Opinión

Nikon D80: evolución con todas las letras

 
9
AGO 2006

Aunque a primera vista pueda parecer lo contrario, el mundo de las cámaras réflex digitales es muy complicado: el público pide, las marcas ofrecen y el dinero cambia de manos. Pero debajo de esa costra de consumismo hay una ingente campaña de ingeniera social mezclada con zumo de marketing que convierte a las SLR digitales en un ente con vida propia. Intensa e interesante vida propia.

En el caso de Nikon la historia es, si cabe, mucho más interesante. La firma japonesa empezó triunfando con la , primero, y la D100, después, pero se dejó caer a la lona con la D2H, primero, y una discutible campaña de imagen, durante y después.

Nikon D80
Nikon D80

Mientras tanto, Canon sumaba y seguía con una producción constante y muchas cámaras... pero con pocas novedades sustanciales. Contaba -y sigue contando- con la poderosa arma mediática que es el fotoperiodismo, y es que aquella famosa instantánea de la banda de un partido de fútbol sembrada de tuberías blancas hizo historia.

Si los profesionales usan Canon, se decía, por algo será.

La mitad de la carrera
Pero todas las carreras -y ésta lo es- tienen una salida explosiva que da lugar a una progresión tranquila. Ahora que todos somos expertos en Fórmula 1, recordemos: ¿no son las salidas de cada carrera explosivas? Lo son, efectivamente, y a las pocas curvas se estabilizan las posiciones, dejando ya que se establezca, poco a poco, un orden lógico acorde a las características de cada equipo.

En nuestro mundo de fantasía y bastoncillos de caramelo que es el píxel y todo aquello que lo rodea, la carrera está ya por la vuelta 25. Canon sigue en cabeza y Nikon pinchó en la vuelta 10, pero volvió a la carga y está recuperando posiciones.

La D80 se erige como una auténtica novedad, una máquina hacia la que merece la pena evolucionar

Olympus aspira a escalar algún peldaño del podio a corto plazo, y otros contendientes como Panasonic, Sony y Samsung comienzan a acechar la cola formada por Pentax y Fujifilm.

Parábolas aparte, el nacimiento de la D80 es una muy buena noticia para todos los fotógrafos en general y los nikonistas en particular. A diferencia de las últimas tendencias (EOS 10D, 20D, 30D y 350D en Canon, y D70, D70S, D2X y D2Xs en Nikon), la D80 sí se erige como una auténtica novedad, una evolución, un salto cualitativo con todas las letras.

La D80 es, sobre el papel, una máquina nueva y con patentes mejoras hacia la que merece la pena evolucionar.

Con todas las cautelas del mundo y reconociendo que lo que sabemos de la D80 es sólo lo que desde Nikon nos han contado, veamos una serie de puntos algo más pormenorizados para hacernos una idea de cuán prometedora se presenta la D80 y cuán grande puede ser el fiasco si la cámara no responde a las ilusiones que nos hacemos.

Entre la D50 y la D200
El cuerpo de la D80 es casi tan compacto como el de la D50 y muy cercano al de la D70, de plástico, lo que supone la primera gran diferencia con la D200, cuyo cuerpo está constituido por aleación de magnesio. Este primer aspecto es fundamental para situarla en la órbita del fotógrafo aficionado o semiprofesional. Nikon, de hecho, ya ha confirmado su precio, que no alcanza los 1.000 euros.

El rango de sensibilidades es de 100 a 1600 ISO, pudiendo forzar estos parámetros hasta el valor no calibrado de 3200 ISO. Igual que en la D200, la resolución se eleva hasta 10 megapíxeles, cifra similar a la de la D200 y que casi duplica las exhibidas por la D70 y la D100. Por supuesto, el sensor es de tamaño APS-C.

La pantalla es virtualmente idéntica a la de la D200, aunque la de esta última suma 5.000 puntos más de resolución a los 230.000 de la D80. Las 2,5 pulgadas se consolidan, por fin, como el tamaño estándar de las SLR de Nikon.

Los menús de pantalla sacan partido de la experiencia adquirida por modelos anteriores y son más sencillos que en la D70. Se añaden nuevos modos de color -sepia, blanco y negro- y funciones de edición desde la cámara, permitiendo mitigar el efecto de los ojos rojos y mejorar la luminosidad de las imágenes capturadas.

El visor es más grande que en los primeros modelos SLR digitales de gama baja, e incorpora una rejilla para el encuadre que puede desactivarse a voluntad, algo que muchos agradecieron con la D100 y que -no sabemos por qué- brilla por su ausencia en modelos de gama superior, como la D2X.

El módulo de enfoque, por otro lado, es el Multicam 1000, el mismo que ya vimos en la D200 y que ofrece -en teoría- un autofoco rápido y preciso. 11 puntos en enfoque -los mismos que en la D200 y 7 más que en la D70 o la D100- permiten dar prioridad al sujeto más cercano y "modificarse" según las necesidades del fotógrafo, uniéndolos entre sí.

En el capítulo de la alimentación, las baterías empleadas por la D80 son las EN-EL3e, unidad utilizada ya por la D200 y que presume de indicación exacta de la carga restante y de una autonomía -en aquella máquina- de hasta 2.700 disparos por carga. En la D80, esta cifra se situaría -siempre según Nikon- en los 2.500 disparos.

Teniendo en cuenta que la D70 se promocionaba con 2.000 imágenes por carga, el consumo de la D80 sería soberbio si finalmente se confirman los datos hechos públicos hoy.

Novedad vertical
La D80 añade la posibilidad de usar una empuñadura, complemento éste fuertemente demandado por el público aficionado más avanzado y que sólo estaba disponible en los modelos de gama semiprofesional de Nikon.

Denominada MB-D80, la nueva empuñadura no sólo permite duplicar la autonomía con dos baterías, sino que posibilita usar seis pilas de tamaño AA y favorece la comodidad en el disparo vertical. Se venderá por separado, y aunque todo parece apuntar a la negativa, no se descarta el próximo lanzamiento de un kit especial con empuñadura incluida.

El almacenamiento de las imágenes en la D80 se realiza mediante un zócalo para tarjetas SD Card compatible con la nueva especificación SDHC, que supera la barrera de los 2 GB de capacidad. La ranura para tarjetas CompactFlash, así pues, desaparece en esta D80.

Cabe mencionar, por último, esa discreta cadencia de tiro de 3 fotogramas por segundo, la misma que la esgrimida por la D70 y la D100, y un par de fotogramas por debajo de la D200.

Digna sucesora

Con la llegada de la D80 nos asalta una duda: ¿cuánto tardará Canon en dar el contragolpe?

No nos encontramos ante una D70 maquillada. La D80 se nos aparece como una D70 muy mejorada o una D200 ligeramente capada. Sobre el papel, supone una mejora sustancial respecto a la descatalogada D100; es igual de rápida, pero con más resolución, mejor procesador, más pantalla, mejor enfoque y más autonomía.

Con la D80, la carrera que disputan en cabeza Nikon y Canon entra en una nueva vuelta, y las distancias son cada vez más cortas. Si cuando se presentó la D50 muchos nos preguntamos -erróneamente- si Nikon se había apretado el nudo de su propia horca, con la D80 nos asalta otra duda: ¿cuánto tardará Canon en dar el contragolpe?

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