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OpiniónEnfoque diferencial

El clásico

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28
OCT 2013

A buen seguro que este fin de semana habremos escuchado varios cientos de miles de comentarios acerca del famoso clásico futbolístico. Rivalidad entre dos equipos elevada a la máxima expresión para goce y disfrute de los aficionados, que aparte de deleitarse con los jugadores en el campo están encantados de asistir a sesudas discusiones sobre a quién perjudican más los árbitros o quién se tira más veces en el área rival.

En fotografía también tenemos nuestro clásico con sus peleas entre fanboys sobre qué visor era más grande, qué cámara tenía menos ruido o cuál enfocaba peor. O mejor dicho: teníamos. La rivalidad entre Canon y Nikon es hoy día casi tan interesante como la lucha entre las compactas de Werlisa y BenQ. Los dos grandes han estado tan ocupados midiéndose el tamaño de sus sensores que incluso los hooligans más recalcitrantes están empezando a entender que en la guerra de las marcas ni la mancha amarilla ni la roja mandan tanto como antaño.

Cierto, ambas marcas siguen teniendo un peso enorme en el mercado. Pero no es menos cierto que tan enfrascados estaban Nikon y Canon sacando más y más réflex, más y más compactas, que al final sectores emergentes como las cámaras sin espejo de óptica intercambiable o la telefonía móvil (donde se dice que Nikon espera meter baza dentro de poco) e incluso las pequeñas cámaras de acción les están restando el protagonismo que durante años se habían acostumbrado a ostentar.

Canon y Nikon han estado tan ocupadas midiéndose el tamaño de sus sensores que incluso los hooligans más recalcitrantes empiezan a entender que ya no mandan tanto como antaño

Conscientes o no, tanto en Nikon como en Canon no prestaron la suficiente atención a lo que se les venía encima, y cuando reaccionaron habían perdido una de las bazas fundamentales en cualquier contienda: golpear primero. Tan sólo hay que ver el repaso que hicimos en Quesabesde de las cámaras que marcaron 2012 para comprobar no sólo que la pelea de marcas ya no es cosa de dos, sino también que la principal atención mediática ya no se la lleva la mejor réflex digital.

La evolución técnica es hoy día tan grande que la calidad pura y dura de la fotografía generada por una cámara ya no es un elemento diferenciador. Que una cámara ofrezca fotos nítidas, de gran tamaño y sin ruido no es ahora una prestación: es ya una obligación que se espera que venga de serie en cualquier modelo mínimamente digno que se precie.

A pesar de la crisis vivimos una época dorada en lo que a evolución fotográfica se refiere. Y también en lo que a fotografiar se refiere. Por fin hemos abandonado unos años en los que el placer de fotografiar se había dejado de lado en pro de simplemente producir fotografías impecablemente nítidas.

No hay más que ver el éxito de cámaras como las Fujifilm de la serie X, las Olympus OM-D o cualquier NEX de Sony (o el revuelo montado por la Hasselblad Lunar) para darse cuenta de que ahora, como antes, además de presumir de fotos también podemos de presumir de cámara. Esto no significa que ese clásico del que hablábamos más arriba haya dejado de existir, y quién sabe si en pocos meses en lugar de poner en la balanza dos réflex digitales estemos hablando de la encarnizada lucha entre dos modelos sin espejo de Canon y Nikon.

Con una FM digital en ciernes y quizás dispuesta a hacer sombra a las recientes Sony A7 y A7R, lo único claro es que la carrera continúa aunque cambien los puestos de cabeza. Afortunadamente, en esta ocasión quienes salimos ganando somos los fotógrafos.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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