Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Crónica

La diferencia está en la(s) óptica(s)

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25
NOV 2013
Iker Morán | Londres

El objetivo es más importante que el cuerpo de la cámara. De nada sirve el mejor sensor del mundo o las prestaciones más avanzadas si lo que ponemos delante no está a la altura. Esa obviedad que todos conocemos pero que olvidamos con mucha facilidad es desde hace muchos años el pilar de uno de los eslóganes nikonistas más conocidos (o al menos en España): la diferencia está en la óptica.

O en las ópticas, mejor dicho. Porque de eso precisamente iba la masterclass organizada por Nikon en Londres hace unos días coincidiendo con el O’Neill Shoreditch Showdown en el modernísimo Este de la capital inglesa. Toneladas de nieve colocadas en la recreación de una calle londinense –con su cabina, su buzón y su autobús, of course-, convertida en pista de malabarismo para esquís y snowboard.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)
El fotógrafo Mark Pain durante su charla ante la prensa reunida en Londres.

Entre camisas de cuadro y bigotes –estamos en Movember, amigos-, se celebraba el 80 aniversario de las ópticas Nikkor con una idea: hay vida más allá del omnipresente 18-55 milímetros que acompaña de serie a la mayoría de réflex del mercado y a la reciente D5300, coprotagonista de la jornada.

Porque la cosa no iba de objetivos profesionales ni de ese 58 mm f1.4 con aspiraciones estratosféricas ni de curvas MTF, sino de algo mucho más terrenal y posiblemente práctico para la mayoría: probar esos objetivos llamados a ser la segunda óptica de cualquier fotógrafo aficionado. No es una idea desdeñable teniendo en cuenta la mala fama de la que suele gozar ese zoom un tanto aburrido. Nos preguntamos si entre los nikonistas también se le conocerá con el cariñoso apodo del pisapapeles, como ocurre con otra marca…

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
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Mark Pain, fotógrafo embajador de Nikon, recomienda como segundo objetivo el 50 mm f1.8 o el 35 mm f1.8, los dos muy luminosos y asequibles

Pero, ¿qué segunda óptica se puede recomendar? El fotógrafo Mark Pain –embajador de Nikon y encargado de guiarnos en este seminario londinense de fotografía de acción- asegura que esa pregunta tiene una respuesta muy sencilla y rápida: el 50 mm f1.8 o el 35 mm f1.8.

Dos ópticas fijas, de precio muy moderado, con una gran luminosidad y perfectas para los retratos con poca luz –en Londes anochece ya a las cuatro de la tarde, así que perfecto- o para adentrarse en el fabuloso mundo del bokeh.

O para descubrir el potencial de los estupendos sensores que utilizan estas réflex y que el zoom estándar de 18-55 milímetros es incapaz de explotar, nos permitimos añadir en plan listillo. De hecho, ese 35 mm f1.8 es una de nuestras recomendaciones favoritas siempre que probamos una SLR de Nikon.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
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Pero nada mejor para los deportes de acción que una focal larga. Entre las opciones disponibles, nos decidimos por la más extrema: el polivalente y estabilizado 18-300 mm f3.5-5.6 VR, que montado en la D5300 ofrece una cobertura equivalente a 27-450 milímetros. Poco acostumbrado a lidiar con este tipo de zooms, hay que reconocer la practicidad de estos todoterreno.

Cierto que se trata de buscar un compromiso entre rendimiento, tamaño y precio, y que no cabe esperar resultados parecidos a los de una óptica fija, pero sin duda nuestra mochila y nuestra espalda lo agradecerán.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

¿A qué velocidad debemos disparar para congelar la acción? A 1/1.000 de segundo para asegurar el tiro, nos sugiere Pain a pie de pista mientras revisa con nosotros los ajustes de la cámara. La luminosidad de la óptica no es ninguna maravilla, pero por suerte la sensibilidad de la cámara responde. Tampoco está nada mal el sistema de enfoque de 39 puntos para esta categoría de réflex. Dicho de otro modo: si las fotos no están a la altura, es cosa del que estaba apretando el disparador, no del equipo.

Pero la foto no siempre está en el salto o en el primer plano, apunta el embajador de Nikon. Por eso es importante dedicar los primeros minutos a observar el recorrido y la rutina de los deportistas en cada salto. De todos modos, una óptica gran angular puede sernos de gran ayuda para buscar ese punto de vista diferente o sencillamente para abarcarlo todo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Ninguna de las casi 300 fotos disparadas se acerca a las que nos muestra Pain. Una segunda óptica es importante, pero nada puede reemplazar la mano y la experiencia del profesional

El ojo de pez de 10,5 milímetros siempre resulta muy eficaz para tomas llamativas. A falta de uno de ellos (nos entretuvimos intentado recuperar la temperatura de las manos después de la primera sesión y nos quedamos sin él), el zoom 10-24 mm f3.5-4.5 fue nuestro compañero en la segunda ronda de saltos.

Con un ángulo de visión equivalente a un angular de 15 milímetros, colocado a ras de la nieve puede dar mucho juego según los esquiadores se acercan. Es importante, eso sí, estar atentos para retirar la cámara a tiempo, porque la frenada a veces es un poco más apurada de la cuenta.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Hora de revisar las imágenes, y como era de esperar, ninguna de las casi 300 disparadas -esa ráfaga de 5 fotogramas por segundo tiene su peligro- se acerca a las que nos muestra Pain de su trabajo como fotógrafo de deportes. Una segunda óptica es importante, pero evidentemente nada puede reemplazar la mano y la experiencia del profesional.

Por cierto, pese a que estábamos en el epicentro del hipsterismo londinense, ni rastro de Lomos, Polaroids o cámaras de película entre el resto del público. Se ve que, entre lo moderno y lo práctico, aquí lo tienen bastante claro.

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