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OpiniónEnfoque diferencial

Nada más y nada menos que RAW

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ENE 2011

Época de Navidades: marejada de correos electrónicos pidiendo recomendación de cámara para ese amigo que quiere algo barato. Es lo que tiene trabajar en el mejor -permítanme el autobombo- medio especializado del sector. "Spam" aparte, este año -y también el anterior- he contestado a muchos con un "da igual" o "compra cualquiera". No es por pereza, no. Es porque hoy día comprarse una cámara de gama baja ya no es un ejercicio de tesis doctoral como lo era hace ocho años.

Antaño no había cámaras de gama baja. O mejor dicho, sí las había, pero las vendían como joyas "hi-tech" y las existencias no eran precisamente baratas. Había que afinar el tiro, no pagar ni una prestación de más ni escatimar un píxel de menos. Las cámaras de 2 megapíxeles a 500 euros eran el pan nuestro de cada día.

No existen compactas por menos de 150 euros con formato RAW

Hoy ya no. Uno puede irse al almacén de la esquina y comprar decentísimas compactas de 14 megapíxeles por menos de 100 euros. Si se rompen, se tiran sin mucho dolor de corazón. Prácticamente todas tienen prestaciones iguales, un nivel de calidad similar y un funcionamiento estandarizado. Hay cámaras para todos. Excepto para mí.

Este año había decidido jubilar mi vetusta compacta y comprar otra. Quería una cámara para llevar a todas partes, de esas que las puedes dejar en la moto; de esas que se te puedes olvidar en un bar; de esas, en resumen, que te sacan del apuro cuando no llevas la SLR encima y necesitas sacar una foto digna.

En el fondo soy como todos los consumidores, y mi primera intención fue tener una cámara mágica, de las que tienen un zoom de 16-400 milímetros y caben en la mano. Como aún no existía, decidí rebajar mis expectativas a algo más terrenal: un rango de zoom decente, buena sensibilidad, poco ruido, formato RAW y barata. No hubo mucho éxito.

Me propuse entonces analizar seriamente mis necesidades, y decidí que lo que necesitaba inexcusablemente era el citado formato RAW, un tamaño pequeño y un precio de no más de 150 euros. El resto era más o menos sacrificable. Pues resulta que eso no existe.

No soy ingeniero, así que no sé si es realmente tan difícil dotar de RAW a una cámara. Conocidos que dicen que saben me cuentan que no, que difícil no es. Jefecillos de algunas marcas me dicen que no lo ponen porque en gamas bajas el RAW no lo usa nadie (por supuesto, todo el mundo sabe que la detección de sonrisas o el modo de disparo bajo el agua son tremendamente utilizados) y no compensa.

La mayoría no añoran el formato RAW simplemente porque nunca lo han utilizado; es como las alas que jamás hemos disfrutado

Es curioso. Mira que llevamos ya tiempo diciendo que el RAW no es una opción, sino que debería ser una característica obligatoria casi como lo es el flash. Pero no: se nos resisten. Eso sí, meter chorradas de toda clase, valores ISO imposibles (por ruidosos), carcasas multicolores y menús de piruleta, sí, que eso no es útil, pero los tipos de marketing se chupan los dedos sólo de pensar en los anuncios que pueden inventarse con ello.

Lo del RAW, formidable herramienta fotográfica, es muy curioso. Muchísimos fotógrafos aficionados no lo utilizan, y algunos profesionales tampoco. La mayoría de los aficionados no lo añoran por la simple razón de que nunca lo han utilizado. Es como esas alas que nadie echa en falta porque jamás las hemos disfrutado. Visto así, no me extraña que sigamos sin compactas baratas con RAW.

Así que, aprovechando una vez más este rinconcito que se supone que algunos gerifaltes leen, una petición de año nuevo: que si quieren poner carcasas de colores, pónganlas; que si quieren vendernos la moto con menús de fantasía, nos dejamos; pero, venga, hágannos ese pequeño favor, que sólo pedimos nada más -pero nada menos- que un poco de RAW en nuestras compactas. Que no estamos como para gastarnos 500 euros sólo por el dichoso RAW.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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