• Respeto
  • Envidiémosle
OpiniónEnfoque diferencial

El ariete

6
27
OCT 2014

La fotografía periodística es una profesión golosa. Si de la policía nos quedamos con las persecuciones, los tiroteos en los que solo mueren los malos y el beso con la afligida rehén rescatada (tópicos de manual en las películas del género), con los fotoperiodistas existe la percepción de que entramos gratis al fútbol, vamos a conciertos por la cara y fotografiamos en sitios exclusivos sin tener que hacer cola.

A muchos les gustaría estar en nuestro pellejo en los buenos momentos (porque nunca nadie me ha dicho todavía: “Una guardia de ocho horas frente a la Audiencia Nacional en pleno noviembre… ¡qué envidia!”), pero eso no es posible. O al menos no debería serlo.

Para evitar que cualquiera se cuele en sitios donde solo la prensa debe estar existen las acreditaciones. Y contrariamente a lo que la mitología periodística o el imaginario colectivo llevan a pensar, un carné de prensa no significa nada en el 99% de los casos. Las acreditaciones consisten en una solicitud que cursa alguien con mando en un medio de comunicación para avisar al organizador o autoridad de turno de que va a enviar a fulanito de tal a cubrir esa información para su medio.

Por supuesto hay excepciones. Cuando uno lleva unos cuantos años visitando día sí y día también sedes de partidos políticos, ministerios o instituciones, no es del todo raro que le conozcan y le permitan pasar simplemente dejando constancia por escrito de ello. Claro que hay ciertos actos en los que uno puede colarse como si tal cosa -mención obligatoria al pequeño Nicolás-, pero no es nada habitual.

Ahora resulta que los fotógrafos somos el ariete con el que el cuarto poder golpea a sus enemigos, dejando que nos mellemos mientras ellos escapan del jaleo de punta en blanco

Las acreditaciones son en cierto modo una garantía para los fotoperiodistas. Evitan, por ejemplo, que se cuelen al lugar amigos de lo ajeno o fotógrafos a secas -si se me permite la etiqueta-, de esos que no van a trabajar y que molestan involuntariamente a los que sí están trabajando. También evita que se cuelen fans, molestos en este caso porque se creen que aquello es una fiesta.

Pero resulta que nos hemos vuelto vagos. Y ocurre que, a veces, el responsable de un medio deja de acreditar a un fotógrafo porque confía en que la autoridad le conoce y le va a dejar pasar. Y al final ocurre lo previsible. Ocurre que un nuevo partido político organiza un encuentro, ocurre que el partido se toma en serio lo de estar o no acreditado y ocurre que a un fotoperiodista no le dejan entrar. Y ocurre que, ¡oh, sorpresa!, su medio se vuelca con la causa, contando a todo aquel que quiere oírlo que a su fotógrafo le trataron mal.

Dejando al margen los detalles sobre este caso concreto, no pasaré por alto la sospechosa rapidez con que un medio de comunicación -un periódico, para más señas- que no mueve un dedo cuando la policía nos agrede, que no rechista cuando nos roban una foto, que no se queja cuando nos obligan a trabajar literalmente en el suelo, ese medio de comunicación y otros no dudan en hacernos suyos y vendernos como el fotógrafo del periódico tal o la revista cual para poder atacar a quien convenga en ese momento.

Y lo mismo pasa con diputados, columnistas y tertulianos. Resulta gracioso -si no fuera triste- ver cómo los que siempre nos ningunean ahora nos defienden.

Lo peor, como siempre, no es que eso ocurra, sino que otros fotoperiodistas accedan a dejarse utilizar por un medio de comunicación o se quejen de que a un profesional no le hayan permitido acceder a un lugar por no estar acreditado cuando día y sí y día también ponemos el grito en el cielo por la cantidad de intrusos, fans, moscones y gente molesta en general que encontramos mientras –insisto- trabajamos.

Si no era suficiente con ser el último mono, con que nos despreciaran, con que no valorasen nuestro trabajo, con que tengamos que hacer frente a una renovación de equipo casi constante a precios prohibitivos, ahora resulta que también somos el ariete con el que el llamado cuarto poder golpea a sus enemigos, dejando que nosotros nos mellemos mientras ellos escapan del jaleo de punta en blanco. Y que no se nos ocurra quejarnos.

Cualquier fotoperiodista que haya estado con los reyes sabe que la Casa Real es absolutamente inflexible. Si mandas la acreditación tarde, no pasas; si no vas con traje a Palacio, no pasas; si no estás a la hora, no pasas. ¿Se ha quejado alguna vez algún medio de comunicación porque la Casa Real haya denegado la entrada a su fotógrafo no acreditado a uno de sus actos?

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

6
Comentarios
Cargando comentarios