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OpiniónEnfoque diferencial

¿No quedamos en que la cámara no importaba?

 
13
FEB 2012

Una agencia española que organiza eventos para la prensa (estrenos de cine, fiestas y demás liturgias) lleva aplicando desde hace varias semanas una nueva política de acceso para fotógrafos: sólo entrarán a esos actos quienes lleven colgada al hombro una cámara profesional. La medida ha sido aplaudida por el colectivo de fotógrafos y supone un primer paso para frenar la invasión de los que dicen pertenecer a un medio de comunicación y no son más que fans con mucho morro y ganas de conseguir el autógrafo del famosete de turno.

Se preguntarán algunos -no faltos de razón- que si no sería más fácil pedir el carné de prensa. Pues sí, pero por desgracia en España no hay un carné único, y aquí el que no corre vuela en eso de la falsificación de documentos de acreditación. Ya sea por imposibilidad o por simple comodidad, es más fácil parar al que lleva la compacta que al que blande con convicción un documento de Jocomomolo Press.

Hace unos días, tras fotografiar a un importante actor español, regreso donde había dejado mi chaqueta y no sin cierta sorpresa me topo con un equipo de televisión con su trípode enorme (Manfrotto), su micro enorme (AKG), su reportera híper maquillada (muy mona), su operador de cámara (muy profesional)... y su iPhone 4 desenfundado y grabando a pleno rendimiento.

Si grabas en HD con un iPhone cosecharás más miradas de desaprobación que si lo haces con una enorme Betacam de hace diez años

A punto de ponerme las manos a la cabeza, un ataque de lucidez me hizo caer en la cuenta de que el vídeo del iPhone 4 (y 4s) no es para nada malo e incluso puede ser más solvente que el de las videocámaras obsoletas que muchos medios siguen empleando. Cuando más tarde les contaba a algunos de mis colegas esa anécdota la mayoría respondía con cara de póquer y una batería de argumentos que podrían resumirse en aquello del "burro grande".

Prácticamente todos los fotógrafos que he podido entrevistar durante los casi diez años que llevo trabajando para QUESABESDE.COM me han asegurado que lo realmente importante es el ojo de quien sostiene la cámara. La tecnología ayuda, por supuesto, pero bien saben los amantes de la fotografía que lo importante es el "camarero", no la cámara. O eso decían hasta ahora.

No hay nada más eficaz que verle las orejas al lobo para empezar a desprendernos de nuestras convicciones. Ahora resulta que si llevas una cámara pequeña no eres profesional, y que si grabas una entrevista en HD con un iPhone cosecharás más miradas de desaprobación que si lo haces con una Betacam -grande, grande- de hace diez años.

Me confesaba un fotógrafo hace unos días que, para lo que él hace, ya le vale la cámara del móvil. Y no lo decía en broma (lean si no las declaraciones de Borja García en este artículo). Servidor ha visto cómo fotos que había sacado con un móvil aparecían publicadas en los medios, y me sé de un informador que se ganó su contrato a base de pelotazos con una compacta.

Pese a que el miedo nos hace recelar ahora de aquellos que no empuñan una réflex -no vayan a ser piratas de la profesión que venden basura a cinco euros-, es el fotógrafo quien hace las fotos, y da igual si lleva encima seis mil euros en equipo o sesenta. Cartier-Bresson decía que la fotografía es colocar en el mismo eje cabeza, ojo y corazón; Capa afirmaba que el secreto para conseguir la mejor foto era estar lo bastante cerca. Ninguno de ellos añadió nunca la coletilla "siempre y cuando hagas la foto con una cámara enorme".

Posdata: estando en un museo, de visita, quise tomar una imagen con una Canon EOS 1000D. Rápidamente un empleado me invitó a que no lo hiciera, ya que el uso de equipos profesionales estaba prohibido en el recinto. Sí, yo también pensé lo mismo.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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