HISTORIA DE UNA FOTO

Sesión de estudio: modelando la foto  

28
JUN 2005

La fotografía de estudio es un mundo aparte. A semejante evidencia, podemos añadir que no es lo mismo sacar fotos a un grifo que a una modelo, o que si fotografiamos a una modelo, no es lo mismo hacerlo para vender una chaqueta que para "vender" su propia imagen. QUESABESDE.COM ha buceado en las entrañas de una sesión de estudio con modelos para ver qué se cuece entre bambalinas.

Hacer fotografía de estudio -y no necesariamente en un estudio- no es nada fácil. Puede parecerlo, ya que teóricamente se dispone de un control total de la luz. Sin embargo, tener el control no significa saberlo aprovechar.

Para tratar de arrojar luz -nunca mejor dicho- sobre esta disciplina que es la fotografía de estudio, vamos a ver qué se debe hacer cuando es uno mismo el que aprieta el botón, coloca las luces y se enfrenta a toda una modelo profesional. Un ejercicio ilustrativo cuyo aleccionamiento puede serle útil a todo aquel que desee adentrarse en este tipo de fotografía, sea cual sea el -o la- modelo que pose ante el objetivo.

Cabe tener presente, en primer lugar, que este tipo de sesiones son un tanto complicadas, sobre todo cuando nuestra "víctima" no cuenta con mucha experiencia. No es lo mismo disponer de una modelo que sabe cómo posar que de una que -como quien dice- acaba de aterrizar.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Cuando el fotógrafo acuerda la realización de la sesión, lo habitual -o al menos lo recomendable- es saber cuál es la finalidad de esa sesión y con quién se va a trabajar. Obviamente, no es lo mismo fotografiar a una modelo profesional que a una actriz.

Un primer paso es conocer a la modelo o, como mínimo, tener claro quién es, cómo es y qué se puede sacar de ella; si le va a sentar mejor la luz dura, por ejemplo, o si será preferible usar luz plana.

Es inútil, por ejemplo, utilizar un ventilador si la modelo en cuestión lleva el pelo corto, o contar con la presencia de ciertas mascotas si les tiene pánico o alergia. La improvisación, en estos casos, hay que administrarla con cuentagotas para dejar en manos de la providencia los más insignificantes detalles.

Una vez hechos los deberes, cuando llegue la modelo hay que romper el hielo. No es todo llegar y disparar: hay que establecer una complicidad con ella. Si no hay un plan previsto, no hay foto, pero si no hay complicidad, tampoco.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

En función de los flashes o luces de que dispongamos y de la complejidad de nuestro esquema de iluminación, podremos colocar todo el material mientras la modelo se cambia y maquilla, o bien tenerlo ya previamente preparado. En todo caso, es importante no hacerle esperar.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

A la hora de colocar las luces, se ha de tener presente el aire que se le quiere dar a la foto. Una luz plana y blanda es útil para catálogos de moda, por ejemplo. Este tipo de luz se utiliza para rellenar zonas oscuras, sin que surjan sombras adicionales, aunque tiende a aplanar el cuerpo y a dejarlo carente de volumen. Se corre el riesgo, en suma, de ofrecer una imagen visualmente aburrida.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

La luz dura, por el contrario, es una luz nada difusa y muy direccional. Resalta la textura de los objetos y los contornos de la superficie y es muy útil cuando queremos iluminar sólo una zona sin que la luz se expanda.

Los inconvenientes de la luz dura son diversos. Para empezar, un ángulo de incidencia de la luz no adecuado puede arruinar la escena. Éste sería el caso de una luz dura demasiado contrapicada para una foto romántica, por ejemplo. Además, es fácil que existan zonas que queden sin iluminar, o que se formen sombras antiestéticas -la típica foto del flash integrado.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Combinaciones luminosas hay en número casi infinito y depende de la habilidad del fotógrafo dar con la adecuada. Un bodegón no se agota si probamos mil tipos de luz, pero una modelo, sí. Si no tenemos claro el esquema de luces, mal irá nuestra sesión.

En las luces también hay que pensar a la hora de dotar a las escenas de "ambiente". Un naranja cálido ofrecerá una imagen más acogedora, mientras que una dominante azul imprimirá agresividad. Este paso puede realizarse en el posprocesado digital, pero no está de más tenerlo en cuenta antes de disparar.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Por último, cabe tener presente la comodidad de todos y cada uno de los que participan en la sesión. Las luces dan calor, pero un posado en traje de baño puede ser una gélida experiencia. Encontrar la temperatura idónea es vital, porque tanto si nos pasamos por exceso como por defecto, puede que nuestra modelo no esté cómoda.

Una vez logrado el ambiente ideal, es hora de comenzar la sesión. Hay que asegurarse de que la modelo sepa qué queremos hacer y lo que esperamos de ella; una vez logrados nuestros objetivos básicos, ya tendremos tiempo de experimentar.

La sesión ha de constar de una serie de indicaciones previas, máxime si la modelo es novata. Se le debe decir qué es lo que se va a hacer, escuchar qué es lo que ella quiere y cómo se va a conseguir plasmar todo esto en una foto.

Hay que indicarle también algunos pequeños truquillos para que no se aprecien ciertos detalles -llamémosles- antiestéticos, aunque ocultar los defectos y resaltar las virtudes es máxima responsabilidad del fotógrafo. No hay lados malos, sino malos fotógrafos.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

A partir de aquí todo queda ya en manos del fotógrafo y en su forma de llevar a la modelo. No hay que limitarse a decir "muévete", sino que debe indicarse cómo ha de moverse, cuándo ha de pararse, cómo tiene que mirar y hacia dónde.

Es el fotógrafo quien decide, no la modelo. Si la modelo intuye que el fotógrafo no sabe qué hace, se acabará el juego. Sólo las modelos con experiencia saben explotar su imagen; una modelo novata, por el contrario, estará perdida sin la tutela de quien maneja la cámara.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Improvisar -decíamos-, lo justo. A veces, sin embargo, es inevitable. No todos disponemos de flashes de repuesto, y éstos se averían. Otras veces encontramos que el lugar en el que tomaremos las fotos es muy soso o, simplemente, incompatible con nuestros propósitos.

¿O es que alguien se imagina una sesión de lencería en la catedral de Burgos?

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