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OpiniónEnfoque diferencial

Haz lo que digo, no lo que hago

 
26
OCT 2009

Nunca he sido un gran aficionado a las exposiciones fotográficas. Puede que sea por pereza o porque no me gusta ir solo -y mis amistades tampoco son especialmente sensibles a estas cosas-, pero el caso es que no recuerdo ya cuándo fui por voluntad propia a una galería o un museo a ver fotografías.

Trabajando en QUESABESDE.COM he tenido que cambiar de mentalidad. Ahora voy a muchas de las exposiciones fotográficas que se organizan en Madrid. Algunas son espectaculares; otras, auténtica basura, y la mayoría son una colección de imágenes del montón que pasan el filtro gracias a un altisonante apellido o a algún patrocinador de amplios bolsillos.

Las malas exposiciones las suelo olvidar. Las grandes muestras las guardo en mi memoria... y encima puedo ir a verlas en horas de trabajo. Un chollo.

La última que vi, justo la semana pasada, versaba sobre la obra inédita de Agustí Centelles, fotoperiodista valenciano cuyo trabajo allá por los años 30 supone ahora un documento gráfico de valor incalculable.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
"Cuando fui a visitar la muestra de Agustí Centelles la semana pasada en Madrid no había ni un alma, y no es una excepción."

Fui a verla a primera hora de la tarde. Serían tal vez las cinco y media. No había nadie visitándola, así que esperé un rato a ver si aparecía algún ser vivo. Humano, preferentemente. No hubo suerte, y al final tuve que cubrir la exposición en solitario.

No es la excepción. Si quitamos las muestras organizadas bajo el paraguas de PHotoEspaña (aunque no todas), la mayor parte de las exposiciones fotográficas adolecen, o eso me parece a mí, de una cierta sequía de visitantes que empieza a ser alarmante.

Las pinacotecas, siempre llenas, aunque sea para ver el cuadro que llevamos cien años viendo. Las "fototecas", vacías.

Reconozco que una parte de este éxito de los lienzos lo tiene el hecho de que los cuadros, por su naturaleza, son piezas únicas con años de solera y con ese encanto que nos hace pensar "eh, que esto lo pintó un tal Velázquez hace la tira de tiempo, en ese lugar y con un rey delante".

Con las fotos, eso no pasa. Si es "histórica", tal vez nos haga reflexionar sobre el momento capturado, pero no sobre la foto como objeto. Vemos la imagen, pero no la distinguimos de esa misma foto en la pantalla de un ordenador.

La fotografía como objeto de exposición está herida de muerte, y la explosión del formato digital no ayuda

La fotografía como objeto de exposición en un espacio público está herida de muerte desde su concepción, y la explosión del formato digital no ayuda. Es difícil acudir a una exposición fotográfica y ver en cada copia de papel un documento histórico de valor incalculable. Lo que la mayoría ve es sólo la imagen, el momento, y eso, tal como me dijo un familiar, lo puedo ver buscando con Google.

Y es que, si nos ponemos un poco estrictos, ¿qué gracia tiene ir a un local, generalmente mal iluminado, a ver copias que en realidad podrían haberlas tirado en el laboratorio de la esquina la mañana anterior? ¿Qué gracia tiene ver copias que, hoy día, casi podría tirar yo en casa con una impresora fotográfica?

¿Qué futuro les espera a las exposiciones fotográficas? No soy conocedor de la trastienda diaria de una galería de arte, pero supongo -insisto en lo de suponer- que de hacer exposiciones no se vive.

En el fondo, tengo que reconocerlo, me contradigo a mí mismo. No soy gran amigo de las exposiciones, pero me apena que la gente no vaya a visitarlas. Empiezo a parecerme a mi padre, ese que cuando cruzaba por mitad de la carretera me decía: "Haz lo que digo, no lo que hago." En fin, visitad más exposiciones.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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