Opinión

Si mi gata tuviera cámara, sería fotógrafa

 
11
ABR 2005

Si algo ha traído la fotografía digital, es que cualquiera hace fotos. Antes -hace tres años, que tampoco es tanto- las cámaras compactas se sacaban de higos a peras. Primero, porque hacer fotos era caro; segundo, porque los resultados eran penosos: malos encuadres, fotos oscuras o quemadas, desenfoques por doquier...

Hoy, cuando salimos de casa, cogemos el móvil, la cartera, las llaves y... la cámara. Porque hacer fotos ya no es caro, pero sobre todo, porque ya no es difícil. No es que el píxel nos dé un poder sobrehumano para hacer mejores fotos, no. Simplemente ocurre que ahora disponemos de cámaras que eligen por nosotros la obturación, la abertura y la sensibilidad. Vamos, que fallar es difícil. Y si se falla, se repite la foto.

Ya no es necesario recurrir al "cuñado que sabe hacer fotos", sino que cualquiera con su cámara igual te hace tanto un bordado como un punto de cruz

Esta nueva forma de hacer fotografía tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las buenas son que por fin podemos recordarlo todo; he visto quien ha pasado de escribir su diario a fotografiarlo. Hoy me he comprado estas zapatillas... ¡Flash!, foto. He ido con fulanito a tal bar... ¡Flash!, foto. Todo queda inmortalizado.

Otra bendición es que ya no es necesario recurrir para todo al "cuñado que sabe hacer fotos". Ahora, cualquiera con su cámara igual te hace tanto un bordado como un punto de cruz. Vamos, que desde la foto de tu viejo pitufo de peluche para vender en Internet hasta los recordatorios de comunión. Si es que somos como McGiver, pero en fotógrafo.

¿Y dónde está el lado oscuro de semejante elenco de ventajas? Pues en nosotros mismos. Y es que pretendemos fotografiarlo todo. Todos los monumentos -sean de piedra o de carne y huesos-, todas las obras de arte, todas las chorradas que se nos ocurran... y cuando nos damos cuenta, resulta que para ver dónde hemos estado tenemos que mirar las fotos porque con nuestros ojos no hemos visto nada.

¿Dónde está el lado oscuro de semejante elenco de ventajas? Pues en nosotros mismos, que pretendemos fotografiarlo todo

Peor es si vamos en grupo: todos quieren hacer la misma foto porque todos quieren tenerla. Imagínense que en una fiestecilla nos topamos con algún personaje "digno" de ser fotografiado. No le castigaremos con una sola foto, no, sino con dieciocho. Dieciocho fotos de nuestros dieciocho acompañantes que llevan cámara. Lo de pedir copias -con lo fácil que es enviarlas por correo electrónico- ya no se estila.

¿Y qué hay de lo del famoso cuñado fotógrafo? Pues que por ahorrarnos un dinero o el sermoncito del cansino pariente, al final nos conformamos con un churro. Hay en los foros de fotografía muchos mensajes del tipo "Mi empresa va a comprar una cámara y no sabemos cuál coger". Sólo con ver ese mensaje uno se imagina cómo van a quedar las fotos.

Hombre, si la foto es para ver el antes, el durante o el después del proceso de limpieza de una pintada en el metro, pues no hace falta ni mucha habilidad ni mucha tecnología. Del mismo modo, para hacer inventario de una tienda de botones, lo indispensable es paciencia. El problemón viene cuando un restaurador quiere hacer las fotos de su nuevo menú, o cuando el padre tacaño quiere ahorrarse el sueldo de un fotógrafo profesional el día del bautizo.

Un efecto muy preocupante es que se vea mermado el nivel de exigencia que aplicamos a la hora de analizar una foto

Aunque podría pensarse que el resultado es uno solo, el desastre llega por duplicado. El primero de los efectos de semejante autarquía fotográfica es, en efecto, el desastre: desesperación al ver la chapuza que hemos hecho y frustración porque ya no podemos rebautizar al chaval.

Pero hay un segundo efecto más preocupante, y es que se vea mermado el nivel de exigencia que aplicamos a la hora de analizar una foto. Lo veo en mis amigos, familiares o aficionados sin más que me consultan por correo electrónico.

Recuerdo que algunos amigos me mandaron fotos del Windsor, a cada cual peor: grano, desenfoque, sin detalle, quemada -qué mal chiste-, movida... Pero para ellos eran buenísimas; eran sus fotos. Es lo que tiene el ego, que no sólo nos hincha el pecho, sino que también mejora nuestras fotos. Vamos, que si mi gata tuviera cámara...

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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