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OpiniónContando píxeles

En pie, fotográfica legión

 
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MAY 2011

Con el permiso de El Corte Inglés y su Día de la Madre y la beatificación de Juan Pablo II, como cada primero de mayo ayer tocaba celebrar -aunque fuera en un segundo o tercer plano informativo- el Día Internacional de los Trabajadores. Claro que celebrar no sea posiblemente el verbo más adecuado teniendo en cuenta la que está cayendo.

Con casi cinco millones de personas en el paro, la economía -la de los "pringaos" de siempre, se entiende- hecha unos zorros, y los derechos sociales caminando a buen ritmo hacia los niveles de los cuentos de Dickens, lo cierto es cada cual tiene su propia lista de quejas, agravios y argumentos más que suficientes para sacar a pasear a Mademoiselle Guillotine. O al menos arrancar un par de adoquines para ver si sigue estando debajo la arena de la playa o han aprovechado el hueco para esconder billetes de 500 euros.

Si ganarse la vida con la fotografía siempre ha sido difícil, pretenderlo ahora es como buscar un constructor honrado en Benidorm

Y en este panorama el oficio de periodista y fotógrafo no es una excepción. En el mundo de los plumillas las reducciones de plantilla, las jubilaciones anticipadas y en general las escabechinas en la redacción hace ya mucho tiempo que son algo habitual.

Cuenta la leyenda que hace unos años era habitual -cruzo los dedos para que lo siga siendo en algunos sitios- contratar y pagar a la gente que se dedicaba a escribir y llenar papeles o pantallas. Pero con la crisis -la de verdad y la que ha servido de escusa para soltar lastre- y el invento del periodismo 2.0 pretender que te paguen por darle a la tecla es una especie de utopía en muchos chiringuitos que se hacen llamar medios de comunicación.

Pero como decía el otro día el compañero Eduardo Parra -que de condiciones laborales de los fotoperiodistas sabe un rato- siempre hay alguien que está peor. Si ganarse la vida con la fotografía siempre ha sido difícil, pretenderlo ahora es como buscar un constructor honrado en Benidorm: requiere una gran dosis de paciencia y optimismo.

El problema es que incluso en los tiempos en que los periódicos se ataban con longanizas y los ayuntamientos estaban tan forrados que hasta podían contratar a un cuñado fotógrafo, los de la cámara ya eran los parias del oficio.

¿Pagar por una foto?, se pregunta la humanidad desde hace generaciones. Condenada la fotografía a ser un arte menor en el que sólo hay sitio para los autores consagrados y los tocados por la gracia de la fama, la suerte o el siempre recurrente arte conceptual que gana concursos y trinca subvenciones, al resto de profesionales sólo les queda sobrevivir y luchar contra la tan extendida idea de que, en realidad, cualquier puede hacer una foto. Y posiblemente sea cierto. El mérito es vivir de ello.

Así que la crisis ha sido la excusa que faltaba para que editores, diarios, revistas y demás se suban a este carro. Un estudio publicado hace tiempo por The Wall Street Journal situaba el trabajo de fotoperiodista en el puesto 189 de 200 al hablar de las mejores y peores profesiones del año 2010, lista en la que se valoraba el sueldo, las condiciones, la seguridad, el horario...

En una de las últimas ediciones de la Caja Azul -una genial iniciativa para debatir sobre este oficio- comentaban los ponentes que el periodismo y la fotografía documental se han convertido en una especie de "hobby". El único camino para muchos es buscar otro trabajo y aprovechar las vacaciones para dedicarse a escribir y fotografiar.

Colocarlo luego en algún medio ya es otro cantar. Al menos cobrando, porque por lo visto una de las últimas modas entre algunos editores es insinuar que no hay presupuesto para pagar reportajes, pero que siempre se puede buscar un hueco para colaboradores dispuestos a hacerlo por la cara.

Así que ya no es sólo una cuestión de condiciones salariales, sino de respeto por el trabajo.

El único camino para muchos periodistas y fotógrafos es buscar otro trabajo y aprovechar las vacaciones para escribir y fotografiar

Por mucho que la reciente muerte de los fotógrafos Tim Hetherington y Chris Hondros en la guerra de Libia ha vuelto a situar en los titulares a los reporteros de guerra, con toda su pátina de epopeya romántica la realidad es bastante más cruda.

Sin ir más lejos, el fotógrafo Manu Brabo hace semanas que permanece retenido en ese país del norte de África, sin que por ello haya merecido demasiada atención por parte de la prensa.

Porque una cosa es hablar de heroicos reporteros -normalmente cuando ya han muerto- y otra permitir que la gente pueda ganarse la vida a golpe de obturador, cubriendo la penúltima guerra antes de que sea olvidada o en el mucho más mundanal día a día de cualquier otro sector de esta profesión.

Así que no sé si lo que está en crisis es el periodismo y la fotografía o tan sólo los periodistas y fotógrafos. En cualquier caso, y con un día de retraso, sirva este insoportable discurso como reconocimiento a todos los que de uno u otro modo trabajan y viven gracias a sus fotos.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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