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OpiniónEnfoque diferencial

Nuestro mayor enemigo

26
14
ABR 2014

El más acérrimo enemigo de las cámaras de fotos tal vez sea el mayor aliado de la fotografía. Aunque, siendo estrictos, ésta es una frase falsa y tramposa. Estoy hablando de los teléfonos móviles (o mejor dicho, de su cámara), hasta hace no tanto némesis fotográfica y de no pocos fotógrafos y hoy día rival a batir al que muchas cámaras ven ya sólo la espalda.

Y lo cierto es, reconozcámoslo, que las cámaras más usadas en la actualidad son las que van montadas en los teléfonos móviles. No se trata de un asunto de calidad, sino de disponibilidad. Mientras que la cámara tradicional -de carrete o digital- es una herramienta que hay que llevar encima premeditadamente, la cámara del móvil sale con nosotros de casa casi sin quererlo.

No digo nada nuevo. Que todos llevamos hoy día una cámara encima es tan evidente como que en las listas de cámaras más usadas el iPhone -y similares- van en cabeza y superan de largo a los equipos de toda la vida. La cuestión es: ¿hacer mas fotos nos hace mejores fotógrafos?

Sin voluntad fotográfica no conseguiremos mejores fotógrafos, sino más gente que hace fotos y más fotografías (sin calificativos) en alguna nube de alguna red social

La respuesta fácil es decir que sí, que como en todo ejercicio con la repetición aumenta la destreza. La cosa se complica cuando pensamos cómo culmina la vida fotográfica de una persona que fotografía hasta la saciedad partiendo de una técnica defectuosa, o si nuestra evolución fotográfica no tiene unas guías que nos digan por dónde continuar, qué caminos deshacer o cuáles rectificar. Disparar por disparar es como aprender a nadar solamente leyendo un manual de natación.

{texto_derecha}La fotografía es fotografía independientemente de la herramienta que se utilice, y tanto da lo mismo si usamos carrete como píxeles como un móvil como una réflex, que al final, sin voluntad fotográfica lo que conseguiremos no será mejores fotógrafos (ni mejores fotografías), sino más gente que hace fotos (que no más fotógrafos) y más fotografías (sin calificativos) en alguna nube de alguna red social.

Y es que lo que determina que nuestra fotografía sea mejor no es –o al menos no es el factor más determinante- la herramienta, sino nosotros mismos y nuestra voluntad para aprender y mejorar día a día. Y para esa mejora no hay fórmula perfecta ni herramienta mágica. Si la limitación en la cantidad de fotogramas del carrete nos ayuda a reflexionar antes de disparar, la inmediatez del formato digital nos permite ver instantáneamente nuestros errores y -también de inmediato- ponerles remedio. En fotografía nada es perfecto. Ni en fotografía ni en casi nada.

¿Acaso tener un mejor coche nos hará mejores conductores? ¿Acaso tener unas zapatillas mejores nos hará mejores deportistas? ¿Acaso tener un mejor microscopio nos hará mejores científicos? Es posible que tener un cierto equipo nos permita hacer un determinado trabajo sin el cual éste sería imposible, pero tenerlo no es garantía per se de nada.

Si a un piloto de rally no le das el coche adecuado no termina la carrera, pero aun con ese coche yo tampoco la terminaría. Igual pasa con la fotografía. Qué importa si la cámara cuesta 6.000 euros y has invertido otros tantos en ópticas y equipo auxiliar. Si no tienes ojo, por mucho dinero que inviertas, seguirás sin tenerlo.

En fotografía no hay nada que nos haga mejores fotógrafos salvo nosotros mismos, y si Cartier-Bresson, que de esto de fotografiar sabía un poco, habló de la unión de la cabeza, el ojo y el corazón sin mencionar para nada a la cámara, a lo mejor es que en realidad lo que pasa es que el instrumento de nuestra creación no es tan relevante como muchos pretenden hacernos creer.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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