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OpiniónEnfoque diferencial

No todo es cuestión de dinero

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FEB 2014

Puede que sea por la función de altavoz de las redes sociales o puede que antes no ocurriera tan a menudo. El hecho es que no hay más que echar un vistazo a las noticias de las últimas semanas en Quesabesde para ver que lo del robo de fotos –el uso indebido de imágenes normalmente con fines lucrativos sin el consentimiento de su autor- está más de actualidad que nunca y que los casos, en mayor o menor escala, se dan con una frecuencia alarmante.

No hay que tirar de experiencia como detective para saber que esto ha ocurrido siempre. Lo que sucede ahora es que en un entorno totalmente digitalizado, todo, tanto robar como ser consciente de que uno ha sido robado, es más sencillo.

Esto ha acarreado un preocupante efecto secundario. No se trata del pavor que muchos fotógrafos tienen a subir sus fotos on-line por si se las roban -algo que no es menos preocupante-, sino el hecho de querer sacar tajada por cualquier –y enfatizo este cualquier- uso indebido de una fotografía. Aún no hemos llegado al punto de poner fotos-cebo para ver si alguien las roba, pero podría dar la sensación que vamos camino de ello.

No todo es gratis en Internet, por supuesto, y un uso indebido requiere una compensación. Pero no todos los robos son robos ni todas las apropiaciones son un intento de ahorrarse un dinero.

Todos debemos cobrar por nuestro trabajo, pero hay que tener mano izquierda, ser diplomático y no ponerse las gafas de madera

Hace poco, husmeando por las redes sociales en busca de algún caso más de usurpación de fotos, me topé con la airada queja de un fotógrafo que buscaba cómo resarcirse del robo de una de sus imágenes. El robo en cuestión no tenía más trasfondo que el uso de la foto en una presentación privada de una entidad.

El uso puede ser ciertamente irrelevante, pero el hecho es que la foto se usó sin permiso. Y más sangrante aún es que el fotógrafo afectado probablemente hubiera aceptado ceder su obra gratuitamente si se lo hubieran pedido.

Casos como éste hacen que corramos el riesgo de perder esa empatía hacia quienes sólo quieren usar una fotografía de forma puntual y sin fines comerciales. Esto, que personalmente me ha obsesionado mucho a lo largo de mi carrera fotográfica, no ha evitado que siente satisfacción cuando alguien me pide una de mis fotografías para colgarla en su salón. No hablamos de adinerados ni grandes empresas, sino de gente de esa que difícilmente llega a fin de mes.

Cuando era estudiante llamé a un importante diario español para pedirle unas fotografías con las que ilustrar un trabajo del instituto. 10.000 pesetas de aquel entonces (60 euros) me pidieron, y les dio igual que fuera para un anuncio o un trabajo de escuela. Supongo que por eso siempre he sido bastante accesible cuando alguien me ha pedido una fotografía de la que no se iba a sacar beneficio económico.

Todos debemos cobrar por nuestro trabajo, cierto, pero hay que tener mano izquierda, ser diplomático y no ponerse las gafas de madera. Llevarse las manos a la cabeza y amenazar con abogados porque un conferenciante haya descargado una foto de Internet para una presentación quizás no es el camino. Un correo amable, un poco de pedagogía y una invitación a contratar nuestros servicios la próxima vez pueden hacen maravillas.

Se cazan más moscas con miel que con vinagre, y no todo el que roba es un ladrón. O al menos un vulgar ladrón.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" se publica, normalmente, el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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