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OpiniónEnfoque diferencial

El enésimo intento de exprimir la gallina de los huevos de oro

 
9
AGO 2010

No me convence la fotografía 3D. Como es agosto y no hay tiempo que perder -o sí, pero tal vez no leyendo aburridas columnas de verano- lo digo en la primera frase y así pueden ahorrarse el resto. Si quieren saber el porqué de tan rotunda afirmación, sigan leyendo.

Hay muchas características y prestaciones fotográficas que, aunque nacieron como un reclamo y un argumento más de "marketing" que de otra cosa, se han convertido en compañeras inseparables de muchos fotógrafos aficionados. Hablo, por ejemplo, del reconocimiento facial o el modo de detección automática de escenas. Son propiedades que ya han amortizado su coste de I+D y que, por tanto, ya se han consolidado en el mercado. Ayudan al que no sabe y no estorban al que sí. Pero, sobre todo, no nos cuestan ni un euro (es un decir).

La tecnología 3D es una de esas prestaciones fotográficas que siguen los dictados de las tendencias

Pero hay otras características y prestaciones fotográficas que siguen los dictados de las tendencias sin que todavía esté claro si son realmente interesantes, útiles, efectivas y sobre todo baratas. La tecnología 3D es -a mi modo de ver- una de ellas.

Cámaras como las NEX-5 y NEX-3 de Sony ofrecen un modo de captura panorámica en 3D. Panasonic ya anunció que está trabajando en una óptica especial para sus Lumix G, y se espera que Fujifilm dé pronto el relevo a su FinePix Real 3D W1. Parece que lo tridimensional va a ser el nuevo argumento para vender.

La fotografía digital se convirtió a finales del siglo pasado en una gallina que ponía huevos de oro. Muchas marcas, muchísimas, se subieron a ese carro modificando sus estrategias comerciales porque el píxel rezumaba euros -o pesetas- como hacía mucho que no se veía. El tiempo les ha dado la razón, y aunque algunas compañías han caído en el camino, otras han logrado enderezar una maltrecha economía.

Muchas de estas marcas ven ahora que lo de la fotografía digital se está acabando, que ya no es un filón. Hoy todo el mundo te fabrica un sensor, le pone un cristal y lo remata todo con un mecanismo que permita disparar fotos. La fotografía digital por sí sola ya no vende. La gallina de los huevos de oro se está agotando, pero muchos se resisten a aceptarlo.

Como siempre digo, a lo mejor es cosa mía, que soy un carca fotográfico y hasta cierto punto me planto escéptico ante lo desconocido, pero insisto en que esto de la fotografía estereoscópica gusta un instante, un ratillo. Gusta cuando te lo enseñan en una feria o te lo dejan unos días para fardar un rato. Pero poca cosa más.

No veo yo a los jóvenes reuniéndose en torno al televisor para ver sus fotos 3D como antaño se hacía con los proyectores de diapositivas

No veo yo a los jóvenes y no tan jóvenes reuniéndose en torno al televisor -3D, por supuesto- para ver sus fotos 3D como las antiguas generaciones lo hacían con los proyectores de diapositivas. ¡Si ya nos cuesta ver las fotografías más allá del buzón de correo electrónico!

Cuando empezaron a comercializarse las primeras impresoras domésticas para fotos digitales las compañías se empeñaban en recuperar el espíritu del pasado, ese que nos invitaba a sentarnos en el sofá y pasarnos el álbum de fotos de mano en mano comentando el color de un vestido o cuestionando la pose del amigo de turno. Ya les digo yo que no lo lograron. Hay quien imprime, sí, pero el pasado no ha vuelto.

Y una de las razones es que vivimos en una sociedad con prisas, donde ya nadie o casi nadie -por desgracia- tiene tiempo para contemplar fotos mientras se toma un café. Ahora se mira una cuenta en Flickr o se descargan imágenes por e-mail. ¿Acaso alguien cree que vamos a disfrutar viendo fotografía 3D como antaño hacíamos con las diapositivas? Apuesto a que no. Si nos da pereza incluso descargar las fotos al ordenador, imagínense lo de sentarse frente al televisor y colocarse las gafas.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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