Opinión

Un mundo sin imágenes

 
11
JUL 2005

El mundo se ha vuelto a convulsionar por la barbarie terrorista. En 24 horas se pasó de la alegría a la desesperación. En España, por desgracia, sabemos muy bien qué es todo aquello, aunque en esta ocasión los ciudadanos británicos han estado más aislados de la tragedia que en el caso de Madrid. Y es que hubo algo en Madrid que no hubo en Londres: imágenes.

El once de marzo del 2004 se tuvo, desde el primer momento, conciencia de la magnitud de la tragedia porque las imágenes fluían sin cesar a través de la televisión e Internet.

Hubo algo en los atentados de Madrid que no hubo en Londres: imágenes

Ese mismo once de marzo se puso de manifiesto el poder informativo que la gente de a pie, armada con sus pequeñas compactas digitales y móviles con cámara, tenía. Por muy rápidos que fueran los periodistas, la gente que allí estaba, testigo involuntario de la tragedia, no perdió la calma e inmortalizó en píxeles el horror.

Así, no fueron pocos los diarios que al día siguiente ilustraban sus páginas con fotografías de "aficionados" que pasaban por allí. Los correos electrónicos se inundaron de imágenes, imágenes que muchos profesionales no lograron tomar. La crudeza era tal que muchas de ellas jamás viajaron más allá de la pantalla del ordenador de las redacciones; muchas, incluso, fueron directamente destruidas debido a su extrema -créanme- crudeza.

Los españoles, acostumbrados a ver y vivir muy de cerca el terrorismo, sufrimos al ver la magnitud de la tragedia de Madrid. Ese sufrimiento fue compartido por todo el planeta, totalmente abatido al ver lo que estaba ocurriendo.

Ahora, las noticias tienen veinte millones de potenciales testigos gráficos

En Londres, en cambio, ha habido algo distinto. El mismo jueves era difícil encontrar gente que tuviera una idea de la tragedia... daba la sensación de que era otro atentado más. ¿Qué diferencia había, pues, entre los dos terribles atentados? La imagen.

En Londres se decretó un apagón informativo. Un apagón que funcionó a medias, especialmente ayudado por el hecho de que la zona cero estuviera bajo tierra. En cualquier caso, mientras la mayoría de medios ingleses aceptaron el "pacto de silencio", no lo aceptaron tan bien el resto de ciudadanos.

Las cámaras compactas y -sobre todo- los teléfonos móviles, mucho más modernos que en 2004, fueron los primeros testigos que dejaron constancia gráfica del suceso. Pequeños vídeos y fotografías que convirtieron a los comunes pasajeros en reporteros improvisados. Una prueba más de que la informacion es poder y de que ese poder lo tenemos ya casi todos.

Las cámaras digitales se usan tanto para hacer fotos a escaparates como para ejercer improvisadamente de fotoperiodistas

Pero que no nos inunde el desánimo, que esta actitud no sólo se ha visto en los momentos terribles. Hay cientos de páginas web, blogs e incluso algunos periódicos importantes que se nutren -en parte- de las instantáneas tomadas por los propios lectores.

Partos en plena calle, el famosillo de turno que pasea, una tubería que se rompe, un incendio... ¿Cuántas fotos recibió el edificio Windsor durante su funeral? Ahora las noticias tienen veinte millones de potenciales testigos gráficos.

La importancia de las cámaras digitales, dotadas ya de alta calidad y un precio relativamente barato, ha traspasado el mero entretenimiento o la simple reducción de costes al prescindir del revelado y el carrete.

Las cámaras digitales se usan para todo: desde fotos a escaparates para consultar con los amigos qué ropa comprar, hasta -como hemos visto- para permitirnos ejercer improvisadamente de fotoperiodistas.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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