Opinión

La Nikon de Robert Kincaid

 
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ENE 2006

El finiquito que Nikon ha decretado para sus cámaras de película no sólo supone el final de una de las sagas más respetadas de la historia de la fotografía, sino también una mala noticia para todos aquellos que, de uno u otro modo, sienten algún aprecio hacia este arte. Por lo menos hacia la imagen química -matizo-, suponiendo que existan dos tipos de fotografía (la verdad, es mucho suponer).

Porque resulta que eso de la montura, el autofoco, el visor réflex y todos esos botones que ahora llevan nuestras flamantes cámaras digitales que han sustituido la F por una D, no son fruto de una repentina genialidad, sino el resultado de una evolución de muchos años. Un proceso que comenzó incluso antes de que la primera Nikon F viera la luz allá por 1959.

No se trata de hacer una anacrónica apología de las sales de plata en detrimento del píxel. El tema nada tiene que ver con la defensa de uno u otro sistema, suponiendo que a estas alturas haya alguien que aún esté dispuesto a discutir sobre ello.

Nikon, una de las primeras grandes compañías en retirarse del mercado tradicional, defendía antes de ayer la vigencia de la película

Tampoco es cuestión de encararse con Nikon. Apelar a una empresa con argumentos como el valor histórico, el cariño o la nostalgia para que mantenga un producto que, evidentemente, ha dejado de ser rentable es un ejercicio de admirable inocencia y, sobre todo, una descomunal pérdida de tiempo.

Como mucho, se podría preguntar a los responsables de la marca por sus cambios de opinión. Porque, aunque es cierto que llevan muchos años en esto del píxel, resulta curioso que una de las primeras grandes compañías en comenzar a retirarse del mercado tradicional sea precisamente la que hasta antes de ayer defendía la vigencia de la película. La misma que se desmarcó hace menos de dos años presentando la Nikon F6, una cámara profesional de película que, además de ser uno de los chistes más recurrentes del sector, no constará posiblemente en las listas de las más vendidas.

Puestos a hilar fino, también podríamos preguntarnos qué relación existe entre el fin de la inmensa mayoría de las ópticas de enfoque manual firmadas por Nikkor y la inminente entrada en escena -o eso parece que llevan insinuando más de un mes- de Carl Zeiss con ópticas para montura Nikon F.

Nikon acaba de sentenciar eso de que la fotografía química está en retroceso, y ha convertido la crisis en agonía

Pero más allá de pataletas y conjeturas, la lógica de esta decisión es aplastante, atendiendo a los criterios económicos. Cualquiera que se haya asomando recientemente a los gráficos y las cifras del mercado sabrá que esta noticia no es algo inesperado y que, posiblemente, no será la única que veamos en no demasiado tiempo.

Continuar diciendo que el sector de la fotografía química está en claro retroceso es uno de esos lugares comunes que, de tanto usarlo, se ha quedado viejo. Tras un tiempo en ese limbo, mucho me temo que Nikon acaba de sentenciarlo y convertir la crisis en agonía.

De acuerdo: toca pasar página, reestructurarnos y centrarnos en el mercado digital. Pero hay capítulos que, dada su relevancia histórica, resultan complicados de cerrar, y sus epitafios, complicados de escribir.

Y es que, pese a que las cámaras no son sino un instrumento al servicio del fotógrafo, algunos nombres, algunas familias y modelos han conseguido convertirse en auténticos mitos, protagonistas de muchas historias.

Es inconcebible imaginar a Robert Kincaid retratando los puentes de Madison sin una Nikon F colgada al cuello

Uno es relativamente nuevo en esto de la fotografía, así que no puede presumir de un largo bagaje ni de una vitrina llena de piezas de rancio abolengo. De hecho, mi primera cámara fue una humilde F50 de segunda mano.

Con ella me enseñaron qué demonios era aquello del obturador y el diafragma, y la imagen latente y los minutos que necesitaba el fijador. Pero, sobre todo, que más allá de las fórmulas para calcular la profundidad de campo, todo eso servía para contar cosas.

Ante una nostalgia tan poco atractiva, nada como echar mano de historias ajenas. De todas ellas me gusta especialmente una que escribió Robert James Walker, titulada "Los puentes de Madison" y que después fue llevada a la pantalla. Dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por él mismo y Meryl Streep, el tercer papel es para una preciosa y algo destartalada Nikon; una F Photomic FTn, dicen los expertos.

Foto: Warner Bros

Posiblemente haya quienes no habrán reparado o no le habrán concedido la mínima importancia a este detalle. Pero quiero pensar que somos muchos los que no concebimos ciertas historias -certezas de esas que sólo pasan una vez en la vida, parafraseando al autor- o a Robert Kincaid, fotógrafo de National Geographic, retratando los puentes cubiertos del condado de Madison sin una Nikon F colgada al cuello.

Los mismos a los que se nos seguirá escapando una ligera sonrisa al leer que cuando Robert sacó la cámara "decía Nikon en la chapa plateada del visor; había una F a la izquierda y encima del nombre".

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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