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OpiniónEnfoque diferencial

Aficionado, entusiasta, profesional

 
22
JUL 2013

Necesito una cámara, me decía una compañera hace pocos días mientras me mostraba la renqueante y literalmente hecha migas Canon EOS 5D que llevaba entre las manos. La siguiente pregunta era inevitable: ¿qué cámara me compro? Cuando empezamos a barajar opciones surgieron los cuerpos que inevitablemente están en el punto de mira de cualquier fotógrafo canonista (EOS 5D Mark III, EOS 7D, EOS 6D) y toda la cohorte de modelos réflex de gama teóricamente media y precio no excesivo que un fotoperiodista hoy día puede comprar.

Como era previsible la discusión se subió a los cerros de Úbeda y derivó en una pelea dialéctica cuyo fondo era resolver si una cámara de gama menor es mejor que una cámara de gama mayor por el simple hecho de ser más moderna la primera que la segunda. A buen seguro que les sonará a muchos.

Y lo cierto es que es una pregunta recurrente, y mucho me temo que lo continuará siendo, porque si hasta hace un tiempo las marcas contaban con un moderado arsenal fotográfico de estratos bien diferenciados, hoy día el arsenal de moderado no tiene nada y cada modelo pisa prestaciones de los que tiene por arriba y por abajo.

Elegir una cámara es muy complicado. Si antaño ya era difícil porque no había demasiado donde elegir, hoy lo es por todo lo contrario. Hay cuerpos de fotograma completo con precios razonables, pero son algo lentos. Los hay que son realmente rápidos, pero son demasiado caros. Hace no tanto tiempo uno no se preocupaba por estos detalles. Sabía que las cámaras de gama baja eran lentas y "ruidosas", y las de gama alta rápidas y "silenciosas".

Nos hemos obcecado en asignar una cámara a un estrato fotográfico-social, cuando deberíamos asignar una cámara a cada fotógrafo según sus necesidades

En este circo todos los actores están enredados en la madeja. Los profesionales, incapaces muchos de ellos de pagar lo que se pide por las cámaras de más altos vuelos, recurren a modelos de categoría a priori inferior para acabar descubriendo que en realidad no necesitaban mucho más. Y los aficionados se suben al carro de las cámaras más avanzadas buscando arañar alguna prestación de más que en los primeros escalones del escaparate no pueden alcanzar. Categorizar hoy es una empresa complicada.

Pero es todo "marketing". Todo es mercado y esa extraña necesidad que tenemos de aparentar más de lo que somos. Y es que si el aficionado -o entusiasta de la fotografía, como les llaman ahora ciertas marcas- puede hacerse con una cámara de 6.000 euros, se hará con ella, independientemente de que le vaya a ser útil o no. Burro grande, reza el refranero.

Al final el resultado es que el usuario no termina de estar contento. Me comentaba hace poco un fotógrafo que este nuevo jaleo digital es como una de las leyes de Newton: por cada ventaja obtienes una desventaja de calibre similar. En concreto se refería al Wi-Fi de su cámara, que le permitía prescindir de su ordenador, pero para ello había necesitado armarse con un buen puñado de baterías adicionales. Es sólo un ejemplo, pero como éste hay muchos más.

Nos hemos obcecado en asignar una cámara a un estrato fotográfico-social, cuando lo que deberíamos hacer es asignar una cámara a cada fotógrafo en función de sus necesidades. Dividir una oferta de productos fotográficos en base a público aficionado, semiprofesional y profesional es algo que en muchos casos ya ha dejado de tener sentido. No hay más que ver las noticias para descubrir a fotoperiodistas profesionales usando cámaras de gama teóricamente media -y muy contentos, me consta-, mientras que en cualquier encuentro fotográfico no falta el fontanero -con todos mis respetos- calzando una cámara de cuatro o cinco o seis mil euros. Porque puede, pero también porque quiere.

Tal vez algún día llegue la cámara a la carta. Tal vez ese día podremos elegir a voluntad cuánta sensibilidad queremos, especificar para cuántos megapíxeles nos llega el presupuesto y añadir como extra, si nos apetece, una pulgada más de monitor. Pero hasta entonces tendremos que sobrevivir entre un maremágnum de modelos, características y especificaciones que a todos contentan pero que al mismo tiempo a todos dejan disconformes.

Oiga, yo que soy fotógrafo aficionado pero entusiasta y con vocación profesional, ¿qué cámara me compro?

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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