Opinión

Beso en venta

 
18
ABR 2005

Leo en el periódico que se va a subastar la famosa foto de Robert Doisneau en la que una joven pareja aparece retratada en pleno centro de París mientras se besan apasionadamente. Así que hoy toca ponernos un poco sentimentales.

"Le Baiser de l'Hotel de Ville" es su título oficial, que traducido, reducido y popularizado como "el beso", ha servido para identificarla entre las grandes obras fotográficas del pasado siglo. En forma de póster ha decorado miles de paredes desnudas y posiblemente sea una de las pocas obras que se atreva a competir en popularidad con aquella mítica imagen de Alberto Korda.

La genial instantánea de Doisneau fue considerada una imagen captada espontáneamente, pero la cosa se complicó y acabó explicando que había sido un posado

"El beso" es, además, una de esas fotografías cuya historia fortalece aún más su carácter de leyenda. La imagen, captada en 1950, pertenece a una serie que Doisneau tomó para la revista American Life y que pretendía -y evidentemente consiguió- reflejar la idea de París como ciudad del amor.

Aunque ahora ya casi todo el mundo conozca su origen, durante muchos años la genial instantánea frente al ayuntamiento parisino fue considerada como una imagen captada de forma espontánea. Pero la cosa se complicó en 1992, cuando Jean y Dense Lavergne se identificaron como los enamorados que habían protagonizado el beso y reclamaron una compensación económica. No se puede negar que, derechos de imagen aparte, es una cruel manera de romper el misterio y el encanto.

A raíz de la denuncia, Doisneau acabó explicando que la imagen había sido en realidad un posado. La señora Bornet y el señor Corteaud -auténticos protagonistas, estos sí, de la escena- eran novios y estudiantes de teatro por aquella época. Cuando el fotógrafo les vio besarse en un café les pidió que repitieran la escena en la calle para que él pudiera inmortalizarles con su cámara.

Foto: Robert Doisneau

Más allá de la romántica decepción -para colmo, se ve que la pareja no duró demasiados meses-, hay quienes han visto en esta revelación el fin de un auténtico mito de la fotografía y no han dudado en criticar que se tratara de un montaje.

Es aterradora la facilidad que tenemos para despellejar las fotografías ajenas, bien porque son un montaje o porque el único mérito del fotógrafo es estar allí y darle al botoncito

Una curiosa reflexión que viene a decir que si todo fue fruto de la casualidad, de una cámara cargada -lista para disparar- y un dedo ágil, la fotografía es genial. Pero si, por el contrario, Doisneau tuvo la idea, pensó una composición atractiva, colocó a los personajes y obtuvo la imagen deseada, entonces la cosa no tiene mérito.

Es cuestión de opiniones, claro está. Pero es realmente aterradora la facilidad que tenemos para despellejar las fotografías ajenas. Los argumentos suelen ser tan variados como contradictorios, de tal forma que se puedan modelar y lanzar contra cualquier obra que requiera nuestra indispensable opinión.

Todos hubiéramos deseado estar allí, al otro lado de la cámara, y firmar esa foto por muy preparada que estuviera

Unas veces porque es un montaje, otras porque el único mérito del fotógrafo es estar allí y darle al botoncito. Las imágenes de guerra nos resultan demagógicas; se aprovechan del sufrimiento ajeno y, además, seguro que el fotógrafo -piensan muchos- le ha sacudido una bofetada al niño famélico para que siga llorando. Pero en la línea siguiente, ese ensayo artístico lleno de "glamour" resulta vacío y no nos transmite nada.

La verdad es que no entiendo nada. Lo que ocurre, creo, es que todos hubiéramos deseado estar allí, al otro lado de la cámara, mientras aquellos dos jóvenes se besaban. Y firmar esa foto, por muy preparada que estuviera.

Pero como eso ya resulta un poco complicado, la única opción es ahorrar de aquí hasta agosto los 20.000 euros que la señora Bornet espera obtener por la subasta de una copia original que le envió el propio Doisneau. Para enmarcarla, colgarla en casa y tirarnos de los pelos cuando algún listo la vea y nos diga que nos quedó un poco movida. Y que tiene mucho ruido.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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