Opinión

Cartier-Bresson y Avedon, dos genios para el 2004

 
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ENE 2005

Cada vez que toca estrenar año, resulta inevitable dar un repaso a los doce meses que han terminado. Es una tradición casi tan arraigada de estas fechas, como el turrón, el cava o todos esos propósitos que casi nunca cumplimos.

Mientras las televisiones programan sus resúmenes sobre lo que ha dado de sí el 2004 y los periódicos hacen lo propio en cuadernillos y anuarios, desde el mundo fotográfico también podemos empezar el año con este interesante ejercicio de memoria. Nunca viene mal.

Dediquemos estas primeras líneas de 2005 a dos figuras clave de la historia de la Fotografía que nos dejaron durante el pasado año: Cartier-Bresson y Avedon

Lo complicado es cómo plantearlo. Porque si nos dejamos llevar por la inercia del mercado, puede que al final acabemos definiendo el 2004 como el año de los 8 ó de los 7 megapíxeles, o de las 500 nuevas compactas, o de las SLR digitales de consumo...

Todo ello muy cierto e ilustrativo, pero, la verdad, un tanto frío para estas fechas tan entrañables. Ya hemos tenido y tendremos tiempo de sobra en los meses que hay por delante para dedicarnos a los entresijos de las cámaras y sus píxeles.

Cartier-Bresson supo captar como nadie ese instante crucial de cada imagen, incluso en las situaciones más cotidianas

Por eso, creo que será mejor dedicar estas primeras líneas de 2005 a dos de las figuras más importantes de la historia de la Fotografía que nos dejaron durante el pasado año: Henri Cartier-Bresson y Richard Avedon, dos genios indiscutibles que, en sus respectivas especialidades y estilos, elevaron la fotografía a lo más alto.

Poco se puede decir de la biografía de Henri Cartier-Bresson (1908-2004) que no sea de sobra conocido por los amantes de la fotografía. Fundó, junto a otros grandes maestros como Capa, Seymour y Rodger la agencia Magnum y, con ella, el fotoperiodismo moderno.

Sus inseparables Leica fueron testigo de la Segunda Guerra Mundial, de la Resistencia francesa, de la guerra civil en China, de los personajes más destacados del Siglo XX... y él nos dejó algunas de las imágenes más conocidas de la historia contemporánea.

Posar para Avedon era parte del guión de la fama

Su característico modo de retratar la vida le llevó a ser conocido como "el fotógrafo del momento decisivo". Supo captar como nadie ese instante crucial de cada imagen, incluso en las situaciones más cotidianas. Su técnica y estilo se veían reafirmados por esa manía suya de no reencuadrar las imágenes. Una suerte de purismo por el que se negaba a tocar el encuadre de los negativos, y que aún hoy algunos defienden.

Richard Avedon (1923-2004) ha sido uno de los fotógrafos más influyentes. Sus imágenes en Vogue o The New Yorker son una referencia obligada para conocer el desarrollo de la moda y la vida social de toda una época. Posar para él era parte del guión de la fama.

Junto a esta glamourosa carrera, también desarrolló trabajos más personales, como el conocido "In the American West", que hace un par de años visitó Barcelona en una magnífica exposición organizada por la Fundació La Caixa: una serie de espectaculares retratos con los más variopintos personajes del oeste americano que nos dejaron literalmente boquiabiertos.

Deberíamos reflexionar sobre la excesiva importancia que a diario concedemos a las herramientas, en detrimento de quienes consiguen dominarlas con maestría

Esta dosis -por duplicado- de buena fotografía para empezar el año, además de rendir homenaje a sus autores, también nos puede servir para reflexionar sobre la importancia, quizás excesiva, que a diario concedemos a las herramientas, en detrimento de quienes consiguen dominarlas con maestría. Me explico.

Imagínense que están en medio de la exposición de Avedon. De repente, aparece por allí alguien preocupadísimo por saber si aquello era paso universal, "diapo", placas o un móvil de última generación. Una bonita forma de romper el encanto, ¿verdad? O aquel otro que ante la imagen de un niño con dos botellas de vino en la Rue Mouffetard de Bresson, empiece a escudriñar la fotografía para demostrar que, efectivamente, la película de paso universal de aquella época generaba grano en las copias.

Entiendo, comparto e incluso padezco tan morbosa curiosidad. Pero hay imágenes ante las que uno no puede permitirse ciertas licencias. Después de todo, confío en que nadie crea que Cartier-Bresson o Richard Avedon hubieran sido mejores o peores fotógrafos si entre sus manos hubieran tenido otra cámara o si les hubiera tocado vivir en plena época digital.

Conceder a la tecnología -sea el obturador de una Leica o los millones de píxeles de un sensor- más importancia de la que merece le hace un flaco favor a la fotografía y resta mérito a su verdadero autor. Y es que, aunque a veces lo obviemos, detrás de cada foto hay mucho más que una cámara.

No olvidarlo nunca tal vez sea un buen propósito para el 2005.


Iker Morán es profesor de Fotografía digital en la Universitat Autònoma de Barcelona.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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