| Por Iker Morán.- ¿Cómo saber cuando una marca ha llegado a su mayoría de edad en un segmento determinado? Aunque seguramente habrá muchos indicios económicos y centenares de estudios que cuantifiquen esta cuestión, el otro día alguien me chivó una respuesta que me pareció excelente: cuando cuenta con un grupo de usuarios dispuestos a jurar fidelidad y lealtad eterna a la marca de sus amores.
No es algo nuevo en el mercado fotográfico. De hecho, hace ya tiempo se abordaba por aquí esta misma cuestión, apuntando los peligros que conlleva criticar una cámara delante de su orgulloso diseño, o incluso hablar bien de otra.
Pero la verdadera madurez no llega hasta que sus usuarios trascienden de esta etapa más tangible (querencia por un modelo concreto) hacia algo más conceptual (amor desenfrenado y absoluto hacia una compañía, un sistema, una idea, una montura…).
Una marca llega a la mayoría
de edad cuando cuenta con un
grupo de usuarios dispuestos
a jurarle fidelidad
Nikon y Canon son veteranos en estas lindes. Pero -y es aquí donde quería llegar- compruebo aliviado que también Pentax y Olympus han alcanzado ya su propia mayoría de edad.
Tan sólo hace falta darse una vuelta por ciertos foros de debate para comprobar el fervor que muchos usuarios demuestran a la montura K y al sistema Cuatro Tercios, respectivamente.
Hace unos días publicábamos una improvisada comparativa llevada a cabo por Reflecta -importadora oficial de Pentax y Sigma en España- con cuatro réflex digitales. Da absolutamente igual que matizáramos veinte veces a lo largo del texto el carácter informal de la prueba. Faltó tiempo para que -con todo el derecho del mundo- nos pusieran los puntos sobre las íes, criticando la poca seriedad de la prueba y, por supuesto, los resultados obtenidos.
Nikon y Canon son veteranos,
pero también Pentax y Olympus
han alcanzado su mayoría de edad
Efectivamente, cada cual barría para un lado, indicando que la foto de esa o aquella cámara no se correspondía con la realidad porque, por supuesto, era mucho mejor que la del vecino.
Poco después me topé con un hilo de usuarios de una marca en el que se comparaba las imágenes obtenidas con dos réflex digitales: una de ellas apenas llega a los 1.000 euros y la otra supera con creces los 3.000. De nuevo, volvía a ganar la que, casualmente, coincidía con la que servía de lazo de unión de aquellos foreros. Con un par.
No seré yo quien critique la pasión con la que cada cual defiende la cámara, el objetivo o la batidora que le dé la gana. El problema -o mejor dicho, lo absurdo- es que se ha convertido en una costumbre defender un producto determinado recurriendo a los argumentos más ridículos o a la descalificación directa a quien osó criticar nuestra amada marca.
Es ya habitual defender un producto
recurriendo a argumentos ridículos
o a la descalificación directa
La pasada semana realizamos una comparativa entre la Olympus E-510 y la E-330. Ya habíamos publicado previamente un primer acercamiento a la primera de ellas, y creímos interesante ver la evolución de los sensores Live MOS empleados por la compañía precursora del sistema Cuatro Tercios.
Independientemente de los resultados, las conclusiones o la opinión de quien firmaba el artículo en cuestión, por lo visto combinar en la misma frase términos como "tamaño de sensor", "ruido" y "estándar Cuatro Tercios" es ya un cóctel sumamente arriesgado.
Más allá de las críticas recibidas -que siempre son bienvenidas y normalmente permiten aprender algo- la cosa no se puso interesante hasta que volvió a salir el recurrente tema del posicionamiento de este medio de comunicación.
Hablar en una misma frase de
"tamaño de sensor", "ruido" y
"Cuatro Tercios" es ya un
cóctel arriesgado
Hubo quienes, sencillamente, despacharon la cuestión aduciendo que si en estas páginas se criticaba tal o cual cámara de Olympus era porque estábamos vendidos a otra marca. Tal cual.
¿A qué marca? Eso dependerá de a quién se lo pregunten, porque creo recordar que nos han acusado simultáneamente de canonistas, nikonistas, amigos de Olympus… con sus correspondientes anti-lo-que-sea, claro está. Así que imagínense el trastorno tripolar que llevamos todos encima.
Da igual que hace bien poco comentara en estas mismas líneas que pasarse el día trasteando con diferentes cámaras es el mejor antídoto contra cualquier tipo de fanatismo marquista.
También da absolutamente lo mismo que la cobertura que desde estas páginas se ha hecho de la E-410 y la E-510 haya sido, con diferencia, una de las más completas del mundo. No hay respuesta ni argumento válido para acusaciones estúpidas.
Nos han acusado de canonistas,
nikonistas, amigos de Olympus…
imagínense qué trastorno
tripolar llevamos encima
De hecho, si no fuera uno de los peores insultos que se le pueden decir a un medio de comunicación, la cosa tendría su guasa. Sobre todo al recordar los problemas que a lo largo de estos años hemos tenido con todas y cada una de las marcas -grandes y pequeñas-, precisamente por apostar por una forma de trabajo mucho más independiente que la habitual en las revistas del sector.
Seamos serios. Cuestionen los métodos, los resultados o incluso los conocimientos. Pero no nos busquen noviazgos de esos que cuando se los comentamos a los responsables de la marca a la que pretenden ligarnos nos miran con cara extrañada y se ríen mientras piensan: "Pero si estos siempre hablan mejor de la competencia".
La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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