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OpiniónContando píxeles

Kodak, Nokia… ¿quién va después?

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DIC 2014

La culpa de todo es de Apple, aseguró Alexander Stubb, que aunque pudiera parecerlo no es un directivo de Samsung, sino el primer ministro de Finlandia. Solo hace falta introducir un nombre en esta ecuación para que la denuncia de Stubb sea más fácil de entender. Exacto: Nokia.

Y es que, pese a que Stubb matizó poco después que aquello solo era una forma de hablar, la importancia de Nokia en la economía finesa es tal que su declive ha arrastrado las cuentas del país. Y para colmo la otra gran industria del país es el papel, que por lo visto tampoco ha llevado muy bien el auge del iPad.

Aunque el caso de Nokia –su gloria, su caída y su compra por parte de Microsoft- es demasiado próximo en el tiempo como para poder hacer grandes análisis, los parecidos más que razonables con otros gigantes que acabaron igual hacen que se pueda hablar de una historia ampliamente conocida.

Las empresas fotográficas dominan bien el arte de no ver el precipicio hasta que es demasiado tarde

¿Quién le iba a decir a esta compañía hace solo 15 años, cuando todos íbamos con uno de sus móviles en el bolsillo, que aquello no iba a durar para siempre, que Apple cambiaría totalmente la industria de la telefonía y que su negocio de telefonía acabaría siendo absorbido por Microsoft?

Es más, ¿quién le iba a decir a Kodak que el estupendo negocio de la película tenía los días contados, que sus oficinas en Rochester acabarían derribadas simbolizando el fin de una era, que su marca sería licenciada al mejor postor para que vendiera plástico utilizando su mítico nombre como reclamo?

El problema no es que la historia tenga la dichosa manía de repetirse. El problema es que lo mismo que nosotros tropezamos las veces que haga falta con la misma puñetera piedra, muchas compañías son expertas en no ver el precipicio hasta que es demasiado tarde.

Un arte que parecen dominar bien las empresas del sector fotográfico, que está pasando ahora –desde hace años, en realidad- por uno de sus momentos más delicados. Aunque las quinielas sobre el próximo lanzamiento son las que siguen llenando titulares, en realidad en voz baja todos hacen sus apuestas sobre cuál será la próxima firma en caer. Es un segmento demasiado pequeño para tantas marcas, repiten desde hace años todos.

Así, consumada la derrota de las compactas ante los teléfonos móviles sin que apenas nadie se haya atrevido a plantear una mínima resistencia -mira, en eso Nokia tenía razón, aunque un poco más y no lo ven-, ahora el pastel para repartirse es más pequeño. Las compactas no dan dinero pero sí volumen, te repiten cada vez que haces la misma pregunta.

¿Y qué hacen nuestras queridas compañías para enfrentarse a estos cambios, que pese a estar anunciados desde hace una década a veces parece que les pillan con los deberes sin hacer? Pues no gran cosa.

Lo de los smartphones es ya una batalla perdida por mucho filtro instagramero, Wi-Fi y pantalla táctil y enorme que les pongan a las compactas. Incluso los inventos que todavía consiguen emocionarnos –los módulos QX de Sony o ese CM1 de Panasonic- parecen poco más que marcianadas una vez puestos en el escaparate.

¿Qué hemos aprendido? Absolutamente nada. Bueno, sí, que ha hecho falta que los móviles les pasaran la mano por la cara para que abandonaran esa mentalidad tan rácana de evolución tecnológica y empezaran por fin a hacer cámaras compactas con sensores grandes y de calidad.

Ha hecho falta que los móviles les pasaran la mano por la cara a las compactas para que las firmas abandonaran esa mentalidad tan rácana de evolución tecnológica

Pero nos quedan las gamas más serias, cierto. Ahí tampoco hemos aprendido demasiado. Nikon y Canon siguen dominando el mercado sin demasiados problemas, pero a nadie se le escapa que tienen un buen problema a corto o medio plazo: no cuentan con un sistema alternativo sin espejo. Uno en condiciones, me refiero.

Pero a quién le importa eso mientras sigan vendiendo réflex como churros, pensarán. Seguro que en los despachos de Kodak también dijeron algo parecido hace décadas.

Pero que no sonrían todavía los abanderados de las cámaras sin espejo creyéndose el futuro. Porque en 2014 su gran propuesta ha sido –¡tachán!- quitar el espejo a las réflex para conseguir cámaras que parezcan réflex y enfoquen tan rápido como ellas.

¿Cámaras más pequeñas? Sí, aunque la óptica en muchos casos tenga que seguir siendo enorme. ¿Vídeo en condiciones? Bueno, digamos que algunas de esas cámaras sin espejo tienen el vídeo como adorno y no habría que olvidar que los dinosaurios de Canon y los aventureros de GoPro son los que mejor se lo pasan en ese segmento.

Así que se está sorteando un nuevo caso Nokia, y algunas tienen muchos boletos. Claro que todavía están a tiempo de reaccionar. Suponiendo que sepan o quieran hacerlo, claro.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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