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OpiniónEnfoque diferencial

El experimento de la rana

 
12
SEP 2011

De acuerdo: puede que Japón no sea Europa ni Europa sea América. Pero el refranero es muy sabio, y algo inquietante dice acerca de las barbas del vecino. Que Nikon y Canon estén reculando en el mercado de ópticas intercambiables del país nipón, tal y como desvelabaun informe hecho público la semana pasada, es para sentarse tranquilamente a reflexionar qué demonios ocurre aquí. ¿Acaso estamos siendo testigos de esa vieja historia de gigantes tumbados en su trono que ignoran a las hormigas y no se dan cuenta de que les están devorando hasta que tienen el cuerpo cubierto de ellas?

Especialmente entregadas al público profesional, las dos firmas que hoy día -y durante los últimos años- se reparten el pastel mundial del mercado réflex dan por sentado que, si los profesionales eligen Canon o Nikon, los aficionados también lo harán. Sin embargo, puede que el gran público no se deje seducir por el mero hecho de que el último ganador del World Press Photo utilice tal o cual cámara. Puede que el fotógrafo de a pie esté interesado únicamente en hacerse con productos de calidad a precios asequibles.

Nikon y Canon están reculando en el mercado japonés de ópticas intercambiables, y eso invita a sentarse a reflexionar

Y en esas que alguien hace un informe y descubrimos, como si realmente fuera un secreto, que los gigantes empiezan a tener pies de barro. Su tarta profesional, la que da el prestigio, la tienen aún garantizada por un tiempo -no parece que el resto de marcas esté en disposición de dar guerra en este segmento-, pero a la base del pastel se están acercando ya demasiadas bocas.

Por supuesto esto puede ser positivo. Como vimos hace unos años, el aumento de la competencia en el terreno de las compactas generó un torrente de nuevos modelos y dio paso a un obligado "brainstorming" de nuevas ideas. Algunas demostraron ser frívolas; otras fueron interesantes apuestas adelantadas a su tiempo, y no pocas se convirtieron en prestaciones hoy día preceptivas en cualquier cámara, incluso para la más fea del baile. Ganaron con ello el público y la fotografía. Evidentemente, no había tarta para todos, y algunas marcas perecieron por el camino. Pero, oiga, es ley de vida.

Así las cosas, podemos especular con que nos encontramos a las puertas de una -esperamos- nueva revolución. Canon y Nikon, viendo como peligra su hegemonía profesional, lanzarán al mercado nuevos sistemas -de hecho, la segunda parece que está contando ya los días que faltan para hacerlo- a precios competitivos, y todos estaremos encantados con sus equipos de altísimas prestaciones a bajo precio. No me llamen iluso: es sencillamente que me hace ilusión.

Pero también puede ocurrir lo contrario. En el peor de los casos, Nikon y Canon se darían cuenta demasiado tarde (¿recuerdan la historia del gigante y las hormigas?) y empezarían a lanzar propuestas sin mucho sentido (algo que ya hemos visto con otros protagonistas y en otros momentos), en un último intento a la desesperada por salir de la olla.

Porque eso, en efecto, me recuerda al experimento de la rana (cruel experimento que en absoluto invito a realizar): póngase una olla con agua al fuego y espérese a que hierva; métase entonces una rana, y compruébese como ésta, escaldada, salta de la olla y escapa. Ahora repítase el proceso, pero métase la rana con el agua fría y déjese que hierva: la rana morirá hervida.

Quizás Nikon y Canon están ahora en esa olla. El citado informe es un hervor, una brusca subida de temperatura que, aunque puede que finalmente no sea nada, indica que algo va mal, que algo falla. Tal vez, y sólo tal vez, este aviso sirva para que los gigantes dejen de mirarse de reojo, a ver quién saca qué y cuándo, y miren un poco hacia abajo, no sea que se les estén subiendo a la chepa sin darse cuenta.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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