren un tanto exagerada esta polémica. Claro que da rabia que usen una foto tuya sin ni siquiera consultarlo, pero no negarán que la autoestima también se alimenta de cosas como ésta. Ya me imagino la siguiente campaña de Nike con mis espectaculares tomas de la Sagrada Familia...

Lo que más asusta es esa falta de respeto por el trabajo de los que aprietan el obturador o aporrean el teclado

Pero, visto desde un punto de vista profesional, la cosa tiene menos gracia. De hecho, la apropiación indebida de una foto o su uso por parte del iluminado de turno -que también hace falta tener pocas luces para creer que el asunto no va a acabar por conocerse- es sólo una anécdota. La punta de un iceberg mucho más preocupante.

Todos esos casos no hacen sino poner sobre la mesa la pregunta que desde hace tiempo planea en el sector periodístico y fotográfico, en eterna crisis existencial y ahora laboral: ¿por qué pagar si ahí fuera hay un montón de contenidos y fotografías aparentemente gratuitas? ¿Para qué contratar a alguien si hay tanta gente aparentemente dispuesta a ejercer de improvisados periodistas y fotógrafos ciudadanos?

No faltarán quienes se echen las manos a la cabeza con la historia del Instituto Cervantes o el ya famoso sello y al minuto siguiente se dediquen a "homenajear" un texto ajeno que han encontrado en sus RSS de blogger profesional. O los que echen mano de algún buscador de imágenes para ilustrar su próximo artículo.

Eso es lo que más asusta. El tufillo que emana de todas estas historias y el futuro que parecen querer dibujar. La falta de respeto por el trabajo de los que aprietan el obturador o aporrean el teclado.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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