Opinión

La vuelta al "cole"

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SEP 2004

El frenético ritmo digital instalado en el mundo de la fotografía ha hecho de ella una amante celosa y despechada. Así que apagas el ordenador, desconectas un mes y te vas de vacaciones, a la vuelta no es que se haya ido con otro, es que ni siquiera sabes dónde está.

Por eso, a la diversión que de por sí conlleva la vuelta al "cole" también hay que añadir una buena dosis de resignación cuando descubres, nada más volver a sentarte en tu mesa, que la flamante Canon EOS 10D que aún estás pagando está a punto de pasarle el relevo a una tal 20D. Y te tomas un café y te consuelas repitiéndote que sólo son 2 megapíxeles más... aunque seguro que baja de precio y es mucho más rápida con esos 9 puntos de enfoque y las ráfagas a 5 fps. En fin, cosas que pasan.

El otoño llega, en efecto, repleto de novedades. La rumoreada Nikon D2X ya está aquí, y Canon responde con una impresionante EOS-1Ds Mark II que, con tanto megapíxel, produce vértigo. Olympus insinúa novedades en la serie E, Konica Minolta le pone nombre a su réflex y todo el mundo habla de la nueva SLR de bajo coste de Pentax o de la S3 de Fuji.

Todo ello sin olvidar la cantidad de nuevas cámaras compactas que renovarán los escaparates y cuyos nombres, sinceramente, me veo incapaz de enumerar aquí mismo de carrerilla. Pero nos da igual; somos insaciables. Tanto es así que aún rebuscamos entre foros y noticias a ver si nos topamos con alguna que otra novedad impactante antes de que Photokina abra sus puertas la próxima semana.

Es mejor tomárselo con calma. Por eso, en lugar de obsesionarse con lo que ahora se nos viene encima -para eso ya habrá tiempo de sobra- dicen que es una buena receta contra la depresión dedicar unos minutos a recordar los kilómetros recorridos en las vacaciones. Una buena terapia que, además, también tiene su vertiente fotográfica, porque esta época del año es un excelente escaparate para tomarle el pulso al mercado. No hay nada como pasar unos días rodeado de turistas, guiris y viajeros para intuir lo que se vende, lo que no y los cambios que se avecinan, más allá de lo que diga la teoría o lo que se anuncie en las ferias.

No es algo intencionado, lo prometo, pero estoy seguro de no ser el único que padece esta curiosa obsesión. Estás -por poner un ejemplo y presumir de vacaciones- en el puerto de Tarifa, viendo las costas de África al otro lado del Estrecho. Y entonces, justo al lado, alguien desenfunda su cámara. Comienzas a mirar disimuladamente, y no paras hasta descubrir marca, modelo y resolución. Si estás inspirado, puede que también dediques, para tus adentros, alguna crítica constructiva o envidiosa a la dichosa cámara.

La parte positiva de esta enfermedad -deformación profesional le llaman- es que a la vuelta puedes hacer sesudas reflexiones. Incluso auténticas perogrulladas, como decir que el mercado de consumo es digital y que las cámaras compactas de película están en claro peligro de extinción. Para hacerse una idea de la delicada situación basta con contar la cantidad de personas a las que, antes de sacar la foto en cuestión, vemos encuadrando con el visor de la cámara pegado al ojo.

Las pantallas LCD se han hecho fuertes en este terreno. Así que cuando nos crucemos a alguien que no encuadra con la cámara a dos palmos de la cara seguramente se trate de un fotógrafo que ande justo de pilas y haya tenido la suerte de contar con una cámara digital de esas que tienen visor óptico (¡no es una leyenda urbana! ¡algunas lo tienen e incluso se puede utilizar sin peligro para la salud!).

La otra posibilidad -que sea una cámara de película- conduce cada vez con más frecuencia a un penoso ritual: dos décimas de segundo después de sacar la foto el familiar o amigo desaprensivo de turno se le acercará para ver el resultado y pondrá cara de circunstancias (decepción, curiosidad, tristeza...) al descubrir que, en lugar de pantalla, el arcaico artilugio lleva algo así como una trampilla que se abre y donde se coloca el carrete. ¿El qué?

Nada nuevo, ¿verdad? Lo que sí es noticia es encontrarse con un buen número de cámaras réflex digitales. Todavía son minoría, claro, pero las Canon EOS-300D y las Nikon D70 ya se han hecho un hueco entre los aficionados a la fotografía, y todo apunta a que, durante este curso, las marcas van a cuidar con mucho mimo este segmento. Después de todo, los grandes titulares siguen reservados para el mundo de los objetivos intercambiables y las compactas tienen que hacer verdaderos malabarismos de calidad o diseño para destacar entre la decena de cámaras que se presentan a diario.

Puede que sorprenda esta manía de algunos aficionados por pasarse las vacaciones cargados con una pesada bolsa llena de objetivos y flashes. Pero, en realidad, tampoco esto es nada nuevo. El mercado fotográfico digital, según va madurando y estabilizándose, imita cada vez más al tradicional, aunque con sus peculiaridades y ritmos particulares. Los fabricantes saben que hay quienes buscan cámaras de bolsillo, otros que sólo quieren un zoom muy potente, quienes prefieren las prestaciones avanzadas o los menos exigentes que buscan soluciones más asequibles.

Y luego están los pesados de la bolsa. Y los estudiantes y los que dan sus primeros pasos en el mundo profesional... Sólo que ahora nos hemos digitalizado. Pero eso es un detalle sin importancia. Nos siguen gustando los angulares o ese 50 mm f1,4 que tenemos desde hace tiempo; o enfocar manualmente; o trabajar con sensibilidades altas cuando escasea la luz. O sacar fotos de acción sin enfadarnos con la cámara porque el obturador va a su ritmo, aunque nos dejemos el dedo apretando el disparador. Los hay que incluso creen que 6 MP pueden ser mejor que 8 y que el tamaño (del sensor; perdón por el chiste fácil) sí que importa.

Todos ellos, gracias a las nuevas réflex digitales y a cambio de 1000 módicos euros, han recuperado el lugar que les había sido arrebatado durante los primeros años de la revolución digital (a no ser que contaran con mucha paciencia y, sobre todo, con una generosa cuenta corriente).

El debate entre compactas y SLR digitales va a continuar siendo uno de los más candentes. Como con todo, las ventajas y los inconvenientes variarán mucho según el color del cristal con que se miren. No obstante, y pese a que la fotografía digital es un terreno poco abonado para las afirmaciones rotundas, apetece empezar el curso con una de esas afirmaciones que, pese a ser irrebatibles, siempre generan polémica.

Y es que, a día de hoy, se puede asegurar, alto y claro, que la mejor de las compactas digitales no alcanza la calidad de imagen de la peor de las SLR. A partir de ahí, que cada cual determine sus necesidades, preferencias y que haga números. O que juzgue el resultado mientras repasa las fotos del último viaje.

Así, aunque ya se nos haya pasado el tiempo de los lápices y los cuadernos nuevos que daban cierto encanto a la vuelta al "cole", podemos hacer más soportable este otoño recién estrenado confeccionando el álbum de las vacaciones. En la pantalla del ordenador, por supuesto.


Iker Morán es profesor de Fotografía digital en la Universitat Autònoma de Barcelona.

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