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Diario de un fotógrafo nómada

El Soplao: viaje al centro de la Tierra

 
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ENE 2010

Treinta kilómetros de galerías subterráneas recorren El Soplao. En la primera parte de este reportaje conocimos la zona minera y las salas más visitadas de esta maravilla geológica. Una vez vista esta primera zona, tomamos el menos accesible camino hacia las profundidades de la cueva, el reino de la oscuridad, donde veremos "la Capilla Sixtina" del mundo subterráneo. Encendamos las linternas y empecemos a descender.

Tras recorrer la parte más accesible de la cueva de El Soplao, con salas espectaculares sutilmente iluminadas y zonas donde hubo actividad minera, nos ponemos ahora el buzo, el casco, unas buenas botas hasta la rodilla y prendemos las potentes linternas. Descendemos hacia el corazón de la montaña.

En compañía de Maite Castanedo, una de las personas que mejor conoce El Soplao, comenzamos a caminar. A través de angostos pasos y huecos el camino se adentra hacia el vientre de la montaña.

Foto: Nómada
Comienza el descenso hacia la zona menos conocida de El Soplao.

No llevamos mucho tiempo en marcha y ya aparecen por doquier espacios cuyas superficies están cubiertas de las llamadas excéntricas, la gran atracción de la caverna. El Soplao no es la cueva más larga ni la que tiene los techos más altos, pero muy pocas poseen la cantidad, calidad y variedad de estas formaciones.

Foto: Nómada
Detalle de una excéntrica.

Las excéntricas crecen sobre cualquier soporte y tapizan todas las superficies que están a la vista: techos, suelos, paredes e incluso otras formaciones anteriores, como estalactitas y estalagmitas, a las que alteran su aspecto original hasta hacerlas irreconocibles. Asombroso.

Foto: Nómada
Techo cubierto de excéntricas.

El crecimiento de las excéntricas no obedece a la ley de la gravedad. Nacen y se desarrollan en todas direcciones, creando extrañas formas de refinada belleza.

Foto: Nómada

La formación de las excéntricas sigue siendo un misterio para la ciencia. Sus causas no están claras, hay pocos estudios, los geólogos no se ponen de acuerdo y las diversas teorías no acaban de explicar el origen de su gran diversidad.

Foto: Nómada
Las excéntricas de El Soplao maravillan a la comunidad científica.

La mayoría de excéntricas de El Soplao son de aragonito, un compuesto muy parecido al carbonato cálcico pero que cristaliza en un sistema diferente.

Foto: Nómada
Estos tapices recuerdan la espuma de las olas.

Una cueva se forma porque la montaña es "soluble". El agua que se filtra a través de las grietas va disolviendo químicamente la roca caliza y agrandando lentamente las fisuras por las que se ha filtrado, formando lentamente la gruta.

Con el paso de los siglos las dimensiones de algunas de estas fisuras se hacen tan grandes que por su interior circulan ríos subterráneos que van dando forma a la cavidad.

Foto: Nómada
El agua da forma a la cavidad.

Los ríos subterráneos se forman muy lentamente y desaparecen del mismo modo. En estos procesos que duran miles o millones de años, el agua transportada siempre tiende a filtrarse hacia abajo, así que llega un momento en que el río desaparece y el hueco queda vacío: ha nacido la cueva, instante en el que también empiezan a crecer los espeleotemas.

Foto: Nómada
En esta zona el río está a punto de desaparecer.

En esta parte del recorrido llegamos a una zona donde ha sucedido un fenómeno tan raro como interesante. El barro, el limo y las arcillas que arrastró el río en su época se han acumulado aquí, produciendo una nueva evolución en la cueva.

Sobre esos barros creció una dura costra del mismo material que las estalagmitas, pero las arcillas, que son elementos inestables, cambian de forma con la temperatura y humedad. Tal vez un período seco compactó la arcilla y el suelo se desplomó hacia un nivel inferior.

Foto: Nómada
Parte del suelo se ha desplomado dejando al descubierto una galería inferior.

El hundimiento produjo un agujero que nos permite contemplar una auténtica rareza: el "falso suelo". Si el desprendimiento no se hubiera producido, veríamos lo mismo que en el resto de la cueva: techo, suelos y paredes. Nunca hubiéramos descubierto otra galería por debajo de la que estamos hollando.

Foto: Nómada
El hundimiento visto desde la galería inferior.

Descendemos por el boquete hasta el nivel inferior, y lo que arriba era un falso suelo aquí se transforma en un falso techo. Pero lo más extraordinario es que de él están creciendo nuevas formaciones y espeleotemas.

Foto: Nómada
Nuevas formaciones comienzan a nacer del falso techo.

Este hecho tan singular nos dice que los procesos de evolución de una cueva son constantes, pudiendo darse el caso de que debajo de nuestros pies se esté gestando una nueva galería.

Foto: Nómada
Detalle de otras excéntricas.

Seguimos transitando por este universo de oscuridad absoluta, moviendo las linternas en todas las direcciones para ver el singular paisaje, y por qué no decirlo, para no dejarnos la piel en cualquiera de los millones de aristas que se ciernen a nuestro alrededor.

En ocasiones no puedo evitar sentirme como Jonás entrando por la boca de esta ballena pétrea y cruzo los dedos para que no se produzca un derrumbamiento que cierre a nuestras espaldas las inmensas fauces que parecen engullirnos.

Foto: Nómada
En ocasiones la cueva parece engullirnos.

Llegados a un punto, la galería se abre bruscamente para mostrarnos una inmensa colada en forma de cascada.

Foto: Nómada
Espectacular cascada de más de 12 metros de altura.

A partir de aquí las salas se suceden una detrás de otra conformando otro de los espectáculos grandiosos que El Soplao atesora.

Foto: Nómada
A partir de este punto comienza el paisaje más grandioso de El Soplao.

La "sala del órgano", el Bosque o la galería Génesis nos dan una pista de lo que allí se encuentra.

Foto: Nómada
Esta pared asemeja un órgano de casi 30 metros de altura.

Millones de formaciones nos rodean. Unas imponentes, otras de una exquisita delicadeza, otras multicolores. El espectáculo nos hace enmudecer.

Foto: Nómada
Un espeleotema con forma de cocodrilo.

El haz de luz de nuestras linternas es demasiado estrecho para abarcar las formidables dimensiones de este paisaje indescriptible.

Foto: Nómada
Un bosque de estalactitas y estalagmitas se abre ante nuestros ojos.

La cueva de El Soplao, un lugar donde parece que todo sigue igual desde hace millones de años, y sin embargo, vive y evoluciona imperceptiblemente cada día, poco a poco, ignorando las prisas de nuestro mundo.

Foto: Nómada
Un laberinto de carbonato cálcico en lo más profundo de la montaña.

Pero El Soplao todavía guarda un último tesoro: el yacimiento de ámbar más importante del mundo; gotas de resina que han atrapado semillas, insectos y aire de hace 110 millones de años, cuando no existían las plantas con flores y los dinosaurios poblaban Cantabria.

Dada su importancia, el estudio de este yacimiento necesitará décadas, pero los científicos no dudan de que gracias a él se aclararán algunos de los enigmas de las glaciaciones, los cambios climáticos y el pasado más remoto de nuestro planeta.

Foto: Nómada
Enormes "banderas" de varios metros de longitud.

Se dice que el lugar más oscuro de la tierra es la parte profunda de las cuevas, donde no hay estrellas, ni reflejos ni reverberaciones. La oscuridad es de color negro denso, absoluto, sin matices, y en el haz de la linterna, suspendidas, bailan suavemente como luciérnagas las partículas microscópicas de la humedad reinante.

Foto: Nómada
Cuevas: los lugares más aislados del planeta.

Y una cueva es, también, el lugar más silencioso de la tierra, donde el susurro de una gota produce un sobresalto, donde se manifiestan todos los sonidos de esa máquina perfecta que es nuestro cuerpo, como si quisiera decirnos que no somos sino una pequeña parte de este planeta al que nos hemos olvidado de cuidar.

Foto: Nómada
Se cierne la tormenta sobre el atardecer de Cantabria.

En la quietud me viene a la cabeza el título de Julio Verne. Tal vez este viaje al centro de la tierra sea también un éxodo hacia nuestro interior, tan desconocido como las profundidades de la cueva de El Soplao.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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08 / DIC 2009
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