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OpiniónEnfoque diferencial

Only in the USA

 
10
AGO 2009

Todos lo sabíamos, pero hace cinco semanas, cuando la magnífica sección "The Big Picture" del diario The Boston Globe recopiló una buena selección gráfica de lo que ha sido el mandato -hasta ahora- del presidente Obama, nos quedó aún más claro. Todos lo sabíamos: Obama es, para los editores gráficos y los fotógrafos, una delicia.

El gabinete del presidente americano conoce, maneja y utiliza la fotografía periodística como arma publicitaria. La administración Obama no teme a los fotógrafos. Los adora y casi los mima. No son el enemigo: son un poderoso aliado.

Obama es, para los editores gráficos y los fotógrafos, una delicia

Obama de relax, Obama con el perro, Obama con sus hijas, Obama jugueteando con un niño. Casi dan ganas de hacerse americano y votarle. Qué envidia. Aquí da igual el color político del inquilino de La Moncloa o de la oposición: los fotógrafos somos el cáncer que no se puede extirpar, el constipado molesto, el grano en el culo.

En España no se entiende el concepto de fotografía periodística. Muchas personas -incluido algún pez gordo de algún medio de comunicación- creen que las fotos son lo que rellena el espacio que sobra del texto.

Hace algunos meses varios representantes de medios de comunicación tuvimos una reunión en La Moncloa con la gente de prensa del presidente Zapatero. No pedíamos trato de favor, sólo más libertad y que se nos dejase informar -desde nuestro punto de vista- con la misma soltura que lo hacen los informadores de pluma.

Hubo buenas palabras y tristes excusas -¡ay, la seguridad, qué socorrida es para todo!-, pero lo cierto es que apenas ha cambiado nada. Un par de rayos de luz cuando Carla Bruni -que no Sarkozy- visitó España, y poco más. Seguimos siendo los periodistas molestos.

En España los fotógrafos somos el cáncer que no se puede extirpar, el constipado molesto, el grano en el culo

Fotografiando a un ministro, hace tiempo, un moscón de su gabinete no hacía más que acotarme los sitios donde podía o no podía ir y las fotos que podía o no podía hacer. "Sentado, no." "En el despacho, no." "Con el móvil, no." "En la calle, no."

Le pregunté si al redactor le iba a poner tantas pegas con las preguntas, cuántas le iba a cortar y cuántas le iba a permitir. No hubo respuesta, desde luego. A un redactor no le cortan una pregunta ni cuando interroga a la vicepresidenta del gobierno acerca de su orientación sexual.

Pero los fotógrafos, ¡qué malos somos! Tan malos que una secretaria de Estado nos acusó, nada menos, de que si algún día el presidente tropezaba y se caía al suelo, ¡haríamos fotos! ¡Qué terrible pecado!

El problema es que aquí, en lugar de usarnos como arma de marketing -porque, en el fondo, la prensa muchas veces no es más que eso- nos temen cual terrible enemigo que sólo puede hacer el mal. El concepto de "fotografía positiva" no existe. Nos dejan estar porque estaría mal visto prohibirnos la entrada. Si no, ya veríamos.

En Estados Unidos son conscientes de que, por cada foto que les perjudica, se han publicado cincuenta que les beneficia

Si me permiten la metáfora, los fotoperiodistas somos un río. Los de Obama nos guían, canalizan nuestra fuerza y nos llevan donde quieren. Nos usan para generar electricidad y sacan beneficios de ello. La gente de los políticos españoles -de todos los colores, insisto- se limita a ponernos un dique y convertirnos en pantano en previsión de una hipotética inundación.

Y no es que en el país de las barras y las estrellas no haya fotos más puñeteras. Claro que las hay. Sin ir más lejos, el episodio de John McCain y su lengua. Pero son conscientes de que, cada vez que una foto les perjudica, se han publicado cincuenta que les beneficia.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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