Crónica
PHOTOKINA 2004: CRóNICA

Photokina is different

 
29
SEP 2004
Iker Morán   |  Colonia

"¿Vas a Photokina?", me preguntan mientras desayuno. No me cuestiono por qué resulta tan evidente, si aún no llevo la acreditación, pero respondo con un "Ja" muy poco germano. El tranvía es una buena forma de integrarse un poco en la ciudad y conocerla, aunque sólo sea de paso. Además, el transporte público es gratuito para todos los visitantes de la Feria.

Pregunto por la mejor línea y parada para llegar hasta allí y resulta que depende de la zona que vayas a visitar es mejor una u otra. Incluso allí mismo hay un autobús que puede llevarte de una parte a otra, me cuentan.

El que avisa no es traidor, dicen, así que entre lo que se pudo ver el lunes de la feria a medio montar y estos comentarios, uno ya puede hacerse una idea de las dimensiones de Photokina. Pero como buen chicarrón del norte curtido en mil ferias fotográficas, hay que llegar dispuesto a dar mucho trabajo a los compañeros de la redacción de QUESABESDE.COM y a recorrerse todos los stands antes de la hora de comer.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Seguro que se puede. Pero a la carrera y con una brújula. Si lo que se quiere es ver realmente la feria, es más recomendable dosificar y planificar bien la visita para poder descubrir toda la información que cabe en catorce pabellones, con sus divisiones y sus tres plantas en algunos puntos.

Con este estreno, la imagen de feria fotográfica que uno tiene -sacada de lo visto en las dos que se celebran en nuestro país- se desvanece nada más cruzar las puertas de acceso, abiertas a las diez de la mañana con exquisita puntualidad y con todos los detalles en su sitio, pese a que el día anterior todo parecía aún a medio montar.

Pero la importancia y magnitud de Photokina no es sólo una cuestión de extensión. El despliegue de medios que realizan todos los expositores -desde las grandes marcas de toda la vida hasta las recién incorporadas, pasando por centenares de pequeños establecimiento que pelean por su ración de protagonismo- es espectacular.

Una prueba irrefutable del buen momento que vive el mercado fotográfico; en gran parte, gracias a la fotografía digital. La nueva tecnología ha revitalizado y se ha convertido en el motor de empuje de un sector que en los últimos años sufría un cierto estancamiento tecnológico por las cotas de calidad casi inmejorables a las que había llegado la fotografía química.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Así que Photokina se convierte en el mejor escaparate para todas estas marcas. Y está claro que no escatiman en medios ni en recursos económicos. Y despliegan todo su potencial de publicidad y marketing, capaz de seducir a visitantes y prensa.

Pero la fiesta de la fotografía termina a las seis de la tarde. Y es que estamos en Alemania, y eso se nota. En la milimétrica organización; en el número de bicicletas que circulan y que duermen solas en la calle con un solo candado; en el frío que ya se ha instalado dispuesto a pasar el invierno; en la cantidad de bemeuves, audis y new beetles que se gastan por estas carreteras; en las papeleras para reciclaje dispuestas por todas partes. Y en los horarios de Photokina.

Pero antes de hacer ningún chiste tópico, es mejor reflexionar un poco. A las seis estamos demasiado cansados para seguir viendo o enseñando más cámaras. En el tranvía de vuelta, parece que mucha gente también ha terminado su trabajo por hoy. Con esos horarios que nos suenan tan raros, igual hasta tienen eso que se llama tiempo libre y vida social. Y no, los bares no cierran a las siete de la tarde y es posible cenar sin ningún problema a las once de la noche. Lo juro.

Por eso, decido ahorrarme los comentarios mediterráneos. Sobre todo, cuando recorres las calles comerciales entre Neumarkt y Heumarkt -algunas tiendas cierran a las ocho- y descubres que los precios tampoco están mucho más caros que al otro lado de los Pirineos.

Y se te queda esa cara de tonto al recordar los salarios medios de este país. Así que a ver si toman buena nota unos cuantos por estas costas. Seguro que con más tiempo y algo más de dinero, nos pasaríamos el día sacando fotos y comprando cámaras. Y todos contentos.

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