Opinión

Fotografías subjetivas

 
7
MAR 2005

Por aquello de hacer más soportables las doce horas de avión hasta la feria PMA -y otras tantas de vuelta-, no se me ocurrió otra genialidad que llevarme el famoso libro de Urdaci para hacerme compañía.

Aún estoy pagando los efectos secundarios de tan terrible decisión. Después de cruzar el Atlántico con esos "Días de ruido y furia", además de tener la certeza de que existe ahí fuera una conspiración de rojos, separatistas y masones, uno no puede resistir la tentación de ponerse a hablar de manipulaciones y objetividades en cuanto ve un teclado.

Aunque la manipulación de imágenes no es nada nuevo, la nueva etapa digital ha vuelto a traer a primera línea este tema.

Y la verdad es que resulta sencillo relacionar este tema con la fotografía. Aunque la manipulación de imágenes no es nada nuevo -hace ya muchos años que Stalin se dedicaba a finos trabajos de laboratorio con fotos de Lenin y Trotsky-, la nueva etapa digital ha vuelto a traer a primera línea este tema.

Precisamente se hablaba hace poco en estas páginas de un aspecto colateral: los famosos "hoax" -rumores falsos difundidos a través de Internet- que también se cuelan en el mercado fotográfico. Un poco de Photoshop, un 1 convertido a 2, y ya tenemos la D200, por citar un ejemplo conocido.

Pero muchas veces ni siquiera hace falta pasar por el ordenador. Basta con descontextualizar una fotografía para que ésta se convierta en una macabra curiosidad -las fotos del tsunami que no eran tales- o en una bonita campaña de desinformación, como aquellos pájaros recubiertos de petróleo de cuando la primera guerra del Golfo y que en realidad nunca habían estado en Iraq.

Si antes una fotografía otorgaba una gran dosis de credibilidad a una información, ahora se ha despertado en nosotros un nuevo y sanísimo escepticismo

Por no hablar de uno de los casos más sangrantes ocurrido hace bien poco: la imagen de un madelman apareció publicada en muchos medios de comunicación como la fotografía de un soldado estadounidense secuestrado.

Si se prefiere algo un poco más elaborado, los muchachos de un conocido periódico eran hace años unos grandes especialistas a la hora de hacer desparecer, por arte de magia, ikurriñas de las fotografías de los Sanfermines. En fin, un largo y curioso listado de barbaridades que darían para mucho más que estas cuatro líneas.

El caso es que entre unas cosas y otras hemos terminado por no creernos nada. Si antes una fotografía otorgaba una enorme dosis de credibilidad a una información, ahora se ha despertado en nosotros un nuevo y, por otra parte, sanísimo escepticismo hacia el origen de cualquier imagen.

Al igual que las noticias, tampoco las fotografías pueden ser objetivas, pues son fruto de una visión personal del fotógrafo que asume una serie de decisiones subjetivas

Tal y como nos explicaban en las primeras clases de la facultad, al igual que las noticias, tampoco las fotografías pueden ser objetivas. Se trata de una visión personal del fotógrafo que en un momento dado asume una serie de decisiones subjetivas (el momento del disparo, el encuadre, la focal...) que dan lugar a una imagen única.

Lo que sí cabe exigir a este tipo de imagen periodística es veracidad y rigurosidad. Exactamente las mismas que esperamos de cualquier medio, sea cual sea su contenido. De lo contrario, como en todos los ejemplos citados, uno se adentra en el pantanoso terreno de la manipulación. Y de ahí a terminar leyendo sentencias judiciales a toda prisa y con siglas intercaladas sólo hay un par de telediarios.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar