Opinión

Cardar la fama

 
25
JUL 2005

Unos tienen la fama y otros cardan la lana, dice el refrán. Otro dicho, más del terreno político que del refranero, dice algo así como "calumnia, que algo queda". Finicon, especialmente su servicio técnico, lo sabe bien: desde tiempos inmemoriales, ha sido atacado por todos los frentes. Que si es caro, que si es especialmente incompetente o, sencillamente, que no existe.

Desde tiempos inmemoriales, el servicio técnico de Finicon ha sido atacado por todos los frentes

Yo, que estoy acostumbrado a escuchar la historia según quien la cuenta, no suelo creerme nada o casi nada, especialmente en fotografía y sobre todo cuando se refiere a los servicios de reparaciones. Mientras unos afirman que Canon tiene un servicio excelente, otros juran que da pena. Por un lado se critica a Finicon, y por otro se le defiende. Vamos, que de cada cien opiniones, igual una es cierta... y a saber cuál.

El caso es que, por fortuna, nunca he tenido -había tenido- que recurrir al servicio técnico de Nikon en España, y no por no tener averías o roturas, sino porque siempre ha habido una instancia superior en mi trabajo que me ha eximido de tener que pasar por ese "mal trago". Sin embargo, el pasado mes metí la pata y rompí un flash; un SB-800, de un golpe contra el suelo. Mea culpa.

De modo que el día 16 de junio me tocó ir al servicio técnico de Finicon a pedir una reparación. La avería estaba, simplemente, en la pantalla LCD trasera, que al chocar contra el suelo se partió, por lo que resultaba imposible leer los datos que en ella aparecían reflejados. El flash, en el resto de aspectos, funcionaba perfectamente, a pesar del fuerte impacto.

El pasado mes metí la pata: rompí un flash SB-800 y tuve que acudir al servicio técnico de Finicon

La señorita que me atendió en las oficinas de Finicon en Madrid fue tremendamente amable. Recogió el flash afirmando que la avería era "leve" y no perdió la sonrisa en un momento. "¿Quiere presupuesto?", me preguntó. "Claro", dije yo.

(Lo que no se me dijo en ningún momento es que rechazar el presupuesto cuesta dinero. Eso sí, lo ponía en el reverso de la nota que me entregaron cuando se formalizó la entrega...)

"Para el día ocho [del mes siguiente]", me informó. "¿Para el ocho el presupuesto?", pregunté. "No, el ocho estará reparado; bueno, pueden ser un par de días, más o menos". La señorita no pudo evitar ver mi cara de asombro... "Es que tenéis una reputación bastante mala", reconocí en voz alta. Ella no cambió el gesto de su expresión; o era de cera -lo dudo- o no era el primero que se lo decía.

Cinco días después de autorizar la reparación recibí la llamada de Finicon avisándome de que el flash ya estaba reparado: que cada uno saque su conclusión

Pasaron las semanas y no hubo respuesta. El día 30 de junio llamé, pero me indicaron que aún no había presupuesto... pues vaya. El pasado jueves, día 7 de julio, es decir, un día antes de la fecha de entrega prevista que consta en el recibo que me dieron, me llamaron para darme el presupuesto, que no entraré a valorar porque -sinceramente- no tengo ni idea de lo que vale una de esas pantallas y tampoco sé si su sustitución es laboriosa.

Cinco días después de autorizar la reparación -un fin de semana incluido-, recibí la llamada del servicio técnico avisándome de que podía pasar a recoger el flash ya reparado. Así lo hice un par de horas después. Previo pago de más de 110 euros comprobé, satisfecho, que el flash funcionaba perfectamente; su pantalla, especialmente.

Ya es sabido que quitarse de encima una mala reputación es más que difícil. Pero, por si sirve de algo, que cada uno saque sus propias conclusiones de esa historia. No sé si hay algún dicho idóneo para la ocasión, así que me tomaré la libertad de inventarlo: una cucharada de azúcar no endulza el salero, pero deja buen sabor de boca.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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