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OpiniónEnfoque diferencial

El derecho al fallo

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9
JUN 2014

Noticia bomba: el rey abdica. Que un rey abdique es noticia, es historia. Más en este país, donde nadie abandona su cargo si no es engrilletado y mediante orden judicial. Y por supuesto, cualquier hecho relevante tiene su foto. Y si de lo que se trata es de ver al rey entregando al presidente del gobierno los papeles en los que anuncia su intención de dejar el puesto a otro, desde luego que hay foto. Aunque sea una foto muy mala.

Se quejaba de ello el fotoperiodista David Airob en su blog. Según cuenta, la Casa Real distribuyó tres fotos del momento histórico, una de las cuales clama al cielo por su pésima calidad. Si ya viéndola en pequeño se aprecian detalles que chirrían, a tamaño real es un cúmulo de despropósitos: brillos del flash, sombras horribles, un color cuestionable… y lo peor de todo, los dos sujetos –el rey y el presidente en un momento histórico, repito- desenfocados porque el foco está puesto en los estantes del fondo.

rey juan carlos i mariano rajoy
Foto: Casa Real de S.M. el Rey

La única foto del histórico momento en que el rey saluda a Rajoy tras confirmarle su abdicación es un cúmulo de despropósitos

Es una de esas fotos feas que a veces salen -las otras dos tampoco son ninguna maravilla- y que inmediatamente se borran. El problema ha llegado cuando ese momento era irrepetible y tan importante que en la disyuntiva de tener foto -aunque fuera totalmente desechable- de un momento histórico o no tenerla, alguien con mando decidió que era mejor tenerla.

Desconozco la identidad del fotógrafo que hizo esa foto, aunque muchos tenemos una idea aproximada de quién puede ser. Y no es un mal fotógrafo; todo lo contrario. El hecho es que, pese a atesorar una gran experiencia, a veces se cometen errores.

No me canso de leer que de una sesión de centenares fotos se salvan apenas diez (antes decíamos que nos dábamos por satisfechos sacando una foto buena por carrete). Pero hay veces que se hacen cinco fotos y las cinco deben ser perfectas. Ocurre en casos como éste.

Obviamente no estuve presente, pero he estado en situaciones similares y créanme que a veces parece que hay una competición por ver quién entorpece más al fotógrafo.

Lo habitual en estos casos suele ser llegar a una sala, esperar y cuando llega el protagonista pasar al mismo tiempo para hacer la foto. Y en esos escasos tres segundos hay que elegir sensibilidad, obturación, diafragma, focal, balance de blancos y encuadre. Y luego enfocar y disparar. Hay veces que la experiencia ya le permite a uno llevar los deberes hechos, pero no me parece descabellado suponer que por muy de la casa que uno sea, fotos en el despacho del rey de España no se hacen muchas (no, esto no es la Casa Blanca).

Y llegados a este punto, la pregunta del millón: ¿tiene un fotógrafo profesional derecho a fallar? Respuesta corta, sí. Respuesta larga, no con un pero. Y es que una cosa es fallar porque uno es torpe, poco hábil o directamente un negado, y otra es fallar cuando vas esquivando zancadillas y escupitajos.

¿Alguien se imagina sugiriéndole al fontanero “oiga, yo creo que eso ya está bien apretado”? ¿O al peluquero “corta pero por delante no te pongas”? Eso es lo habitual en el fotoperiodismo de actualidad. Se trabaja en condiciones límite de preparación y luego pasa que uno se olvida de rebotar el flash al techo o cambiar el punto de enfoque del centro a la esquina. Si no te dejan ver la sala y su iluminación, si no te avisan si vas a estar cerca o lejos, si solo te dan diez segundos para hacer una foto… ¿cómo pretenden que no fallemos?

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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