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OpiniónEnfoque diferencial

Es la presión

 
11
FEB 2013

El mismo día que recibía en mi correo información sobre un manifiesto para la dignificación del fotoperiodismo me encontraba yo a las puertas de la Fiscalía Especial Anticorrupción, en Madrid, mientras varios agentes de la Policía Nacional se afanaban en colocar unas vallas para organizar el pequeño caos que el circo mediático provoca allí donde aparece.

Uno de estos policías nos conminó a retroceder "más atrás, que es mejor", para añadir luego que "si lo sé yo, que también soy fotógrafo". Por más que a los pocos segundos añadiese la coletilla "aficionado", tal vez por la mirada que intuyo debí echarle, la gracieta ya estaba hecha. Peor aún, no era una gracia: lo decía en serio.

No es para tanto, dirán algunos. Y no estarán del todo equivocados. Fotografiar a una persona que sale de un taxi y se mete en un edificio no es tan difícil, claro que no. Probablemente sea tan simple como quedarse quieto delante de una valla y soltar un "soy policía". Pero no se trata esta vez de recuperar de nuevo aquello de "hacer fotos no te hace fotógrafo", sino ir un paso mas allá.

En todas las profesiones hay una parte -digamos- técnica y otra más psicológica. Llevando el ejemplo al extremo, cualquiera podría bajar una palanca y ejecutar una sentencia de muerte, pero afortunadamente no todos estamos psicológicamente preparados para hacerlo. Nervios, sentimientos de culpa, estrés, presión social. Son muchos los condicionantes que pueden tirar por tierra un ejercicio que, despojado de su necesario trasfondo moral, sería de lo más sencillo. Por eso lo de "yo hago fotos ergo soy fotógrafo" es para un fotoperiodista un lema tan ridículo como decir "yo juego al 'Guitar Hero', llévame a un estadio que ya verás cómo pongo al público en pie".

¿Habría podido ese policía-fotógrafo hacer mi trabajo sabiendo que sólo tenía una oportunidad y cinco segundos?

Cuando ya llevaba un tiempo en esto de darle al obturador decidí que fotografiar el Congreso de los Diputados estaba bien, pero que también tenía que ir a un campo de fútbol, por aquello del reciclaje profesional. Estuve un par de meses visitando el estadio para practicar, saber dónde me tenía que poner, qué hacer si fallaba el ordenador, cómo trabajar si se ponía a llover... todos esos pequeños detalles que no te explican pero que también están.

Cuando me creí preparado di el paso y fui a cubrir un partido para una agencia. Y créanme: fue un auténtico caos. Se me iba el foco, me sudaban las manos, no acertaba a conectar el FTP. Hasta se me olvidó cómo se ajustaba un monopié.

Era la presión. Saber que tenía una decena de diarios internacionales esperando mi foto, que había un jefe preparado para criticar hasta el último desenfoque y que encima tenía que competir con auténticos hachas de la foto deportiva con cientos de partidos a sus espaldas pudo conmigo.

¿Habría podido ese policía-fotógrafo hacer mi trabajo sabiendo que su foto la estarían esperando los portadistas y que la verían las más altas instituciones del Estado? ¿Habría trabajado cómodo sabiendo que sólo tenía una oportunidad y cinco segundos? ¿Habría conseguido encuadrar y enfocar en condiciones teniendo codos por todas partes, cámaras de tele intentando hacerse un hueco y manos policiales tapando no se sabe muy bien qué?

Intentamos dignificar el fotoperiodismo, pero cada día que pasa nos encontramos con obstáculos para hacerlo. Convencer al mundo de que la de fotoperiodista es una profesión es la batalla de cada día, pero por momentos estamos perdiendo la guerra.

Leía hace poco la recopilación de bromas, chascarrillos y comentarios varios recogidos en Limited Pictures que, en relación con este asunto, publicaron. Comentan lo gracioso que sería ir al aeropuerto con tu coche y ofrecer carreras gratis al más puro estilo Taxistas Sin Fronteras, o pedirle a tu amigo el cocinero que se lleve los cacharros a tu boda por si el "catering" no convence.

Gracioso, sí, tanto como triste. Suele pasar que en el fotoperiodismo todos nos den lecciones, que los que empiezan no paguen impuestos porque precisamente están empezando, que cualquiera se permita el lujo de cuestionar nuestra profesionalidad o que algunos se pongan su ego por montera al afirmar que fotografiar su evento nos dará caché. Es normal, pero no debería serlo.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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