Opinión

Aunque la mona se vista de seda

 
16
MAY 2005

Ni "lifting", ni estiramiento de piel, ni cirugía, ni cremas milagrosas. Nada como una buena sesión de Photoshop para dejar a su candidato preferido rejuvenecido unas cuantas décadas.

Las campañas electorales -en efecto- han demostrado ser el mejor banco de pruebas para que los genios del retoque demuestren las virguerías y milagros que se pueden conseguir mediante curvas, máscaras y tampones de clonar.

Las campañas electorales son el mejor banco de pruebas para que los genios del retoque demuestren las virguerías que se pueden conseguir

El problema -¿adivinan por dónde voy?- es cuando se les va la mano o el ratón. Y claro, se empiezan a quitar años y arrugas y uno al final acaba un poco asustado al toparse con ese dichoso cartel donde un Fraga juvenil y vigoroso parece dispuesto a bañarse otra vez en Palomares, como en aquellos tiempos.

Más allá de lo surrealista del asunto, y cuestiones políticas aparte, la verdad es que tampoco hay para tanta polémica y revuelo como se ha montado. Al menos desde el punto de vista fotográfico.

Ya hemos hablado en estas líneas de la intrínseca subjetividad que hay detrás de esa supuesta pureza objetiva de la fotografía. Así que no pongamos el grito en el cielo, porque el retoque de las imágenes no se ha inventado con la campaña electoral gallega.

O, si no, que pregunten a los fotógrafos de moda si las modelos tienen unas pieles tan puras y perfectas como las que luego lucen a toda página en el anuncio del diseñador de turno.

Ni siquiera hace falta ser tan sutiles. Los usuarios de cámaras digitales seguro que tienen la sana costumbre de echar un vistazo a los niveles de la imagen, corregir un poco la exposición... por no hablar de las máscaras de enfoque para las SLR digitales o de los archivos RAW.

Así que, aunque ahora sea portada de los periódicos y recurrente tema de chistes, el asunto es tan viejo como la fotografía. Si toca ponerse puristas -no se puede manipular la imagen-, habría que plantearse qué es lo que ocurría con el positivado de las fotografías en el cuarto oscuro.

Filtros de densidad, reservas, o un simple reencuadre. Cartier-Bresson, por ejemplo, nunca reencuadraba sus fotografías. Según el genio del momento decisivo, el fotógrafo debía ser capaz de capturar la imagen definitiva directamente en el negativo sin necesidad de posteriores arreglos para centrar la atención o modificar la composición original.

Aunque ahora sea recurrente tema de chistes, manipular imágenes es tan viejo como la fotografía

Algunos de los mejores fotógrafos de la historia tienen mucho que agradecer a sus copistas, sin que ello desmerezca en absoluto su trabajo. No hace falta indagar demasiado en las imágenes del mítico Sebastião Salgado para apreciar en algunas auténticas proezas de laboratorio. Adrien Bouillon -retoques y copias de trabajo- e Isabelle Menu -copias fotográficas- constan en el más que recomendable libro "Éxodos del artista".

Otras veces es el azar el que juega sus cartas en el laboratorio. De sobra conocido es el caso de las míticas fotografías de Robert Capa sobre el desembarco de Normandía.

Después de jugarse el tipo, tirado en la playa junto a los soldados aliados aquel día D a la hora H, esquivando balas y llevando a la práctica su teoría sobre las fotos que no son buenas por no estar suficientemente cerca, resulta que envió los rollos al laboratorio y allí, con las prisas, utilizaron una temperatura demasiado alta en el secado de los negativos.

Como consecuencia, muchos de los originales se perdieron y las imágenes que se salvaron quedaron bastante deterioradas, con un grano muy exagerado. "Ligeramente fuera de foco", tituló uno de sus libros Robert Capa con cierta ironía.

Afortunadamente, los de la foto también hablan, opinan... y ellos mismos se colocan en el siglo que les corresponde

El caso es que este retoque accidental de las imágenes dio como resultado unas copias diferentes a las fotografías contenidas en los negativos originales. Pero lejos de estropearlas, les confirió ese aspecto tan particular con el que han pasado a la historia.

Así que todas estas artes que nos brinda la fotografía digital no son nada nuevo. Cierto que no son tan románticas como antaño, y que en malas manos pueden ser un auténtico peligro... pero a veces los resultados son tan divertidos como el caso que nos ocupa hoy.

Además, tampoco hay que preocuparse en exceso por la imagen de los carteles electorales. Afortunadamente, los de la foto también hablan, opinan... y ellos mismos se vuelven a colocar en el siglo que les corresponde. Y, que yo sepa, todavía no se ha inventado ninguna versión del Photoshop que permita maquillar según qué despropósitos.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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