Opinión

Cincuenta funciones, sesenta funciones... o hasta cien

 
2
AGO 2004

Cada pocos días veo, bien en los foros, bien en un correo electrónico, una consulta sobre la cámara tal o la cámara cual. En ocasiones, los comentarios son del tipo: "Me gusta, pero no tiene..." No tiene un súper-zoom, no tiene salida de vídeo, no graba sonido, no graba vídeos VGA, no tiene zapata para flash...

Y me resulta muy curioso, pues salvo unos pocos -muy pocos- nadie usa esas funciones "adicionales". ¿Para qué una cámara de 5 megapíxeles, si luego no nos queda dinero para tarjetas grandes y tiramos a 3 megapíxeles? ¿Para qué la salida de vídeo, si luego no vemos ni una foto en la tele?

De un tiempo a esta parte, nos embarga la filosofía del burro grande (ande o no ande) pero extrapolada al píxel. En otras palabras: cuantas más funciones (y más megapíxeles), mejor. Es hora de que los usuarios hagan -hagamos- una pausa y reflexionen sobre sus propias necesidades. Nadie tenía compactas manuales de carrete, y no pasaba nada; nadie tenía compactas con zapata para flash, y no pasaba nada; nadie tenía cámaras de fotos que grabasen vídeo (¡faltaría más!), y no pasaba nada...

En aquel entonces, todo era mucho más barato, es cierto, y tal vez por esta razón nos daba igual que nuestra compacta de 3000 pesetas enfocase al infinito o a tres metros, o que su "ráfaga" fuese de una foto por... ¿tres segundos?

El problema de hoy día, me parece, es que nos hemos empecinado en justificar el gran desembolso que supone una cámara digital más o menos decente. Y como en muchas ocasiones no podemos hacerlo sólo con el sensor, pues de otras cosas tenemos que tirar. Y esas cosas son, en efecto, las cincuenta funciones de más que exigimos.

Seamos razonables: el simple hecho de que podamos tenerlo no significa que tengamos que tenerlo. Pagar 300 euros por una cámara es un robo, eso lo sabemos todos (o casi todos) pero no es óbice para cargar las tintas contra tal o cual equipo con el argumento de "por ese precio tendría que traer fax y teletransportador".

Mucho nos queda por recorrer hasta el día en que los usuarios paguen un precio razonable por cámaras compactas digitales. El mercado nos ha acostumbrado a que una cámara de gama media cueste, como mínimo, unos 250 euros. Nosotros lo aceptamos antaño, y dicho el primer sí, ya podemos patalear todo lo que queramos, que nos vamos a tener que aguantar.

Patalear por hacer algo, porque insisto en que ese discurso del "déme, déme, déme" está de más en este mundo tan convulso de la fotografía digital. ¿Que nos sentimos menos estafados si nuestra cámara graba vídeo? De acuerdo. ¿Que creemos que hemos hecho una buena compra si nuestra cámara trae salida de tele? De acuerdo, también. Lo que no me vale es que nos autoengañemos pensando que hemos pagado un precio razonable por unas funciones extras. No.

Hemos pagado un precio que es abusivo, pero para que nos callemos los fabricantes nos meten un caramelito en forma de "zoom digital", y nosotros picamos.

No nos hace falta más zoom, ni más megapíxeles, ni vídeo, ni zapata, ni disparo por infrarrojos, ni nada de eso. Pero los fabricantes han logrado que nosotros mismos creamos que sí lo necesitamos.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar