Crónica
PMA 2005: CRóNICA

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24
FEB 2005
Iker Morán   |  Orlando

Esto se acaba. Bueno, de hecho, ya ha terminado. A la una en punto del mediodía del miércoles -hora local- y tras una mañana soporífera, cerraba sus puertas la feria PMA 2005. Con el pabellón principal ya libre de visitantes, sólo falta desmontar todos los stands, recoger los trastos, meter prisa a los últimos rezagados que nos estamos columpiando en la sala de prensa y echar el candado hasta el año que viene.

La otra opción es acudir a la fiesta de despedida que en estos momentos se está celebrando en alguna de las muchas salas que tiene este enorme centro de convenciones. Aunque, vista la estampida del personal hacia los taxis, autobuses y limusinas -todavía hay clases, sobre todo aquí- que esperan en la puerta, dudo que sea muy concurrida.

Poco se puede decir a modo de resumen de una feria que no pasará a la historia por ser una de las más intensas o fecundas. Pocas novedades, menos sorpresas y alguna que otra decepción por productos que no acaban de llegar.

Pero si hay que sacar conclusiones, se sacan. El tema de las réflex sí que no ha dado para mucho en esta ocasión. Pese a ello, siguen siendo las protagonistas indiscutibles. Y, si no, que lo pregunten a la modesta EOS 350D, que se ha convertido en la niña bonita de la feria, con el permiso de la más profesional aunque menos renovada D2Hs de Nikon.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Para las compactas, resoluciones de entre 5 y 8 megapíxeles, mientras los segmentos de 3 y 4 parecen que van poco a poco quedando arrinconados. Más interesante es la progresiva tendencia de los fabricantes a dotar a los nuevos modelos de algo más que píxeles.

Los estabilizadores de imagen, por ejemplo, empiezan a ser comunes en muchas gamas digitales. Pantallas LCD enormes, diseños atractivos, ópticas de calidad y con potentes zoom e incluso sistemas de transmisión Wi-Fi. Por no hablar de los avances en cuanto a la grabación de vídeo.

Así que con los deberes hechos -excepto la maldita foto de un Elvis- y las cosas de última hora enviadas para que los compañeros de allá no se piensen que la feria también ha terminado para ellos, hace falta un plan para aprovechar las horas que quedan antes de hacer las maletas y prepararse para 14 horas de avión.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

La opción de quedarse en el hotel viendo la tele no es una buena idea. Infinitos canales donde encontrar el parte meteorológico de Oklahoma minuto a minuto, reality shows que hacen que los nuestros parezcan documentales de La 2, anuncios de yogures que no es que no engorden, es que adelgazan, y una insistencia terrible para que te compres pastillas para todo: para sentirse bien, quitar la depresión, volver a tener pelo, para una noche de pasión...

Si no fuera por los Simpsons, a saber qué acabaría votando esta pobre gente.

Además, es duro creer que tras esta sucesión de hoteles, autopistas, parques temáticos y centros comerciales -todo impregnado con cierto olor a barbacoa- no hay una ciudad de verdad, con sus calles, su ayuntamiento, sus tiendas... En fin, esas cosas. Tampoco es mucho pedir, ¿no?

Esa es la misión a llevar a cabo antes de dejar el continente. Si fracaso, pienso escribir una carta al señor PMA para que el año que viene nos traslademos todos a Nueva York. En cualquier caso, para la próxima feria, el bocata me lo traigo de casa.

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