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OpiniónContando píxeles

Regalos contemporáneos

 
4
JUL 2005

Hace ya tiempo que la prensa diaria de este país parece haber entrado en una curiosa lucha para ver quién regala más cosas a sus lectores. Acercarse los domingos al kiosco se ha convertido en todo un reto para nuestra capacidad de transportar los kilos de papel que suman el periódico, los suplementos, los trípticos publicitarios insertados en su interior, el especial sobre moda, la enciclopedia a tomos que regala, el libro de cocina y un DVD... por sólo 2 euros más.

Eso por no hablar de los estupendos especiales sobre fotografía digital que algunas cabeceras incluyen periódicamente, donde el arte de los publirreportajes convive con el sutil ejercicio del copiar-pegar de los redactores de turno, fieles lectores de ciertas páginas web. Pero bueno, ése es otro tema.

Un diario ha decidido preparar las vacaciones de sus lectores regalando un coleccionable sobre fotografía con el que se incluye una cámara de un solo uso de Kodak

Últimamente, este alarde de generosidad de las distintas cabeceras ha tomado ciertos aires surrealistas. Al saber que un conocido periódico madrileño iba a regalar un par de pulseras de esas que están de moda con una frase de Juan Pablo II y otra de Benedicto XVI impresas -no es broma-, parecía que se había establecido una meta imbatible.

Pero tardaron poco en superarse a sí mismos: los dos cruasanes que regalan (o regalaban) cada día a los compradores de su diario -tampoco es broma- se convirtieron por méritos propios en los ganadores indiscutibles de tan singular competición.

El caso es que el otro día me sorprendió la nueva promoción lanzada por otro rotativo, que ha decidido preparar las vacaciones de sus aventureros lectores regalando un curso coleccionable sobre fotografía firmado por National Geographic, con el que se incluye -agárrense- una cámara de un solo uso de Kodak.

Nada que objetar a ese curso de fotografía. Siempre viene bien repasar o aprender las nociones básicas, que últimamente parecen un tema secundario ante tanta tecnología. Pero coincidirán conmigo en que lo de regalar una cámara de película de usar y tirar en plena cresta de la histeria fotográfica digital tiene su miga.

No sé si se trata de una peculiar ironía del periódico en cuestión o es que Kodak pretende hacer hueco en sus almacenes para la llegada de nuevos modelos digitales.

Aparte de los lectores de aquel periódico que vayan con su cámara de regalo, pocos más veremos en septiembre entregando los rollos para revelar

Sea lo que sea, la verdad es que la cantidad de chistes que pueden hacerse en torno a esta promoción da que pensar sobre lo rápido que estamos enterrando la película química. Un sepelio que parece imparable, por mucho que consumidores y marcas se empeñen en mantener vivo el espíritu del cuarto oscuro aun cuando los números insisten en llevar la contraria.

Kodak, por ejemplo, ha asegurado muchas veces que tiene la bendita intención de mantener la producción de película y químicos durante unos cuantos años. Agfa, otro de los grandes productores, dudo que esté ahora mismo en condiciones de hacer aseveraciones tan rotundas.

También les podríamos preguntar su opinión a las pequeñas tiendas que hasta hoy han sobrevivido vendiendo carretes y revelando copias y que ahora se tambalean con la cruel competencia en la venta de digitales, con los márgenes bastante ridículos que estas ventas deparan.

O también podemos hacer un rápido estudio sociológico. Bastará con fijarse durante estas vacaciones en la cantidad de personas que se encuentran sacando fotos como toda la vida: ojo pegado al visor y nada de mirar luego la parte trasera de la cámara, a ver si el retoño ha cerrado los ojos. Aparte de los lectores de aquel periódico que vayan con su cámara de regalo, pocos más veremos en septiembre entregando los rollos para revelar.

Tal vez ha llegado el momento de dejar a un lado lo políticamente correcto y reconocer que a los procesos químicos les quedan dos telediarios

No se trata de dar ya la extremaunción a los haluros de plata. Ni siquiera de cuestionar las buenas fotos que se pueden hacer con una compacta de estas de usar y tirar. Y mucho menos darle a la tecnología y a la cámara más importancia de la que realmente tiene, salvo para aquellos que piensan que el fotógrafo es sólo el tipo que aprieta un botón.

Pero tal vez ha llegado el momento de dejar a un lado lo políticamente correcto -y el romanticismo, si me apuran- y de reconocer que a los procesos químicos les quedan dos telediarios. Sobrevivirán unos cuantos años relegados a casos muy concretos y profesionales, posiblemente, y casi desaparecidos del mundo del consumo.

Pero el día en que las pérdidas económicas sean insalvables para las marcas tradicionales de este sector, seguramente el tema no dé para más. La pregunta será, en todo caso, a cuántas más de esas marcas de toda la vida arrastrará esta dura transición que estamos viviendo.

De momento, y de cara a los inevitables fascículos de septiembre, se me ocurre una propuesta, a ver si alguien se anima con la labor histórica: "Carretes de película, colecciónelos antes de que desparezcan".

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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