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OpiniónEnfoque diferencial

No es culpa del palo

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ENE 2015

¿Una pantalla? Cuando llegó a mis manos la primera cámara digital me extrañó ver aquel pequeño televisor incrustado en su parte trasera. Recuerdo que la invitación implícita a dejar de mirar por el visor me asaltó como un auténtico contrasentido. Una vez calmada la sorpresa, ese accesorio parecía más una curiosidad que una verdadera funcionalidad. Acostumbrado como estaba a fotografiar con cámaras réflex, aquello de la pantalla era como un detalle geek para hacer la gracia de vez en cuando. Pero poco más.

Recuerdo que incluso tapé con cinta la pantalla de mis primeras réflex digitales porque yo era de esos que iba jactándose de que aquello tampoco servía para tanto. Me removía y quejaba al ver cómo muchos abusaban del dichoso monitor. Me enervaba el gesto de la genuflexión digital, consistente en bajar la cabeza mecánicamente tras disparar para comprobar el resultado.

Pasó el tiempo, y aquellas pantallas dejaron de ser una curiosidad para convertirse en un complemento indispensable. Primero se agrandaron para poder ver mejor la foto tomada, luego se articularon y se volvieron táctiles, todo ello acompañado por una espectacular mejora de su calidad. Hoy día no es raro ver en una melé de fotógrafos algunas manos alzadas que acaban en un fotógrafo que, desde el suelo, trata de encuadrar con la pantalla para sacar una instantánea más o menos aceptable. Es algo que se ha hecho siempre, pero antes lo hacíamos a ciegas.

Que los usuarios perviertan un nuevo invento no es culpa de los ingenieros que lo desarrollaron ni de las marcas que lo comercializan; la culpa es de la gente, que no tiene autocontrol

Aunque costase un poco asimilar aquello, es verdad que las pantallas –más aún cuando son articuladas- representan una clara ventaja del universo digital. Y pese a que he visto a más de uno usar la pantalla articulada de una no especialmente barata SLR para hacerse un selfie, la tecnología está ahí y es cuestión nuestra saber aprovecharla. Y quien dice una pantalla, dice también un disparo automático con detección de sonrisa o parpadeos. O un puto palo.

Pero no nos confundamos. Que los usuarios perviertan un nuevo invento no es culpa de los ingenieros que lo desarrollaron ni de las marcas que lo comercializan. La culpa es de la gente, que no tiene autocontrol y utiliza para todo momento y situación algo que tiene unos usos claramente marcados. Que se lo digan si no a esas mujeres que en pleno invierno se empeñan en utilizar minifalda sin medias, o a esos hombres que afirman ante el espejo que la camiseta de tirantes no es ridícula más allá de las puertas del gimnasio.

No. Todo utilizado en exceso y hasta la saciedad no solo cansa, sino que puede convertirnos en estúpidos. El palo para selfies no es una mala idea; personalmente no le dejaría mi teléfono a un desconocido en la Puerta del Sol para que me haga una foto, pues es probable que me quedase sin él. Tampoco me parece un mal invento el “puto palo” cuando estás en la cima de una montaña y te apetece tener una foto de recuerdo. No. El problema no es el palo: el problema somos nosotros.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Porque, si nos abstraemos un momento de nuestra naturaleza de fotógrafos, no es muy difícil imaginar qué pensaran de nosotros aquellos que no disfrutan con la fotografía cuando sacamos la cámara en mitad de un paseo turístico en nuestras vacaciones o pedimos un momento más para disparar el mismo paisaje que acabamos de fotografiar diez pasos antes. En efecto, pensarán: “Otra puta foto.”

Que el palo para selfies sea un éxito es la consecuencia inevitable de la explosiva mezcla de la exaltación de nuestro ego en las redes sociales con la fobia que le tenemos a la gente en la vida real. Gracias al palo para selfies ahora podemos elevar la contradicción al máximo exponente: presumimos en Facebook ante cientos de seudoamigos y casi desconocidos de dónde estamos y qué hacemos sin el inconveniente de tener que entablar una conversación con otra persona de carne y hueso para pedirle que -por favor- nos tome una foto.

Que cuando vemos a alguien empuñando un palo para selfies con la sonrisa pintada en la cara nos salga el monstruo que llevamos dentro puede ser culpa de muchos factores, pero seguro que no es culpa del palo.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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