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Diario de un fotógrafo nómada

Bombay: terror en el hotel

 
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DIC 2008

Recorríamos en los últimos artículos el estado indio de Maharashtra, visitando sus tesoros desconocidos. Los terribles acontecimientos acaecidos estos días en dos hoteles y un centro judío de su capital, Bombay, nos obligan a interrumpir momentáneamente nuestro viaje para expresar el dolor y la solidaridad con esta ciudad y sus gentes, las últimas víctimas del terrorismo islamista.

Me hubiera gustado hablar de Bombay (Mumbai) y de sus luces y sombras. Hubiera querido escribir sobre esta megalópolis de contrastes radicales, vibrante por su ritmo y adormecida por su pasado.

Bombay, la urbe donde no queda sitio para nada y sin embargo cabe todo, donde pensar, orar y existir es tan libre como variopinto.

Foto: Nómada
Dos "hijras", hombres voluntariamente castrados que se comportan como mujeres.

Deseaba hablar de esta ciudad que cuanto más tiempo se está en ella más te hace disfrutar. Un centro económico y financiero de la India y uno de los mayores productores de software del mundo.

Foto: Nómada
Ejecutivos de Bombay, camino del trabajo.

Bombay, núcleo de la industria cinematográfica más potente del planeta, inundada por el glamour de Bollywood, el fenómeno social que arrastra masas de gente a todas las salas comerciales del país.

Foto: Nómada
Cartel anunciador de una película de Bollywood.

Mumbai, que se pavonea de su herencia británica plasmada en rutilantes edificios de estilo victoriano y excelentes -aunque vetustas- redes de transporte público, y sin embargo no oculta al visitante su cara más lóbrega y desdichada.

Foto: Nómada
Bombay tiene un inconfundible sello colonial británico.

Gigantescos barrios habitados por los intocables, la casta más baja de la India, que nos hacen pensar que para ellos cada día tiene una única meta: sobrevivir.

Foto: Nómada
La cara oscura de Mumbai.

Suburbios tan pobres que hasta "presuntas" ONG organizan tours para visitar el lado más miserable de la ciudad, en los que los inmensos vertederos de basura se convierten en lugares turísticos donde fotografiar sin rubor -previo pago de suculentos peajes- la estremecedora vida de estas gentes.

Foto: Nómada
Cuervos peleando por comer una rata en plena calle.

Bombay, que tiene un pie en el futuro gracias a su frenética industria y el otro anclado en las raíces más profundas de su cultura debido a las decenas de miles de campesinos que cada año atrae de toda la India. Inmigrantes que siguen manteniendo sus tradiciones y costumbres milenarias.

Foto: Nómada
Los inmigrantes llegan a millares y se hacinan donde pueden.

Bombay alberga el lavadero más grande del planeta, donde centenares de personas se dedican día y noche a hacer la colada de las clases media y alta.

Foto: Nómada
Foto: Nómada
Lavadero central de Bombay.

La ropa, una vez seca, es empaquetada y distribuida a miles de domicilios mediante un antiquísimo sistema de reparto. Es sorprendente que casi nunca se equivoquen de prendas o que jamás falte alguna a sus propietarios.

Foto: Nómada
Foto: Nómada
Lavando y colgando la colada.

Me hubiera gustado hablar de los "dabbawallas" de Mumbai, miles de hombres que realizan un servicio que no existe en ninguna otra parte del mundo: repartir el almuerzo de los oficinistas.

Gran parte de los trabajadores de la administración pública, del comercio y de empresas vienen a diario del extrarradio y poblaciones colindantes a Bombay, invirtiendo una media de dos horas de desplazamiento desde sus casas hasta el trabajo.

Foto: Nómada
Unos "dabbawallas" traen las fiambreras en tren y otros las cogen en la estación para repartirlas por Bombay.

Con sus salarios no pueden permitirse un menú del día, así que la única forma de comer caliente es traer la fiambrera de casa. Ahí entran en escena los "dabbawallas", recogiendo de cada hogar las fiambreras ("dabbas") que han preparado las mujeres en casa y llevándolas en tren hasta Bombay.

Foto: Nómada
Cargan sobre su cabeza grandes pesos. Las marmitas están llenas de comida.

Las fiambreras están marcadas por un código de colores que sólo ellos conocen, y una vez en la estación central de Bombay, otro grupo de "dabbawallas" las recogen para distribuirlas por las oficinas y centros de trabajo de la "city".

Pasada la comida, los "dabbawallas" recogen las fiambreras y las vuelven a llevar a sus pueblos y lugares de origen. Estos porteadores raramente se equivocan y forman uno de los servicios más eficaces de la India.

Foto: Nómada
En pleno reparto por las calles de Bombay.

Por éstas y por muchas otras razones quería hablar de Bombay, pero los terribles sucesos protagonizados por un comando terrorista, armado y entrenado para montar un "11-S al estilo indio", me han dejado entre helado y alelado.

Se me hace imposible no dedicarle un artículo, casi improvisado, a esta ciudad en la que tan buenos momentos he vivido.

Foto: Nómada
Estampas milenarias de Bombay.

La India es el segundo país con más seguidores musulmanes del orbe: 175 millones de almas, por detrás de Indonesia y seguido de Pakistán y Bangladesh.

A partir de mediados del siglo XX, las relaciones del Islam con el hinduismo fueron deteriorándose debido al conflicto existente con Pakistán y el territorio en disputa de Cachemira, como ya comentamos en "Pakistán: tras los pasos de Marco Polo en un país imaginario".

Foto: Nómada
Un musulmán indio leyendo el Corán.

Por lo general, los simpatizantes y afiliados de base de los partidos políticos no tienen ningún problema de convivencia con los de otras formaciones, y cuando los hay, resulta vergonzoso comprobar que detrás de esas diferencias siempre se esconde un dirigente meneando el árbol para recoger la fruta.

Foto: Nómada
Haciendo las abluciones antes de la oración.

Con las religiones pasa lo mismo, y de manera particularmente triste en el Islam. Una abrumadora mayoría de musulmanes indios convive en paz y armonía desde hace siglos con otras religiones muy extendidas en la India, como el budismo, el cristianismo, el hinduismo o los parsis del zoroastrismo.

Foto: Nómada
Una mujer nos mira al entrar en la mezquita.

Junto a templos de muy diversas confesiones, el país posee incontables mezquitas y medersas donde se imparten las enseñanzas del Corán. Junto a ellas se levantan templos a Buda y Shiva en perfecta avenencia.

Foto: Nómada
Una hermosa india musulmana.

Entre tantos millones de fieles, siempre se encuentra algún exaltado que, aprovechándose unas veces del bajo nivel cultural, otras de las deficientes capacidades y en la mayoría de las ocasiones de la crisis de esperanza de muchos infelices, utiliza a estos desdichados para inmolarlos en aras de oscuros intereses que poco tienen que ver con lo que dice el Corán.

Y lo más sangrante es que aquéllos que incitan a la violencia, los que reclutan y adoctrinan a los "yihadistas" nunca se exponen. No sea que un poco de metralla les haga pupa o se manchen sus chilabas.

El icono más representativo de Bombay, la Puerta de la India, ha sido testigo de excepción de los sucesos por ser la zona más turística de la ciudad y estar situada junto a los hoteles Oberoi y Taj Mahal, dos de los epicentros del reciente ataque terrorista junto al Centro Judío de la ciudad.

Foto: Nómada
La Puerta de la India.

El Taj Mahal es un majestuoso hotel construido en 1903 por el magnate parsi J.N. Tata.

Un buen día, este hombre llegó a Bombay en viaje de negocios y quiso alojarse en alguno de los hoteles europeos de la ciudad, pero fue rechazado en todos por su condición de nativo indio. Fue tal la indignación que sintió por haberle sido negado el alojamiento que decidió construir su propio hotel y dar un escarmiento a los británicos.

J.N. Tata invirtió parte de su inmensa fortuna en levantar uno de los hoteles más excepcionales y lujosos de toda Asia, un lugar que bien merece una visita a sus bellísimos salones, escaleras y estancias.

Foto: Nómada
El hotel Taj Mahal, uno de los símbolos de la ciudad.

A partir de entonces, los ingleses miraron con otros ojos a los parsis, y es que ya se sabe: cuando hay riquezas de por medio, Occidente se olvida de sus prejuicios raciales.

Foto: Nómada
Un niño durante un descanso en la escuela coránica.

Los "yihadistas" llevaban varios días instalados en el hotel Taj Mahal, preparando el ataque y colocando bombas ocultas en los puntos vitales del edificio, según sospecha la policía.

El día del atentado entraron unos 25 hombres armados y comenzaron a disparar indiscriminadamente contra trabajadores y huéspedes sin excepción, provocando la muerte de 200 personas e hiriendo de bala a 300 más. 35 víctimas extranjeras. El resto, todos indios, algunos de ellos musulmanes.

Foto: Nómada
Una joven se dirige a la mezquita.

La irracionalidad de estos actos deja sin argumentos a quienes los ejecutan y asola la vida de quienes sufren sus efectos, pero, ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? ¿Quién tiene la solución?

Sí, me hubiera gustado hablar de Bombay y sus historias cotidianas, pero después de estos tristes sucesos sólo puedo desahogar mi pena por esas víctimas, por sus familias y por la ciudad.

Y también por el Islam, cuya inmensa mayoría de devotos aborrece que se asesine con una bomba atada al pecho y el Corán en las manos.

Foto: Nómada
Reunión para estudiar el Corán. Un joven recién captado recibe la bienvenida del grupo.

Vaya desde aquí nuestra plegaria por todas aquellas personas que todos los días mueren y sus cuerpos, despezados, saltan por los aires como muñecos rotos. Campesinos, amas de casa, comerciantes, gentes anónimas cuyas humildes vidas parece que no tienen ningún valor.

Foto: Nómada
Ojalá estas imágenes cotidianas vuelvan a Bombay cuanto antes.

Antes fue en Nueva York, en Madrid y en Londres; después, en una mezquita de Kabul; ayer, en un mercado de Bagdad; ahora, en un hotel de Bombay. Veremos hacia dónde apunta mañana la ruleta rusa de esta esquizofrenia.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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