Opinión

Una nueva vida

 
7
FEB 2005

Todo cambio tecnológico a gran escala, además de las consecuencias más evidentes, también conlleva nuevas cuestiones que hasta ese momento nadie o casi nadie se había planteado. La fotografía y su boom digital no escapan a estos matices colaterales que ya empiezan a formar parte de lo cotidiano.

La popularización de la informática y de los ordenadores domésticos, por ejemplo, ha conducido a la aparición de un serio problema a la hora de deshacerse de los aparatos obsoletos. Hace poco nos contaban en las noticias cómo la región china de Guiyu se había convertido en el vertedero mundial de ordenadores, con el consiguiente desastre ecológico para la zona y de salud laboral para los que se dedican a rescatar piezas de estas máquinas.

Quizás esa bonita idea de que la fotografía digital tenía su vertiente ecológica no sea más que eso: una bonita idea

No sé si en la fabricación de las cámaras digitales intervienen tantos elementos contaminantes y potencialmente perjudiciales como los que, por lo visto, se emplean en los chips informáticos. Berilio, cadmio, mercurio y una larga lista de productos cuyo destino son estos vertederos situados lo más lejos posible del Primer Mundo.

Así que esa bonita idea que teníamos de que la fotografía digital, en cierto modo, tenía su vertiente ecológica por aquello de evitar el uso de los productos químicos de revelado -muy contaminantes y que no siempre eran recogidos y tratados como se debía- puede que, en realidad, no sea más que eso: una bonita idea.

No tardaremos muchos en saber el futuro que le espera a nuestras viejas cámaras digitales. Sólo hay que esperar algún tiempo para que el número de usuarios que renueven su equipo sea suficientemente amplio como para que ésta sea una cuestión a tener en cuenta.

De momento, lo que sí tenemos es un montón de cámaras de película que han dejado de utilizarse o que en breve pasarán a decorar el fondo de algún cajón. Tal vez nuestras queridas réflex o las piezas más exquisitas sigan acompañándonos por una cuestión laboral o sentimental, pero seguro que hay un montón de sencillas y humildes compactas cuya esperanza de vida no es demasiado amplia.

Y es en este punto donde se agradecen las buenas ideas. Por ejemplo, la que han tenido en la Fundación Photographic Social Vision. Conscientes de esta situación provocada por el cambio tecnológico en el mundo de la fotografía han presentado el proyecto Punt de Vista.

La Fundación Photographic Social Vision recoge cámaras de película en desuso y las reutiliza con colectivos que no tienen acceso al mundo de la fotografía

Se trata de recoger todas estas cámaras de película en desuso y reutilizarlas con colectivos que normalmente no tienen acceso al mundo de la fotografía, para darles a conocer el lenguaje y las herramientas que les permitirán aprovechar las posibilidades comunicativas del medio.

Una ocasión que no sólo sirve para abrir nuevas perspectivas a estos colectivos, sino que también permite a los espectadores contemplar la realidad desde ese punto de vista que siempre obviamos: el de los propios protagonistas.

La primera experiencia ha sido con personas mayores. Gracias a estas cámaras y a la colaboración de muchos profesionales se han podido organizar talleres, cursos de fotografía y exposiciones con las fotografías que han ido sacando.

En Barcelona ya hay instalados un buen número de puntos de recogida para estas cámaras de película. En lugar de abandonarlas en algún contenedor o que se llenen de polvo en algún rincón olvidado, lo mejor será rescatarlas de este destino tan poco prometedor y darles la oportunidad de empezar una nueva vida.


Iker Morán es profesor de Fotografía digital en la Universitat Autònoma de Barcelona.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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