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Con texto fotográfico

"Un desastre que mató a miles de personas se ha convertido en una atracción turística" Ángel Navarrete

 
Foto: Ángel Navarrete
25
AGO 2011
Declaraciones obtenidas por Eduardo Parra

Fotógrafo inquieto, inconformista y siempre encima -muchas veces literalmente- de la noticia. Ángel Navarrete es un fotoperiodista de los de antes, de esos que no esperan a que les llamen para salir, cámara en mano, a la calle. Incluso si hay que ir al mismo corazón del infierno, como la zona perpetuamente afectada por la tragedia nuclear de Chernóbil.

Ángel Navarrete

Viajé a Chernóbil porque creía que era un tema interesante al coincidir con el 25 aniversario del desastre nuclear. Además, quería vivir de primera mano la experiencia de estar en un sitio donde se había parado el tiempo.

También creí que sería fácil colocarlo [publicarlo]. Lo ofrecí a algunos medios, y todos al principio se interesaron, pero con el terremoto de Japón y el desastre de Fukushima se excusaron diciendo que ya había demasiadas noticias sobre radiación.

Para este viaje me llevé los típicos trajes blancos que cubren todo el cuerpo, gafas y guantes de látex. Todo eso lo usé en momentos determinados, cuando el guía decía que la radiación iba a subir. Los guías de allí son como guías de museo en un museo de los horrores. Tienen un control absoluto de las zonas donde la radiación sube y se saben de memoria los niveles a los que llegan determinados espacios.

También me llevé un contador Geiger, muy básico, pero que me ayudaba a salir pitando de los sitios cuando consideraba que la radiación era alta. Aunque, en realidad, nunca estuve expuesto a niveles peligrosos.

Por tres días que pasé en la zona de exclusión creo recordar que tuve que pagar unos 400 dólares. Eso te lo cobra el Ministerio de Energía de Ucrania. Cuando haces el pago y dices qué días vas a ir, ellos te apuntan en una lista que tienen los soldados que custodian la zona de exclusión. Esta zona es enorme e incluye una ciudad y varios pueblos. Si hay algún error en tus datos, no pasas y se quedan con el dinero.

La gente que vive en los alrededores es más pobre que las ratas y no tiene formación. Además, al ser población agrícola, se comen todo lo que sale de la tierra, a pesar de las advertencias de las autoridades, porque no tienen otro remedio.

También son muy religiosos. Hay una fuente en un pueblo que está en el borde de la zona de exclusión, y hay la creencia de que esas aguas son milagrosas. A mí me dieron una botella llena con ese agua; la tiré en cuanto tuve la oportunidad.

Una de las cosas más chocantes es ver turistas andando por Pripyat, la ciudad más afectada de esa zona. Es curioso pensar cómo un desastre que mató a miles de personas se ha convertido en una atracción turística.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Fuentes y más información
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Ángel Navarrete
23 / ABR 2015
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