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Sin espejo (y sin manos, sin pies, sin dientes...)

 
6
AGO 2012

"Mira, mamá: sin manos." Algo así decía el chiste aquel del crío que aprendía a andar en bici y acababa sin dientes por pasarse de listo. Algo así ha ocurrido en éste, nuestro querido sector fotográfico. Han hecho falta casi cuatro años, pero finalmente todas y cada una de las principales firmas del mercado pueden entonar con orgullo un "mira, mamá: sin espejo".

Las Micro Cuatro Tercios fueron las primeras allá por el verano de 2008. Entonces quitar el espejo de una cámara de óptica intercambiable sonaba a locura. O a capricho japonés. O a soberana tontería, por mucho que tampoco éste fuera un invento relacionado directamente con esto de los píxeles. Porque, aunque se nos suele olvidar, cámaras compactas de objetivo intercambiable (Leica M, Contax G, Nikon S...) existían hace ya muchos años.

Hace unos días Canon decidió sumarse también a la fiesta y completar el círculo. Ya estamos todos. Con el permiso de Leica, que parece que tiene algo casi listo en la recámara, y Sigma, que dijo que ellos también querían aunque desde entonces nunca más se supo.

Tras mucho negarlo y ningunearlo Canon ha sucumbido a las cámaras de objetivo intercambiable sin espejo

Pero la noticia del momento es que, tras mucho negarlo y ningunearlo, Canon ha sucumbido a lo que desde hace años repiten algunos fijándose en los gráficos del mercado japonés. El futuro va por aquí. El futuro de este tipo de cámaras de objetivos de quita y pon es sin espejo.

En realidad no hace falta ser muy adivino para deducir que, efectivamente, el futuro será sin esos espejos réflex que suben y bajan haciendo ruido. Y sin visores que implican caros pentaprismas. Y sin obturadores con sus cortinillas. La mecánica cediendo paso a la electrónica. Qué gran novedad y alarde de futurología.

El caso es que la noticia del momento es esa Canon EOS M que ha llegado la última. ¿Con algo totalmente revolucionario fruto de un desarrollo de tanto años? ¿Con las lecciones bien aprendidas vistos los errores y correcciones de la competencia? ¿Un puñetazo encima de la mesa para dejar en evidencia al resto de jovenzuelos que, llevados por las prisas, quisieron ser los primeros sin preocuparse de los resultados? No parece que ése fuera el plan.

Porque, si nos ponemos la toga de abogados del diablo -nos sienta tan bien-, la Canon EOS M no deja de ser una Sony NEX con otra bayoneta, un cuerpo más grande y alguna que otra carencia clásica de las primeras generaciones. Y quien dice NEX dice Samsung NX, aunque en este caso primero habría que localizarlas en algún escaparate cercano. O las pioneras Micro Cuatro Tercios de Panasonic y Olympus, ahora que su sensor algo más pequeño ya rinde sin complejos.

No es que la EOS M sea una mala idea o vaya a ofrecer (ésta y las EOS M que vengan) malos resultados. Tras haberla probado un poco e incluso sin resultados que llevarnos a la lupa, podemos poner la mano en el fuego por ella: es rápida, sencilla, resultona (para gustos los colores)... y por la calidad no habrá que preocuparse demasiado teniendo en cuenta que su sensor es el mismo que el de la EOS 650D.

Pero tras las palmaditas en la espalda (dejemos eso para los medios y blogs a los que siempre les gusta todo), el tirón de orejas: ¿No hemos aprendido nada en cuatro años? ¿De verdad no hay nada que aportar a un segmento que en teoría iba a revolucionar la fotografía tal y como la conocemos y todavía está en ello cuatro años después?

La Canon EOS M no deja de ser una Sony NEX con otra bayoneta, un cuerpo más grande y alguna que otra carencia de las primeras generaciones

¿Una cámara sin flash ahora que las diminutas NEX han cambiado de opinión y le han hecho sitio? ¿Y sin posibilidad de visor electrónico? ¿Y ni conexión Wi-Fi para no dejar solas a las Samsung NX en esta aventura futurista e interconectada?

Sí, son detalles secundarios. Y estamos de acuerdo en que a la mayoría de usuarios les da absolutamente igual todas esas cuestiones que a nosotros nos quitan el sueño. ¿Es bonita? ¿Las fotos salen bien? A la bolsa. Y encima es Canon, que eso siempre vende.

Porque, pensándolo bien, el tirón de orejas podría ser colectivo. Tantos años, estudios de mercado y discursos altisonantes después, la mayoría de cámaras sin espejo aspiran a ser tan buenas como las réflex -ése es el lema de muchas- pero más pequeñas. O más clásicas y caras, si nos fijamos en sistemas como el OM-D de Olympus y la Fujifilm X-Pro1, que curiosamente son revolucionarias a base de tirar de viejas ideas y diseños.

Y es que somos así de bipolares. Pedimos originalidad y cambios drásticos y luego las cámaras que más pasión despiertan son las que imitan las líneas y los mandos de hace décadas. Exigimos algo que llame la atención para el titular de turno y nos rasgamos las vestiduras con esa Pentax K-01 que ha diseñado Marc Newson con todo el cariño y que, en fin, es diferente.

Acusamos a las CSC o EVIL o como se llamen de limitarse a ser las primas pequeñas de las SLR, pero nos ponemos de los nervios cuando Nikon apuesta por un captor mucho más pequeño y ofrece a cambio velocidades de vértigo. Y encima le señalamos con el dedo en plan listillos de la clase al recordarles que se han quedado solos en esa arriesgada apuesta. Y que lo tienen bastante difícil.

Somos así. Criticones. Cansinos. Tal vez sea que necesitamos unas vacaciones.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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